Los Evangelios Apócrifos

Bienvenidos a MasLibertad

Torrejón de Ardoz

Areas de Ciencias

Documentales y Libros

Áreas de Religión

Las Religiones de Adán

La Biblia Apócrifa

Los Evangelios Apócrifos

Historia de los Evangelios

Evangelios Gnósticos

Apócrifos de la Infancia

Protoevangelio de Santiago

Evangelio Griego de Tomás Israelita

Evangelio Latino de Tomás Israelita

Evangelio Árabe de la Infancia

Evangelio Armenio de la Infancia

La Natividad de María

Evangelio de Pseudo-Mateo

Historia Copta de José el Carpintero

Historia Árabe de José el Carpintero

Preliminar y I

II a IV

V a X

XI a XIII

XIV a XVI

XVII y XVIII

XIX y XX

XXI a XXIII

XXIV a XXVII

XXVIII y XXIX

XXX a XXXII

Apócrifos de la Pasión

Fragmentos y Citas

Los Manuscritos del Mar Muerto

Historia del Cristianismo

Ideario de Religión

Economía y Política

La Última Página

Datos de Usuario

AnónimoEntrar
IP54.234.228.78

Datos de Pagina

Evangelio Árabe de José. XXX Duda de los apóstoles XXXI Ley universal de la muerte XXXII Anuncio de los tiempos últimos

Creada12-06-2013
Modificada17-07-2013
Total Visitas65
Diciembre1

Historia Árabe de José, el Carpintero

XXX Duda de los apóstoles

Y nosotros, los apóstoles, después de haber oído a nuestro Salvador, nos regocijamos, y lo adoramos, diciendo:

— ¡Oh Salvador nuestro, concédenos tu gracia! Acabamos de oír la palabra de vida, pero nos sorprende que, habiéndose dado a Enoch y a Elías el don de no morir, y de habitar hasta ahora en la mansión de los justos, sin que sus cuerpos sufran corrupción, al anciano José, el carpintero, tu padre carnal, de quien nos has dicho que refiramos su tránsito al otro mundo, cuando prediquemos el Evangelio a los pueblos; que le dediquemos cada año un día de fiesta santificada; que incurriremos en falta, si ponemos o quitamos la menor tilde a tu narración; y que, el día de tu nacimiento en Bethlehem, te llamó hijo suyo: nos sorprende, repetimos, que a tan sublime varón no lo hayas hecho inmortal como a aquellos otros dos, afirmando, como afirmas, que era un justo y un elegido, al mismo tenor que ellos.

XXXI Ley universal de la muerte

Mas nuestro Señor repuso:

— La profecía de mi Padre se cumplió en Adán por su desobediencia. Y la voluntad de mi Padre se realiza en cuanto le place.

»Ahora bien: cuando el hombre desatiende el mandato de Dios y sigue las obras de Satanás, cometiendo pecado, si su vida se prolonga, es con la esperanza de que se arrepienta, y aprenda que debe caer en las garras de la muerte. Y, si se prolonga la vida de un hombre bueno, los hechos de su vejez se hacen notorios y los demás hombres buenos los imitan.

»Si veis un hombre irascible, sabed que sus días serán abreviados. Con relación a aquellos que son llevados en lo mejor de sus días, todas las profecías de mi Padre dominan a los hijos de los hombres hasta que se cumplen puntualmente. Y, en lo que concierne a Enoch y a Elías, como viven hasta ahora en el cuerpo en que nacieron, y como, por otra parte, mi padre José no ha quedado como ellos conservando cuerpo, yo os contesto que el hombre, aunque viva miríadas de años, debe morir.

»Y yo os digo, hermanos míos, que aquéllos, al fin de los tiempos, al llegar el día de la conmoción, la turbación y la angustia, vendrán al mundo y morirán. Porque el Anticristo matará a los cuatro hombres y verterá su sangre como un vaso de agua, a causa de la vergüenza que le causaron, cubriéndolos públicamente de confusión.

XXXII Anuncio de los tiempos últimos

Y dijimos:

— ¡Oh Señor, nuestro Salvador y nuestro Dios! ¿Y quiénes son esos cuatro que habéis dicho que el Anticristo matará por sus reproches?

Y dijo el Salvador:

— Son Enoch, Elías, Sila y Tabitha.

Y, cuando hubimos oído este discurso del Salvador, nos regocijamos, nos exaltamos, y dirigimos todas nuestras alabanzas y todas nuestras acciones de gracias a nuestro Señor, a nuestro Dios y a nuestro Salvador Jesucristo, aquel a quien convienen la gloria, el honor, la dominación, la potencia y la alabanza, y con él a su Padre supremamente bueno y al Espíritu Santo vivificador, ahora y en todos los tiempos y por los siglos de los siglos.

Amén.

Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco

 

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

Aviso Legal

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.

Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.

Si lo desea, puede Ampliar Información

Aceptar Cookies

Bienvenidos a MasLibertad | ¿Quién soy yo? | Cartas al Autor | Aviso Legal sobre Cookies