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La Lanza de Longinos que atravesó el costado de Jesús cuando estaba en la cruz.

Creada02-03-2015
Modificada23-05-2017
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Mayo4

Reseña del Documental Hitler y la Lanza del Destino de la serie Mitos y Leyendas

Hitler y la Lanza del Destino

Documental de la serie Mitos y Leyendas producido el año 2.012, en el que se narra la historia de la Lanza de Longinos, que supuestamente atravesó el costado de Jesús cuando estaba en la cruz.

El Sacro Imperio Romano Germánico

Hitler accedió al poder en 1.933 contando con el apoyo de menos de la mitad de la población alemana.

En aquella época Alemania estaba dividida en condados autónomos con distintos intereses pero todos muy afectados por las represalias económicas muy negativas de la derrota de la I Guerra Mundial y agravada por la crisis mundial del 29.

Hitler se propuso unificar Alemania y resucitar el Sacro Imperio Romano Germánico, creado por Carlomagno en el año 800 y que durante casi mil años dominó el continente europeo, desde el Báltico al Mediterráneo.

Para conseguir que el pueblo adoptara ese sueño reunió gran cantidad de objetos históricos, símbolos imperiales que evocaran un intenso fervor patrio y que le otorgaran el prestigio necesario para ser adorado por las masas.

La Lanza de Longinos

Según las leyendas, Longinos era un centurión romano de la guardia de Pilatos que, debido a su edad y a padecer cataratas que reducían su visión, fue destinado a supervisar las crucifixiones en el Monte del Calvario.

Cuando Jesús fue crucificado, para comprobar si había muerto le clavó la lanza en el costado. La sangre derramada cayó sobre sus ojos y al limpiarse se curaron sus cataratas y tuvo la visión de la divinidad de Jesús.

Longinos se convirtió inmediatamente al Cristianismo y la historia de la lanza se convirtió en leyenda, hasta que años más tarde fue adquirida por los emperadores romanos y, heredada por sus sucesores, acabó en poder de Carlomagno.

Éste la adoptó como un talismán que llevaba a todas sus batallas y se difundió la leyenda de que, como Carlomagno, quien la poseyera sería invencible.

Cuando el Sacro Imperio Romano Germánico se disolvió en 1.806, la lanza fue llevada por sus herederos, los Habsburgo, a Austria y exhibida en el palacio Hofburg de Viena.

Allí, en 1.908, el joven pintor austriaco Adolf Hitler la vio por primera vez y empezó a codiciarla.

Cuando Hitler invadió Austria, el 12 de Marzo de 1.938, una de las primeras cosas que hizo fue apropiarse de la lanza. Según se cuenta, el mismo día de la invasión había enviado a un oficial de las SS que se encontraba vestido de paisano en la misma sala donde estaban las joyas de la corona. Al recibir la noticia de la invasión se puso el uniforme militar y, armado, hizo guardia junto a las joyas para que nadie las tocara hasta la llegada de sus superiores alemanes.

Dos días después de la invasión, Hitler llegó a Viena, pero esperó al día siguiente, 15 de Marzo, día de San Longino, para acudir al museo y tomar posesión de la lanza.

La trasladó a Nuremberg, la capital del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, y allí escenificó el nacimiento de lo que había de ser el nuevo imperio, el Tercer Reich que había de durar mil años.

Durante los caóticos días del final de la guerra, la lanza desapareció.

La Búsqueda de la Lanza

Walter Horn era un joven alemán que estudiaba historia del arte en la Universidad de Heidelberg, sobre todo la historia del arte del Sacro Imperio Romano Germánico. Se doctoró en 1.933, el mismo año en que Hitler accedió al poder.

Hitler reclutó a numerosos historiadores para formar un grupo de académicos, la Ananaba, que reinterpretaran la historia alemana para justificar la superioridad de la raza aria.

Horn fue obligado a unirse a la Ananaba, pero ya desde sus comienzos se dio cuenta de que lo que se pretendía era mentir sobre la historia para justificar la serie de hechos horrendos que llevaron a la represión y el exterminio de millones de judíos, homosexuales, pacifistas y cualquiera que se opusiera a la barbarie nazi.

No queriendo formar parte de ello, Horn abandonó su ciudad, y a través de Italia y Cuba llegó a USA, donde consiguió nacionalizarse.

Durante la guerra se alistó en el ejército y por su perfecto conocimiento del idioma, en los últimos meses de la guerra le destinaron a Bélgica donde se encargó de interrogar a los prisioneros alemanes.

Un día tuvo que entrevistar a un soldado que le dijo que su trabajo durante la guerra había sido trasladar cajas de armas y municiones, pero tras un rato de amistosa conversación le preguntó si le interesaba la historia del arte. Sorprendido, Horn le dijo que sí, y el soldado le describió cómo hacía algún tiempo le habían mandado a un castillo de su ciudad, Nuremberg donde se encargó de embalar en cajas numerosas joyas, obras de arte y una punta de lanza.

Su padre había trabajado bajo las órdenes de Himmler en la instalación de los sistemas de ventilación de una cámara subterránea bajo el castillo y su madre había sido contratada para visitar las cámaras semanalmente y vigilar que no se produjeran filtraciones de humedad o infestaciones de ratas.

Según la descripción del soldado, las cámaras subterráneas estaban unidas mediante túneles con algunos edificios de la población.

Sabiendo que las tropas americanas estaban próximas a invadir Nuremberg, y temeroso de que en el fragor de la batalla los tesoros pudieran ser dañados, Horn se apresuró a enviar un informe al alto mando del ejército recalcando el valor, no solo monetario sino histórico y simbólico que podía suponer semejante tesoro.

El informe fue leído por el General George S. Patton, quien comprendiendo el valor simbólico de ese tesoro, y para evitar que los nazis lo pudieran conservar para usarlo en una posible futura restauración de un IV Reich, encargó a un comando especial la misión de localizar la cámara y rescatar su contenido.

Nuremberg había recibido un intenso bombardeo en los días previos, y el objetivo de Patton era terminar la toma de la ciudad el 20 de Abril, día del cumpleaños de Hitler.

Por su parte, Hitler había ordenado una resistencia total a la invasión. Las fuerzas defensoras se emboscaron para impedir el avance aliado. Muchos edificios habían sido bombardeados y el comando no encontró las entradas que Horn había dibujado en los mapas. Pero un soldado encontró en un edificio derruido una fisura que comunicaba con un largo túnel. El comando lo siguió hasta una pared de hormigón con una puerta de acero de 30 cm de grosor que se abría con combinación.

Estaban a punto de derribarla con explosivos cuando un civil alemán llegó hasta ellos y les detuvo para que los tesoros no fueran dañados. Abrió la puerta y los soldados encontraron una serie de cámaras subterráneas que habían sido construidas en secreto por Himmler para proteger los tesoros.

Las cámaras tenían sistemas de ventilación, generadores eléctricos y agua corriente, y todo lo necesario para que un grupo de personas pudieran permanecer escondidos durante meses.

El comando aseguró el lugar y cuando Horn lo visitó encontró numerosos tesoros que habían sido robados de diversos museos y colecciones privadas en Europa. Entre ellos, las joyas del Sacro Imperio Romano Germánico. Y entre ellas, la Lanza del Destino.

Un mes más tarde, tras el suicidio de Hitler, la guerra en Europa llegó a su fin.

Muchos de los tesoros y obras de arte incautados fueron devueltos a sus legítimos propietarios, pero Patton se negaba a hacer lo mismo con la Lanza ya que, en su opinión, no era una obra de arte, sino un símbolo bélico del Tercer Reich que había que impedir a toda costa que volviera a caer en manos de los nazis supervivientes. En este sentido tuvo una violenta discusión con el jefe de Estado Mayor, el general Eisenhower.

No se sabe cómo acabó la discusión pero pocos días más tarde Patton murió en un accidente de tráfico al chocar su Jeep con un camión de transporte.

Sin nadie que se opusiera, la lanza fue devuelta a Viena, a la misma sala del museo de donde Hitler la había robado.

La Forja del Mito

La lanza fue examinada recientemente usando las técnicas más modernas. Se hicieron estudios para encontrar rastros de sangre, que no se encontraron. Mediante análisis con Rayos X y fluorescencia se determinó la fecha en la que fue fabricada.

Y la fecha era de los siglos VII ú VIII.

No era la lanza que atravesó el costado de Jesús.

De hecho, lo cierto es que hay otras tres lanzas, o fragmentos de ellas, en Armenia, en Polonia y en el Vaticano, que son veneradas desde muy antiguo como las lanzas que atravesaron el costado de Jesús. Si es cierto o no, no se sabe, pero la Lanza de Viena tiene algo que no tienen las otras: El hecho de que ha acompañado durante más de mil años a la familia imperial del Sacro Imperio Romano Germánico.

Realmente, según la idea de Hitler, no importa lo que una cosa es, sino lo que todo el mundo cree que es.

Ver Ficha de Hitler y la Lanza del Destino de la serie Mitos y Leyendas

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