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Cómo llegamos a adquirir algunas de las características que nos han permitido sobrevivir a las numerosas catástrofes ocurridas en la Tierra

Creada08-09-2014
Modificada19-05-2017
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Noviembre27

Reseña del Documental Cómo hizo la Tierra al Hombre

Cómo hizo la Tierra al Hombre

En este documental del año 2.011 se muestra cómo los sucesivos cambios del entorno obligaron a todas las especies, especialmente las humanas, a adaptarse y volverse a adaptar una y otra vez, adquiriendo capacidades de las que antes carecían.

El pasado de la Tierra se estudia en los estratos geológicos, pero también puede estudiarse en nuestros genes y en todos los órganos que nos componen y que han aparecido a lo largo de toda nuestra evolución.

Cada capítulo de este documental revela una característica de nosotros mismos y nos indica en qué momento apareció.

Cómo la Tierra nos enseñó a Lanzar

Somos los únicos animales que lanzamos objetos a un objetivo. Actualmente es un acto que se usa casi exclusivamente en los deportes, pero en tiempos prehistóricos era una actividad fundamental para la caza y la supervivencia.

Llevamos lanzando objetos desde hace unos 400.000 años. ¿Qué hizo que adquiriéramos esa capacidad, desconocida para los demás animales?

Hace 2'6 Ma (mega·años=Millones de Años), los continentes, en su lento pero continuo movimiento, se desplazan al Norte y las corrientes oceánicas cambian. La Tierra queda sumida en un clima Glacial.

Para los habitantes de África, el frío y el hielo no supusieron un problema. El problema fue la sequía. Gran parte del agua de la Tierra quedó atrapada en los casquetes polares y eso hizo que la parte ecuatorial de la Tierra, libre de hielo, sufriera prolongadas sequías.

Las selvas se convirtieron es praderas, éstas en sabanas, y éstas en desiertos. Los animales escasearon y la caza se hizo más difícil.

Los humanos anteriores cazaban en grupos y ya usaban armas como hachas, cuchillos y lanzas para abatir a sus presas.

No las arrojaban, sino que las usaban para golpear. El primer humano que aprendió a lanzarlas para aumentar su alcance fue imitado por sus congéneres. Es de suponer que sus primeros intentos fueron torpes e imprecisos, pero ese factor se convirtió en un valor de supervivencia y en las siguientes generaciones los que fueran más aptos para lanzar tuvieron más hijos que los menos aptos, hasta que esa capacidad se extendió a toda la población humana.

Cómo la Tierra nos dio el Hipo

El hipo es un espasmo repentino de la epiglotis, una válvula que se cierra repentinamente para cortar la entrada de aire a la garganta.

Hace 400 Ma, nuestros antepasados más evolucionados eran peces que respiraban agua. Las plantas comenzaron a crecer y desarrollarse en la superficie terrestre y los insectos las siguieron. Algún tiempo después aparecieron los primeros animales capaces de respirar aire, incorporando los dos sistemas respiratorios, agallas y pulmones. La epiglotis apareció para usar uno u otro sistema respiratorio según estuviésemos en tierra o en el agua.

En la actualidad ese mecanismo sólo nos sirve para pasar del medio placentario al nacimiento. Después del nacimiento ya no es necesario, pues hemos perdido el sistema respiratorio acuático, pero la evolución nos ha dejado ese mecanismo reflejo, para martirizarnos en algunas inconvenientes ocasiones.

Cómo la Tierra nos dio Brazos

Hace 370 Ma, cuando los primeros animales marinos comenzaron a explorar la tierra firme, apareció el tiktaalik, el primer animal con brazos capaces de incorporarse y elevarse del terreno para explorar y desplazarse.

Todos los descendientes del Tiktaalik, prácticamente todos los vertebrados, han heredado esa estructura.

Otras estructuras, como el líquido del oído interno o el de las rodillas surgieron en la misma época, cuando los primeros animales acuáticos colonizaron los continentes.

Cómo la Tierra dio forma a nuestro oído

Cuando escuchamos sonidos lo hacemos mediante tres huesecillos que tenemos en el oído medio, los tres huesos más pequeños del cuerpo humano, que amplifican las vibraciones del tímpano y las transmiten hacia el oído interno.

Hace 260 Ma, antes de la época de los Dinosaurios, la Tierra está habitada por reptiles primitivos, entre ellos el Dimetrodon. De muchas especies animales que existían en aquella época, en el Dimetrodon los huesos laterales de las mandíbulas se han reducido de tamaño y se han desplazado hacia atrás, sirviendo de transmisores y amplificadores de las vibraciones del aire.

Hace 250 Ma se produjo La Gran Extinción, en la que desapareció en 70% de las especies terrestres y el 95% de las marinas.

Entre los supervivientes están los Dimetrodones, de los cuales evolucionaron posteriormente los dinosaurios y los mamíferos, y gracias a ello tenemos varios de los mecanismos que éstos habían adquirido en su evolución, como el oído, la sangre caliente, los distintos tipos de dientes y otros.

Cómo la Tierra nos dio Carne de Gallina

Este mecanismo lo poseían los animales peludos y aportaba dos ventajas. Cuando hacía frío los pelos se ponían de punta y el aire entre los pelos nos mantenía calientes. Cuando estábamos asustados, el pelo erizado daba a los depredadores la sensación de que éramos más grandes, y eso hacía que algunos depredadores desistieran de atacar.

Ya no tenemos el cuerpo cubierto de pelo, pero donde tenemos vello el mecanismo sigue actuando, lo que nos indica de dónde venimos.

Cómo la Tierra nos hizo despertar sobresaltados

Cuando estamos relajados y a punto de dormirnos, en ocasiones nos despertamos sobresaltados. Es el reflejo Mioclónico.

Hace 15 Ma muchos primates pasaban toda su vida en las ramas de los árboles. Los que estaban en un equilibrio precario y se dormían, caían de las ramas al suelo y sufrían daños en la caída o eran alcanzados por depredadores. Los primates que adquirieron este mecanismo, al relajarse excesivamente notaban una sensación de caída y eso les hacía despertar alertas y listos para agarrarse a cualquier rama e impedir la caída.

Los que no adquirieron este mecanismo acabaron extinguiéndose. Nosotros descendemos de los primates que adquirieron este reflejo y, aunque ya no nos hace falta, seguimos teniéndolo.

Cómo la Tierra relajó nuestras mentes

Todos los humanos disfrutamos de los paisajes abiertos y extensos. Cuando los contemplamos nuestros cerebros producen hormonas que nos relajan y tranquilizan.

Hace 4 Ma los primates vivían en los márgenes entre las praderas y los bosques. Utilizaban el bosque para alimentarse pero preferían descansar en los árboles del margen, donde tenían un amplio paisaje para detectar las amenazas.

Como éste, otros mecanismos naturales sirven para aumentar las posibilidades de supervivencia. La fobia a las Serpientes y Arañas la adquirimos cuando esos animales eran un peligro letal en la selva. El miedo nos hace sudar, y eso vuelve nuestra piel más resbaladiza, aumentando la probabilidad de escapar de un depredador que nos ataque.

Cómo la Tierra hizo que nos encogiéramos

Si hay algo que nos da escalofríos y dentera es el sonido de las uñas en una pizarra.

¿Qué tiene de particular ese sonido que hace que casi todas las personas lo consideren el sonido más desagradable y escalofriante?

De todos los sonidos que se pueden producir en la naturaleza, el sonido más parecido es el grito de un macaco hembra cuando alerta de un peligro a sus crías.

Eso nos revela que el reflejo del escalofrío al oír ese sonido procede de hace 4 Ma, cuando vivíamos en los árboles y en las noches oscuras era el único sistema de alarma para avisarnos del peligro.

Cómo la Tierra nos hizo ver Rostros

Todos los humanos experimentamos la sensación de reconocer rostros en las formas irregulares y aleatorias de la naturaleza, como las nubes, las sombras del bosque, la Luna o los patrones aleatorios de color de la tierra.

Este mecanismo se llama Pareidolia.

Cuando observamos nuestro entorno nuestros ojos captan una imagen que es enviada al cerebro para su reconocimiento. Este proceso es sumamente complejo y aunque nos pueda parecer rápido, casi inmediato, lo cierto es que el cerebro tarda muchas décimas de segundo en reconocer los objetos que vemos.

La Pareidolia nos dota de un mecanismo de emergencia que realiza un preanálisis de la imagen identificando ciertos patrones de formas y colores con más rapidez. Este preanálisis nos puede dar una ventaja de décimas de segundo, suficiente para iniciar una fuga antes de que el cerebro haya llegado a analizar toda la imagen captada. Muchas veces ese preanálisis es erróneo, pero tienen más posibilidades de supervivencia los animales que huyen de un reconocimiento equivocado que los que tardan más tiempo en reconocer el peligro.

Cuando se muestran imágenes a varias personas examinando sus escáneres cerebrales, las imágenes que contienen caras o formas parecidas a caras, activan el cerebro en 170 milisegundos, mucho más rápido que cuando las imágenes no muestran caras.

Cómo la Tierra nos hizo Correr

De todos los primates que hay en la Tierra, el Homo Sapiens es el único que acapara numerosas adaptaciones para correr.

La capacidad de correr del ser humano le permitió, no solo ponerse a salvo de depredadores, sino convertirse él mismo en uno de los más eficientes depredadores de la naturaleza.

Hace 2'6 Ma se inician las glaciaciones periódicas y los bosques de África sufren una sequía prolongada que los va convirtiendo en la Gran Sabana Africana. Los primates tienen que abandonar los árboles y algunos de ellos tienen que adoptar una nueva estrategia en la que correr era imprescindible. Las especies de primates que no se adaptaron a la carrera desaparecieron de la sabana, se extinguieron o quedaron relegados a zonas donde aún hubiera frondosas selvas, pero una de las especies de primates se adaptó a correr y se convirtió en el único primate capaz de sobrevivir en la sabana. Todas las especies de homínidos, incluido el homo sapiens, heredamos esa capacidad.

Cómo la Tierra nos hizo Violentos

Todos los primates tenemos capacidad de experimentar miedo por la supervivencia. En todos los primates ese miedo se convierte en ira, agresividad y violencia.

En todos los primates menos en uno: Los bonobos.

Hace un millón de años, el río Congo constituía una barrera natural en el corazón de África. Al Norte habitaban los chimpancés y los humanos. Al Sur, los bonobos.

Cuando llegaban las glaciaciones se producía una gran sequía en el Norte de África. Al Sur del río Congo los bonobos sobrevivían compartiendo los alimentos, pero al norte existían varias especies de primates compitiendo por un alimento cada vez más escaso.

Para los bonobos, la capacidad de compartir era un valor de supervivencia. Para las especies de primates al Norte del Congo, la única estrategia ventajosa era defenderse con uñas y dientes de las demás especies de primates. Por desgracia, esa capacidad para la violencia se extendió, no solo hacia otras especies sino hacia otras tribus de la misma especie.

Ser los únicos primates al sur del río Congo hizo a los bonobos pacíficos. Ser varias las especies de primates al Norte las obligó a todas a ser violentas.

Los cambios climáticos y de vegetación de África nos dieron en distintos momentos distintas características. Nuestras uñas son antiguas garras que se aplanaron para facilitar nuestra vida en los árboles, y nuestros pies modernos y la postura bípeda la adquirimos cuando los bosques desaparecieron y se convirtieron en sabanas.

Cómo la Tierra nos dio el Déjà Vu

En algunas ocasiones, los humanos experimentamos la sensación de que algo cotidiano y sin importancia que estamos viviendo lo hemos vivido antes. Incluso nos parece estarlo recordando, aunque la mayoría de las veces sabemos fehacientemente que es imposible, que nunca hemos vivido esa misma experiencia.

Hace 2 Ma los humanos estamos recuperándonos de una era glacial y nuestro cerebro se expande de forma extraordinaria, aumentando de tamaño hasta casi triplicarse. La parte del cerebro que más crece es el Neocortex, que incluye el lóbulo temporal.

El lóbulo temporal está dividido entre los dos hemisferios y procesa la información recibida de nuestro entorno, pero no es un mecanismo perfecto y a veces se producen fallos que provocan pequeños espasmos mioeléctricos.

En su versión más benigna esos espasmos producen sensaciones alteradas como el Déjà vu (del francés: Ya Visto). En los casos más graves pueden producirse ataques epilépticos.

Las personas que sufren ataques epilépticos a menudo experimentan una sensación de Déjà Vu justo antes del ataque.

Este factor no da un valor de supervivencia, al contrario, supone una desventaja, y da la impresión de que la Selección Natural debería haberlo eliminado, pero el hecho de que el cerebro humano evolucionara tanto en un período tan breve hizo que muchos factores, unos ventajosos y otros desventajosos, se incorporaran al mecanismo del funcionamiento del cerebro.

Todos esos factores venían en el mismo paquete, y la suma de todos ellos proporcionaba un valor de supervivencia muy elevado, que superaba las desventajas que incorporaba.

Así, los fallos también se incorporaron a nuestro bagaje genético.

Cómo la Tierra nos dio Nuestros Instintos

Cuando nuestro cerebro creció hace 1 Ma, comenzamos a utilizar el razonamiento para evaluar las situaciones y elegir distintas posibilidades de acción, pero en un mundo tan peligroso, en muchas ocasiones no hay tiempo para razonar. Es preferible actuar de inmediato que esperar a que nuestro cerebro evalúe todas las variables.

El cerebro incorporó una serie de reacciones preprogramadas con el fin de ejecutar acciones inmediatas, fuera del alcance del razonamiento. Como esas reacciones muchas veces se producían sin un razonamiento previo, los humanos inventamos el concepto de intuición y de instinto para explicar lo que no tenía explicación.

Cuando el razonamiento no sirve de nada, o podría retrasar una reacción necesaria, casi siempre es preferible actuar que no hacer nada. Las posibilidades de supervivencia son mayores.

Cómo la Tierra nos dio el Asco

Hay tres reacciones instintivas que son universales: El Miedo, la Ira y el Asco. Estas reacciones fueron preprogramadas en nuestro cerebro mucho antes de que evolucionara para adquirir la capacidad de razonamiento.

El Asco nos impulsa a evitar y rechazar determinados olores y formas que en el pasado evolutivo han acompañado a determinados peligros para nuestra supervivencia, por regla general infecciones y enfermedades.

La visión o el olor de determinados estímulos nos hace cerrar y taparnos la boca, fruncir los ojos, encoger la nariz y alejarnos, acciones todas que tienden a alejarnos del foco de una posible infección.

Es un mecanismo de defensa instintivo contra los microbios, desarrollado en una época en que aún no sabíamos que existían los microbios.

Cómo la Tierra nos hace Copular

La Tierra ha sufrido frecuentes catástrofes y en muchas de ellas se produce un efecto curioso.

Inmediatamente después de una catástrofe se produce un número inusual de nacimientos, como si la catástrofe incitara a las mujeres ya embarazadas a adelantar los partos que debieran haberse producido en las semanas siguientes.

Pero también, nueve meses después de la catástrofe, aumenta de nuevo el número de nacimientos, lo que indica que las mujeres embarazadas adelantan sus partos y las que no lo están aumentan sus relaciones sexuales con lo que aumenta el número de embarazos.

No lo hacen conscientemente, pero en algún momento dado apareció una mutación genética que hizo que las personas que sufren graves traumas y estres tuvieran también una líbido más excitable.

Cada vez que se producía una catástrofe, las personas que tuvieran ese gen practicaban el sexo con más frecuencia y eso hacía que tuvieran más hijos que los que no tenían el gen.

Tras muchas miles de generaciones, ese gen se ha incorporado a toda la población humana y, cada vez que se produce una catástrofe que mata a gran parte de la población, los supervivientes inician en seguida la tarea de recuperar la población anterior.

Cómo la Tierra reescribió nuestro ADN

Hace 74.000 años se produjo la erupción del supervolcán Toba, en Sumatra. Aunque mucho menor que las Grandes Extinciones Masivas, fue la mayor sufrida por el Homo Sapiens y estuvo a punto de acabar con la humanidad.

Nosotros descendemos de los escasos dos mil humanos que sobrevivieron en todo el planeta.

Antes de la catástrofe había millones de humanos en todo el planeta que habían evolucionado de formas divergentes incorporando en sus genes numerosas variaciones y mutaciones.

Tras la erupción del Toba la mayor parte de todas esas variaciones desaparecieron. En los cromosomas de toda la Humanidad actual incorporamos los genes de unos pocos miles de personas de hace 74.000 años, más las pocas nuevas mutaciones que se han ido incorporando desde entonces, pero eso significa que el 99'9% de nuestros genes son similares en todas las personas actuales.

Es una homogeneidad que no se da en ninguna otra especie animal, las moscas, por ejemplo, tienen una variabilidad genética diez veces mayor.

Cómo la Tierra Hizo al Hombre

Hace 4'5 Giga·años se forma la Tierra en una bola de magma estéril e incandescente, pero en un Giga·año la Tierra se enfría, se forman los océanos y aparecen los primeros microbios, bacterias y células.

En los siguientes 3 Ga la Tierra soporta numerosas catástrofes. La vida sigue siendo unicelular.

Hace poco más de 500 Ma, una atmósfera rica en oxígeno permite la aparición de organismos pluricelulares. Aparecen los diseños básicos y la casi infinita variabilidad de todas las especies animales.

Hace 370 Ma los peces primitivos desarrollan extremidades, pulmones y epiglotis, y empiezan a caminar por la tierra.

Hace 250 Ma somos animales parecidos a lagartos que conseguimos sobrevivir a La Gran Extinción. Piezas de nuestra mandíbula se transforman en los huesos del oído interno.

Hace 65 Ma somos pequeños mamíferos parecidos a ratas que apenas sobreviven al meteorito que acabó con los Dinosaurios. El pelo, las uñas y la carne de gallina los hemos heredado de esos antepasados.

Evolucionamos hasta convertirnos en primates arborícolas, pero la desaparición de los bosques nos obliga a desplazarnos con rapidez por la sabana y convertirnos en corredores, depredadores capaces de usar armas y lanzarlas.

Nuestro cerebro experimenta un crecimiento explosivo en el que adquirimos la capacidad de razonamiento, pero fijando también errores de funcionamiento como el Déjà Vu.

Hace 250.000 nuestros cuerpos toman el aspecto humano que tenemos hoy en día, pero nuestra mente sigue evolucionando.

Hace 150.000 años salimos de África y empezamos a extendernos por el planeta.

Hace 74.000 años, un supervolcán elimina a casi toda especie humana haciendo que toda la humanidad actual descienda de apenas dos mil escasos supervivientes.

Nosotros somos los descendientes de los supervivientes de cada una de esas catástrofes, y tenemos las características que hemos heredado de todos ellos y que les permitieron sobrevivir.

En mi opinión

Uno de los mejores documentales que he visto últimamente, sin duda imprescindible para comprender mejor cómo funciona la evolución y cómo nuestra existencia ha dependido de las sucesivas catástrofes que ha padecido nuestro planeta.

Quiero indicar que la catástrofe del Toba dejó en la Tierra, según este documental, apenas dos mil seres humanos vivos, una estimación muy inferior a la de otros documentales (Ver Fuego y Hielo).

Por último, aunque el documental lo explica bastante bien, quiero recalcar un hecho que a mucha gente le pasa desapercibido.

Los cambios del entorno no provocan cambios evolutivos. Los cambios evolutivos se producen siempre, son cambios aleatorios que van en todas direcciones, la mayoría son perjudiciales y algunos pocos son ventajosos, pero incluso los ventajosos tienen pocas probabilidades de extenderse a toda la especie si ésta vive en un entorno estable.

Cuando se produce un cambio del entorno catastrófico, lo que hace es matar, eliminar, seleccionar para la extinción a todos los miembros de una especie que no sean capaces de soportar ese cambio. Si todos los miembros de la especie son iguales, todos morirán. Pero si dentro de la misma especie hay varias subpoblaciones con variedades genéticas, algunas de esas subpoblaciones serán las que sobrevivan y se adapten mejor a las nuevas condiciones reinantes, y unas cien generaciones más tarde toda la población de esa especie serán descendientes de los pocos supervivientes y tendrán las características genéticas que les permitan sobrevivir.

Y no sólo sobrevivir, los cambios del entorno hacen que sobrevivan mejor las especies con más variabilidad genética, aquellas capaces de adaptarse con mayor rapidez a los cambios del entorno.

Y, por supuesto, el ejemplo de la evolución de los huesos del oído interno también resulta muy esclarecedor sobre el mecanismo de la evolución.

Antes de la época del Dimetrodon muchos animales tenían un maxilar inferior con siete huesos. Ya había animales que captaban sonidos a través de un tímpano, pero no existía la cámara de resonancia del oído medio.

En un Dimetrodón se produjo una mutación particular que redujo el tamaño de los tres huesos laterales del maxilar y los desplazó hacia atrás, haciéndolos entrar en contacto con el oído.

Por puro azar, la cercanía de esos huesos al oído mejoró la resonancia de la membrana auricular y resultó ser una ventaja evolutiva tremenda, tanto que los Dimetrodones que adquirieron esa característica fueron más capaces de sobrevivir y tuvieron más descendientes.

En muy pocas generaciones, esa variación se hizo característica de toda la especie. Las sucesivas mutaciones que supusieran ventajas y mejoras se fueron añadiendo poco a poco hasta que al final el oído medio quedó configurado como en la actualidad, con los tres huesos que antes formaban parte del maxilar inferior convertidos en el estribo, el martillo y el yunque, y actuando como un extraordinario amplificador de sonidos.

Cuando se produjo La Gran Extinción, los que tenían oídos más ineficientes se extinguieron. Nosotros descendemos de los supervivientes, y hemos heredado las características que a ellos les permitieron sobrevivir.

Ver Ficha de Cómo hizo la Tierra al Hombre

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