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Los soldados atestiguan la resurrección de Jesús

Creada09-06-2013
Modificada28-07-2015
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Agosto2

El Evangelio de Nicodemo

XIII Los soldados atestiguan la resurrección de Jesús. Temor de los judíos, al saberlo

  1. Y, mientras ellos no salían de su asombro, uno de los soldados a quienes habían encomendado la guardia del sepulcro entró en la Sinagoga y dijo:
    — Cuando vigilábamos la tumba de Jesús, la tierra tembló y hemos visto a un ángel de Dios, que quitó la piedra del sepulcro y que se sentó sobre ella. Y su semblante brillaba como el relámpago y sus vestidos eran blancos como la nieve. Y nosotros quedamos como muertos de espanto. Y oímos al ángel que decía a las mujeres que habían ido al sepulcro de Jesús: "No temáis. Sé que buscáis a Jesús el crucificado, el cual resucitó, como lo había predicho. Venid, y ved el lugar en que había sido colocado, y apresuraos a avisar a sus discípulos que ha resurgido de entre los muertos, y que va delante de vosotros a Galilea, donde lo veréis".
  2. Y los judíos, convocando a todos los soldados que habían puesto para guardar a Jesús, les preguntaron:
    — ¿Qué mujeres fueron aquellas a quienes el ángel habló? ¿Por qué no os habéis apoderado de ellas?
  3. Replicaron los soldados:
    — No sabemos qué mujeres eran, y quedamos como difuntos, por el mucho temor que nos inspiró el ángel. ¿Cómo, en estas condiciones, habríamos podido apoderarnos de dichas mujeres?
  4. Los judíos exclamaron:
    — ¡Por la vida del Señor, que no os creemos!
    Y los soldados respondieron a los judíos:
    — Habéis visto a Jesús hacer milagros, y no habéis creído en él. ¿Cómo creeríais en nuestras palabras? Con razón juráis por la vida del Señor, pues vive el Señor a quien encerrasteis en el sepulcro. Hemos sabido que habéis encarcelado en un calabozo, cuya puerta habéis sellado, a ese José que embalsamó el cuerpo de Jesús, y que, cuando fuisteis a buscarlo, no lo encontrasteis. Devolvednos a José, a quien aprisionasteis, y os devolveremos a Jesús, cuyo sepulcro hemos guardado.
  5. Los judíos dijeron:
    — Devolvednos a Jesús y os devolveremos a José, porque éste se halla en la ciudad de Arimatea.
    Mas los soldados contestaron:
    — Si José está en Arimatea, Jesús está en Galilea, puesto que así lo anunció a las mujeres el ángel.
  6. Oído lo cual, los judíos se sintieron poseídos de temor y se dijeron entre sí:
    — Cuando el pueblo escuche estos discursos, todos en Jesús creerán.
  7. Y reunieron una gruesa suma de dinero, que entregaron a los soldados, advirtiéndoles:
    — Decid que, mientras dormíais, llegaron los discípulos de Jesús al sepulcro y robaron su cuerpo. Y, si el gobernador Pilatos se entera de ello, lo apaciguaremos en vuestro favor y no seréis inquietados.
  8. Y los soldados, tomando el dinero, dijeron lo que los judíos les habían recomendado.
 

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