Ciencia y Futuro

Bienvenidos a MasLibertad

Torrejón de Ardoz

Areas de Ciencias

Ciencia y Futuro

Los Orígenes de Todo

Vida y Evolución

Los Umbrales de la Vida

La Probabilidad de la Vida en la Galaxia

Elegir el Sexo de los Hijos

La Evolución del Ojo

¿Por qué Morimos?

La Evolución Social

El Cambio Climático de la Tierra

Física y Relatividad

La Energía

La Energía Nuclear y el Accidente de Chernobil

Ciudades en el Espacio

Teoría de La Gran Onda y el Omniverso

Lansi: Idioma Universal

Vida Natural

Utilidades y Herramientas

Documentales y Libros

Áreas de Religión

Economía y Política

La Última Página

Datos de Usuario

AnónimoEntrar

Datos de Pagina

Un método para aumentar las probabilidades de tener un niño o una niña, según deseemos

Creada24-04-2009
Modificada09-08-2015
Total Visitas22722
Diciembre41
Noviembre90
Octubre100
Septiembre90
Media Mensual113

Cómo Elegir el Sexo de los Hijos

Tenía catorce años, tres hermanas mayores que yo y era el único varón de mis padres, cuando un día un tío mío me contó la historia de mi nacimiento.

Por lo visto mi padre quería tener hijos, por supuesto, y se llevó la inmensa alegría de tener una hija. Después fue a por el varoncito y volvió a tener otra hija. Volvió a intentarlo, y de nuevo se vio bendecido con el nacimiento de otra preciosa niña.

Otro tío mío, vaquero pero no del Oeste, a quien no tuve el gusto de conocer, le dijo un día:

-¿Quieres tener un hijo?. Es muy fácil, haz lo que hago yo con las vacas.

Un año después nací yo, haciendo inmensamente feliz a mi padre.
Hasta que crecí, claro.

Este método lo conocí, como digo, a los catorce años, pero durante mucho tiempo pensé que era una superstición más de las muchas que se cuentan en los pueblos.

Por aquella epoca estaba muy interesado en todos los temas que atañen a la sexualidad y a la fisiología de las mujeres, aunque lamento decir que mi interés no era muy científico, que digamos, y no tuve interés en confirmar esa historia, por más, que no se me ocurría a quién de mi familia podía preguntar una cosa tan delicada.

Años después conocí algunos datos que me llamaron la atención y me puse a investigar por si existiera la posibilidad de que aquel viejo cuento que me contaron pudiera tener una base científica.

Y, sorprendido, comprobé que sí, habia una explicación científica para corroborar la veracidad de aquella vieja superstición. Con el tiempo llegué a comprender cómo funcionaba el sistema e incluso descubrí algunas formas de optimizar el método que empleaba mi tío para elegir el sexo de las terneras o novillos que quisiera conseguir.

En este artículo expongo cómo se puede, no elegir de forma garantizada, pero sí aumentar las probabilidades de tener un hijo del sexo que deseemos.

La Concepción Humana

Desde el punto de vista sexual y reproductivo, los humanos funcionamos de forma muy parecida a los demás grandes mamíferos. El macho de la especie debe introducir su pene en la vagina de la hembra y eyacular en el interior. Una vez el esperma penetra en la matriz, asciende por las trompas y si allí encuentra un óvulo, los espermatozoides intentan atravesar su piel y llegar hasta el núcleo. El primer espermatozoide que lo consiga combinará sus cromosomas con los del óvulo dando lugar a un nuevo ser vivo.

Si el óvulo no es fecundado, muere y un par de semanas después es expulsado de la matriz en medio de una pequeña cantidad de sangre, lo que se conoce como la regla o menstruación.

En la mayoría de las especies animales, las hembras, en el momento de ser fértiles emiten unas feromonas que, en forma de olor, alcanza a los machos de su especie y los incita a realizar la cópula.

La especie humana es, que yo sepa, la única en la que el celo de la hembra pasa casi desapercibido conscientemente (aunque inconscientemente está comprobado que... Pero bueno, eso es tema para otro artículo. Mejor, sigamos con el tema que nos ocupa), de ahí que, para compensar, la Naturaleza nos ha asignado una situación de celo casi permanente. La mujer ovula una vez al mes pero las cópulas de una pareja se producen de forma tan frecuente como se lo pida el cuerpo, osea, su fisiología.

Pero aunque el celo y la ovulación de la mujer son casi imperceptibles para un observador casual, hay indicios y métodos para conocer de forma bastante exacta cuándo se produce la ovulación.

El primero es observar el primer día de la menstruación. Como el proceso ovulatorio de la mujer suele ser bastante regular, el fin y la expulsión de un óvulo permite calcular que el siguiente óvulo se producirá con bastante precisión catorce días más tarde, así que podemos contar los días transcurridos desde el primer día de la menstruación para saber que, con bastante probabilidad, la ovulación se producirá el día 14, aunque esto puede variar de unas mujeres a otras, por lo que es conveniente confirmarlo.

También se puede seguir el método de la temperatura, tomar todas las mañanas la temperatura basal. El día que se produce la ovulación la temperatura basal suele ser medio grado más elevada que lo habitual.

Por cualquiera de estos dos métodos, si queremos tener un hijo y nos da igual el sexo, lo más seguro es realizar la cópula el día catorce y alrededores del ciclo menstrual, y, si no queremos tener un hijo, debemos evitar esa fecha y, al menos, cinco o seis días antes y después de la ovulación.

No obstante, para los que no deseen tener hijos, es conveniente que utilicen, no uno sino dos métodos de prevención, pues por muy regular que sea el ciclo de una mujer siempre pueden producirse sorpresas, y este método, conocido como el Método Ogino, es de los que más hijos inesperados ha traído al mundo.

Cómo se hace un niño

Cromosomas HumanosLas personas tenemos, en el interior de cada una de nuestras células (bueno, de casi todas), un núcleo y en su interior hay 46 cromosomas.

Un tipo específico de células, destinadas a la reproducción, contienen sólo la mitad de esos cromosomas, 23.

Los óvulos de las mujeres y los espermatozoides de los hombres contienen sólo 23 cromosomas, y al combinarse se vuelven a reunir los 46 que darán lugar al embrión de un nuevo niño.

Los 46 cromosomas de una persona se presentan en pares, es decir, no es que tengamos 46 cromosomas totalmente distintos entre sí, sino que tenemos 23 pares de cromosomas. Cada cromosoma de un mismo par tienen similares tamaño, forma y funciones, pero distinta codificación genética. De hecho, de los cromosomas de distintos pares, no hay ninguno que sea igual o se pueda confundir con otro.

Además, de cada par de cromosomas, uno lo hemos heredado de nuestro padre y el otro de nuestra madre.

La codificación de los genes de un mismo par es distinta, pero su función es la misma. Por ejemplo, la característica específica de que una persona tenga los ojos azules puede estar codificada en una posición determinada en el par-cromosoma 7. Dependiendo de los códigos contenidos en esa posición de ambos cromosomas del par 7, la persona tendrá o no los ojos azules.

Otras posiciones determinarán otras características, como el color del pelo, la estatura, la constitución, el ancho de los pómulos, el tono de la piel, la longitud de los dedos, la forma de las uñas, etc. La mayoría de las características que nos hace únicos suelen estar distribuidas en varias posiciones de distintos cromosomas, e incluso hay características que se heredan de forma conjunta. (De una forma misteriosa, parece ser que la diferencia de tamaño de los dedos anular e índice está relacionada con la capacidad artística de una persona. Probablemente porque ambas características se encuentren codificadas en los mismos pares de cromosomas)

Y lo que hace que un embrión se convierta en niño o niña se encuentra codificado en el par de cromosomas 23.

Cromosoma XYHay dos variedades del cromosoma 23, y este es el único par de cromosomas en el que ambos cromosomas del mismo par tienen distinta forma. Una variedad tiene forma de X y la otra tiene forma de Y.

Si los dos cromosomas del par 23 tienen forma de X, el embrión se desarrollará como una niña.

Si un cromosoma del par 23 tiene forma de X y el otro de Y, el embrión se desarrollará como un niño.

No hay casos en los que haya dos cromosomas Y en el par 23 (ya se verá por qué).

Es decir, todas las mujeres tienen dos cromosomas XX en el par 23 y todos los hombres tienen un par XY.

Esto tiene una consecuencia inesperada. Como los dos cromosomas de cada par tienen la misma función, aunque distinta codificación, si una característica genética es errónea o perjudicial, sus efectos pueden verse corregidos por su cromosoma parejo. Un cromosoma defectuoso o con una característica perjudicial, puede ser corregido por su pareja sana.

En el caso de las mujeres, TODOS los cromosomas tienen una pareja y por consiguiente, si hay un gen defectuoso sus efectos sólo serán evidentes si su par también es defectuoso, de ahí que sea conveniente evitar matrimonios entre parientes cercanos, pues la probabilidad de tener el mismo defecto en ambos cromosomas del par es demasiado elevada y puede producir defectos fisiológicos graves.

Sin embargo, en un varón, el cromosoma X, si tiene algún defecto, no se ve corregido por un gen homólogo de su par, por lo que el índice de defectos genéticos, malformaciones o subnormalidad es mayor entre los hombres que entre las mujeres.

¡No eran figuraciones mías, las mujeres son más perfectas que los hombres!

Aunque no tanto, solo un uno o un dos por ciento. Que no se les suba a la cabeza.

Tanta perfección es imposible codificarla en un solo cromosoma, por eso las instrucciones para construir una mujer se encuentran repartidas entre el cromosoma X y todos los demás cromosomas del núcleo de la célula de una forma que, a grandes rasgos, es la siguiente:

En los cromosomas del 1 al 22 y el 23X se encuentran codificadas las instrucciones para convertir un embrión en una niña. En ellos también se codifica lo que habría que hacer para producir un niño, pero estas instruciones se encuentran enmascaradas, inactivas, y solo se activarán si se producen dos hechos: Primero, que exista el cromosoma Y. Este cromosoma actúa como un interruptor que activa los genes 'masculinos' que hay repartidos por los demás cromosomas. Y segundo, en determinados momentos del desarrollo (fetal, infantil y adolescente) el cromosoma Y provocará una intensa producción de testosterona, una hormona que, al estar presente en grandes cantidades en el torrente sanguíneo, causará que, en todos los órganos del cuerpo, se activen los genes que completarán la diferenciación sexual de hombres y mujeres.

Una vez completada esta diferenciación, llega la edad reproductiva, tan deseada por los que la experimentan y tan temida por sus padres.

En la edad reproductiva los varones fabrican espermatozoides y las hembras óvulos, siguiendo dos estrategias diferentes. Los hombres fabricamos espermatozoides en grandes cantidades, en miles de millones, emitiendo aproximadamente 200 millones en cada eyaculación. Como cada espermatozoide se compone con medio par de cada uno de los pares de cromosomas, existen 2²³ (2 elevado a 23), es decir, unos ocho millones de combinaciones distintas. Esto significa que, de los 200 MM de espermatozoides de una eyaculación normal habrá 25 de cada una de las ocho millones de combinaciones posibles. Y como un hombre tiene un par 23 XY, la mitad de los espermatozoides tendrán una X y la otra mitad una Y.

Las mujeres, en cambio, en su adolescencia fabrican unos cien mil óvulos, que son los que va a tener durante toda su vida, los almacena en sus ovarios y cada mes activa uno y lo pone en situación de ser fecundado. Y como su par 23 está compuesto de dos cromosomas X, todos sus óvulos serán X.

A la hora de producirse la fecundación, un óvulo, siempre X, se combinará con un espermatozoide (50% X, 50% Y), dando lugar a una combinación XX (niña) o XY (niño).

Por si alguno se lo pregunta todavía, para conseguir una combinación YY haría falta que un hombre XY se reproduzca con otro hombre XY, con cuatro resultados posibles: XX Niña, XY Niño, YX Niño, YY Ni... se sabe.

Es decir, en contra de lo que desde tiempos bíblicos se ha pensado, la culpa del sexo de los hijos recae en el padre, no en la madre.

Si no hubiera diferencias entre los cromosomas X e Y de los espermatozoides, la probabilidad de que sea un X o Y el que llegue a fecundar el óvulo sería la misma, pero hay diferencias.

Viva la Diferencia

Los cromosomas Y son más pequeños que los X, así que los espermatozoides Y pesan menos que los X.

Esta diferencia es aprovechada en las clínicas de fertilidad haciendo pasar esperma por una centrifugadora. Los espermatozoides Y quedarán en la superficie y los X en el fondo del recipiente, pudiéndose de esa forma elegir el sexo de los hijos eligiendo espermatozoides de la superficie o del fondo del envase (como siempre, sin seguridad absoluta ni garantía de devolución).

Por métodos naturales hay otro procedimiento, que es el que utilizaba mi tío.

Los espermatozoides Y, quizás por su menor peso o quizás por otras características biológicas, son más rápidos, sus colas se agitan con más rapidez y son más fuertes a la hora de atravesar la piel del óvulo. Y también, quizás por su mayor despliegue energético, mueren antes.

Es decir, en una eyaculación hay 100 MM de X y 100 MM de Y, pero nada más salir de la fábrica, los espermatozoides empiezan a morir, al principio en porcentajes muy pequeños, uno o dos días más tarde en grandísimas cantidades, hasta que, al cabo de cuatro o cinco días han muerto casi todos los espermatozoides.

Pero los espermatozoides Y mueren antes, es decir que unos tres días después de la cópula pueden quedar unos diez o veinte millones de Y, mientras que aún quedan 50 o 60 MM de X. Y aunque la cantidad de espermatozoides viables irá descendiendo con cada vez más rapidez, la proporción de cromosomas X seguirá aumentando hasta que, cuando apenas queden 10 MM de espermatozoides viables, casi todos serán X.

Es decir, si se produce la cópula con espermatozoides recién fabricados y los espermatozoides encuentran inmediatamente un óvulo, lo más probable es que éste sea fecundado por un espermatozoide Y, con el resultado de que el embrión que se forme será un niño.

Pero si al llegar a la trompa los espermatozoides no encuentran un óvulo, se quedarán allí esperando, y conforme pasen los días irán muriendo los Y, aumentando el porcentaje de X y si en ese momento, tres o cuatro días después, se produce la ovulación, será el óvulo el que llegue a un esperma en el que casi todos los espermatozoides serán X, y por tanto lo mas probable será que nazca una niña.

Es decir, que la estrategia para tener un niño es realizar la cópula inmediatamente después de la ovulación, y la estrategia para tener una niña es hacerlo tres o cuatro días antes de la ovulación.

No obstante hay que tener también en cuenta el tiempo transcurrido entre la fabricación y el uso de los espermatozoides. Si un varón eyacula todos lo días, los espermatozoides de cada eyaculación estarán recién fabricados y tendrán un porcentaje 50% de X e Y. Pero si el varón deja pasar cinco días entre la fabricación y la eyaculación, el porcentaje de X será mayor que el de Y, aumentando la probabilidad de tener una niña. La verdad es que los espermatozoides dentro de la vesícula seminal no sufren un deterioro tan acusado como dentro de la matriz femenina, por lo que podrían durar más tiempo, pero, por otro lado, en la vesícula seminal el esperma se va renovando aún sin ser usado, por lo que ahorrar durante más de cinco días no aporta apenas beneficios a nuestra inversión.

La Estrategia Reproductiva

Teniendo en cuenta la incertidumbre de todos los factores que influyen en este proceso recomiendo lo siguiente:

Durante tres meses evitar la cópula desde los días 9 al 20 del ciclo menstrual. Si no se puede evitar, en esas fechas usar un preservativo. Durante esos meses tomar la temperatura basal para intentar comprobar exactamente la fecha de la ovulación y la regularidad.

Una vez conocida con la máxima exactitud posible la fecha más probable de la ovulación, hay que procurar mantener la calma. Un cambio brusco, mudanzas, peleas, tensiones, accidentes o estrés pueden alterar el ciclo de la mujer y desbaratar nuestros meditados y milimétricamente calculados planes.

Después viene la estrategia de la fecundación.

Si queremos tener un NIÑO, el varón debe eyacular todos los días para asegurarse de que sus espermatozoides estén siempre recién fabricados. Sea cual sea el método que use para ello, es importante que si va a realizar la cópula utilice siempre un preservativo HASTA TRES DIAS DESPUES de la ovulación, momento en el que realizará la cópula sin preservativo.

Si lo que queremos es tener una NIÑA, el varón debe abstenerse de eyacular durante cuatro o cinco días y realizar un único disparo CINCO DIAS ANTES de la ovulación. Si al día siguiente desean repetir, o se ven obligados a ello, úsese preservativo hasta el final del período fértil.

Si se ha producido el embarazo, enhorabuena. Si no, al mes siguiente se vuelve a intentar pero acortando las distancias a dos días después para un niño o cuatro días antes para una niña, y así sucesivamente. (Si lo que queremos es un niño, no realizar nunca la cópula antes de la ovulación).

Con este sistema no hay garantías, es decir, que no me mandéis los fallos del sistema.

Lo único que hacemos es aumentar las probabilidades, pero, si ayudamos de este modo a la suerte, a muchas personas puede bastarles con esto.

Espero que este método os sirva y que disfruteis intentándolo.

Con mis mejores deseos:
®Juan Polaino 24-4-2009

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

Aviso Legal

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.

Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.

Si lo desea, puede Ampliar Información

Aceptar Cookies

Bienvenidos a MasLibertad | ¿Quién soy yo? | Cartas al Autor | Aviso Legal sobre Cookies