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Los más crueles y sádicos de los faraones de Egipto

Creada14-02-2017
Modificada17-05-2017
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Reseña del Documental Las Reglas de Egipto de la serie El Vicio en Egipto

Las Reglas de Egipto

Los faraones eran considerados dioses y tenían un poder absoluto sobre sus súbditos. Ese poder les llevaba a menudo a los mayores extremos de corrupción.

Poder Absoluto

El faraón Pepi II fue legendario por los extremos de crueldad que demostró a lo largo de su reinado. Éste duró más de 90 años y conforme pasaba el tiempo su crueldad era cada vez mayor.

Una leyenda dice que no le gustaba que las moscas se posaran en él, y para evitarlo hacía que a su alrededor hubiera esclavos a los que cubría con miel para que las moscas se posaran en ellos.

En una expedición al África subsahariana, los exploradores narraron que habían encontrado un pueblo de pigmeos y Pepi II requirió que le trajeran una mujer pigmea con el único fin de que bailara ante él.

La Batalla de Kadesh

Ramsés II construyó el templo de Abu Simbel, con 69 estatuas suyas y en las paredes narró algunos de los hitos más importantes de su reinado.

Uno de estos hitos fue La Batalla de Kadesh, en la que se enfrentó con el imperio hitita en la batalla de carros más importante de la antigüedad. Se calcula que se enfrentaron más de 6.000 carros.

En los muros de Abu Simbel se afirma que Ramsés II estuvo en primera línea de batalla y llevó a su ejército a la victoria. Lo cual es mentira. Los hititas vencieron en la batalla, pero al regresar a Egipto Ramsés contó que había aplastado a los hititas.

El Faraón Hereje

Akenatón también era muy soberbio y, celoso del poder de los sacerdotes sobre el pueblo, decidió acabar con la religión imperante en los 2.000 años anteriores. Creó una nueva religión en la que sólo existía un único dios, Atón, representado por el disco solar, cambió su propio nombre e hizo construir una nueva capital de Egipto: Aketatón.

Los cambios sociales fueron tan radicales que la sociedad egipcia tuvo muchas dificultades para aceptarlos y a su muerte, su hijo y heredero de 9 años, Tutankamón, restauró la antigua religión deshaciendo la obra de su padre.

Puede que Akenatón fuera el más demente de los faraones, pero nunca mató a ninguno de sus súbditos.

Sirvientes de Ultratumba

Hace 5.000 años, antes de que se construyeran las pirámides, Egipto se convirtió en un país unificado, lo cual dio al faraón Dyer (2.870-2.832 aC) un poder ilimitado.

Queriendo disfrutar en su otra vida de todos los privilegios que había tenido en ésta, hizo que cientos de sus sirvientes fueran ejecutados para acompañarle y servirle en su peligroso viaje. Junto a su tumba se encontraron 587 cadáveres, muertos todos al mismo tiempo sin heridas aparentes, por lo que se supone que pudieron morir envenenados. Pero ¿fueron a la muerte de forma voluntaria? ¿Fueron obligados o engañados con promesas de una vida eterna? Nadie lo sabe con seguridad.

Los Faraones más Sádicos

Amenofis II heredó el trono en 1.425 aC, en una época en la que el imperio Asirio se estaba expandiendo y le había arrebatado tierras que habían estado controladas por Egipto.

Para recuperar esas tierras Amenofis armó su ejército y se enfrentó a los asirios en una cruenta batalla en la que él mismo participó en primera línea de batalla. Las armas habituales de los egipcios en aquella época eran el hacha y la maza. La preferida de Amenofis era la maza y literalmente aplastó el cráneo de numerosos de sus enemigos.

Los soldados vencidos fueron mutilados y siete príncipes enemigos fueron asesinados y exhibidos en los muros del templo de Karnak, en cuyas paredes se grabaron sus hazañas como advertencia a todo aquél que se atreviera a desafiar el poder de Egipto.

Doscientos años más tarde, Ramsés III (1187-1157 aC) también demostró un enorme grado de crueldad en sus batallas. A los soldados vencidos les cortaba las manos y los castraba. Y no a unos cuantos, sino a 12.000.

Pero aunque Ramsés III dirigía su sadismo contra pueblos enemigos, otros faraones lo dirigían contra su propio pueblo.

Seti I disfrutaba mutilando a sus propios sirvientes y súbditos, cortando la nariz o las orejas a aquellos que cometieran la menor infracción, pero no les cortaba las manos, para que siguieran sirviéndole. Durante su reinado el pueblo estaba aterrorizado.

La Última Dinastía de Egipto

Mil años más tarde, la dinastía de los Ptolomeos (305-30 aC) también destacó por su crueldad y sadismo, esta vez dirigido contra los miembros de sus propias familias. El más infame de ellos fue Ptolomeo IV, cuya vida disoluta y depravada le llevó a disfrutar de todos los vicios, sexo, incesto y alcohol. Para conseguir y conservar el poder no dudó en matar a su tío y ordenó que su hermano muriera escaldado. Incluso ordenó asesinar a su propia madre por haber apoyado a su hermano.

Consiguió conservar el poder durante 16 años, pero ocupado en defenderse de las conspiraciones internas descuidó el gobierno de los países tributarios y Egipto perdió poder e influencia.

Berenice IV también fue miembro del clan ptolemaico. Se aseguró el trono al  casarse con el príncipe Seleuco de Siria, y una vez dejó de serle útil, apenas unos días después de la boda, hizo que lo mataran. Pero su reinado fue breve. Su padre, que había estado en el exilio, regresó a Egipto e hizo que le cortaran la cabeza.

Gran parte de los miembros de la familia ptolemaica murió de forma violenta, y el incesto era muy habitual, no sólo entre hermanos, sino entre padres e hijas o abuelos y nietas. La mayoría de los ptolomeos fueron fruto del incesto.

Ptolomeo VIII, apodado Panza por su gula, se casó con su hermana, tuvieron un hijo y compitieron por el poder. Él perdió y fue enviado al exilio, así que en venganza hizo que lo asesinaran. Los restos de su hijo descuartizado los envió en un paquete a su esposa y hermana.

Pero a pesar de haber matado a su hijo, su dinastía no acabó, pues tenía otros dos hijos con una sobrina.

El miembro más famoso y conocido de la familia de los ptolomeos fue Cleopatra (51-30 aC). Llegó al poder con 17 años y de inmediato comprendió cómo debía actuar para conservarlo.

Obligada a casarse con su hermano Ptolomeo XIV, compartió con él el trono durante un breve período, hasta que ordenó que lo envenenaran. Pero desde fuera de Egipto había un peligro aún mayor para su reinado.

Roma estaba expandiéndose por el Mediterráneo y bajo el mando de Julio César había puesto sus miras en el rico imperio egipcio.

Egipto no tenía un ejército capaz de resistir el poderío militar de Roma, y Cleopatra decidió usar otras armas más eficaces. Hizo que la envolvieran en una alfombra enrollada que llevaron al dormitorio de César y al extenderla apareció ella, casi desnuda y completamente seductora. Ni siquiera César pudo resistir la fuerza de esas armas.

Y cuando Julio César fue asesinado por una conspiración interna hizo lo mismo con el mujeriego general Marco Antonio, legado de Roma para las provincias orientales, con el que mantuvo una larga relación de la que tuvo dos hijos. Pero al optar por Marco Antonio se había predispuesto en contra del emperador Octavio Augusto, el cual viajó a Egipto para acabar con ambos.

Marco Antonio se suicidó clavándose su propia espada y muriendo en los brazos de Cleopatra. Y ella, no queriendo afrontar la muerte o la humillación de ser exhibida como prisionera de Roma, se suicidó, según dicen, mordida por un áspid.

Ver Ficha de Las Reglas de Egipto de la serie El Vicio en Egipto

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