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Evangelio de Nicodemo 17: Descenso de Cristo al Infierno

Creada09-06-2013
Modificada28-07-2015
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Noviembre2

El Evangelio de Nicodemo

XVII Descenso de Cristo al Infierno (Descensus Christi ad Inferos)
Nuevas y sensacionales declaraciones de José de Arimatea

  1. Y José, levantándose, dijo a Anás y a Caifás:
    — Razón tenéis para admiraros, al saber que Jesús ha sido visto resucitado y ascendiendo al empíreo*. Pero aún os sorprenderéis más de que no sólo haya resucitado, sino de que haya sacado del sepulcro a muchos otros muertos, a quienes gran número de personas han visto en Jerusalén.
  2. »Y escuchadme ahora, porque todos sabemos que aquel bienaventurado Gran Sacerdote, que se llamó Simeón, recibió en sus manos, en el templo, a Jesús niño. Y Simeón tuvo dos hijos, hermanos de padre y de madre, y todos hemos presenciado su fallecimiento y asistido a su entierro. Pues id a ver sus tumbas, y las hallaréis abiertas, porque los hijos de Simeón se hallan en la villa de Arimatea, viviendo en oración. A veces se oyen sus gritos, mas no hablan a nadie, y permanecen silenciosos como muertos. Vayamos hacia ellos, y tratémoslos con la mayor amabilidad. Y, si con suave insistencia los interrogamos, quizá nos hablen del misterio de la resurrección de Jesús.
  3. A cuyas palabras todos se regocijaron, y Anás, Caifás, Nicodemo, José y Gamaliel, yendo a los sepulcros, no encontraron a los muertos, pero, yendo a Arimatea, los encontraron arrodillados allí.
  4. Y los abrazaron con sumo respeto y en el temor de Dios, y los condujeron a la Sinagoga de Jerusalén.
  5. Y, no bien las puertas se cerraron, tomaron el libro santo, lo pusieron en sus manos, y los conjuraron por el Dios Adonaí, Señor de Israel, que ha hablado por la Ley y por los profetas, diciendo:
    — Si sabéis quién es el que os ha resucitado de entre los muertos, decidnos cómo habéis sido resucitados.
  6. Al oír esta adjuración*, Carino y Leucio sintieron estremecerse sus cuerpos, y, temblorosos y emocionados, gimieron desde el fondo de su corazón.
  7. Y, mirando al cielo, hicieron con su dedo la señal de la cruz sobre su lengua.
  8. Y, en seguida, hablaron, diciendo:
    — Dadnos resmas de papel, a fin de que escribamos lo que hemos visto y oído.
  9. Y, habiéndoselas dado, se sentaron, y cada uno de ellos escribió lo que sigue.
 

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