Ciudades en el Espacio

Bienvenidos a MasLibertad

El Coronavirus COVID-19

Torrejón de Ardoz

Areas de Ciencias

Ciencia y Futuro

Ciudades en el Espacio

El Origen de la Idea

Los Motivos

El Problema de la Energía

Tipos de Energia

Fuentes de Energía Alternativa

La Casa de Campo

Energía para las Ciudades

Energía Solar desde el Espacio

Espejos en el Cielo, Persianas en el Sol

Los Medios Técnicos

Fases de Construcción

Construir Ciudades en el Espacio

El Futuro de la Humanidad

Ciudades del Espacio, de Gerard K. O'Neill

Teoría de La Gran Onda

Lansi: Idioma Universal

Vida Natural

Utilidades y Herramientas

Documentales y Libros

Áreas de Religión

Economía y Política

La Última Página

Datos de Usuario

AnónimoEntrar
IP3.233.229.90

Datos de Pagina

El Consumo Energético de la Humanidad, desde su origen hasta la actualidad se ha incrementado en un factor de millones, y seguirá haciéndolo en el futuro.

Creada03-07-1999
Modificada29-09-2015
Total Visitas1048
Julio5

El Problema de la Energía

Todos los seres vivos, para sobrevivir, deben consumir energía. En el caso de los animales, la energía la dan las reacciones químicas de los alimentos que toman.

También las plantas usan la energía solar para producir las moléculas complejas que necesitan para la vida.

Siempre se trata de captar y consumir energía, y no se puede consumir más energía de la que se capta, a no ser que se disponga de un almacén de reservas de energía. Los animales, por ejemplo, al captar más energía de la que necesitan la almacenan en células grasas y, en las épocas de escasez pueden sobrevivir mientras esas reservas no se agoten.

El Hombre es el único animal que capta y consume mucha más energía de la que necesita su organismo, y lo hace con fines que muchas veces no tienen nada que ver con la alimentación.

Desde que por primera vez descubrió que el calor de una hoguera le ayudaba a sobrevivir durante el invierno, ha venido consumiendo cada vez más energía.

En principio aprendió a usar la energía del fuego, lo que le sirvió para aumentar sus posibilidades de supervivencia durante el invierno.

Más adelante aprendió a usar la energía de otros animales para el transporte, lo que le dio una mayor movilidad territorial aumentando, sin apenas esfuerzo, sus terrenos de caza.

Si la unidad de medida de la energía fuese la cantidad de energía que consume un hombre al cabo de un año, el hombre prehistórico consumiría una unidad energética al año, tras el descubrimiento del fuego consumiría diez o doce unidades energéticas al año y con la posesión de un caballo alcanzaría las veinte unidades energéticas al año.

Durante siglos, la Humanidad se mantuvo en un consumo más o menos estable, unas veinte o treinta unidades energéticas al año, y ya que no tenía medios para producir más energía aprendió a usarla de formas más eficientes.

Hasta que empezó a inventar máquinas. Con los primeros molinos de viento o de agua comenzó a usar otras fuentes energéticas cada vez más productivas que le hicieron dar un nuevo salto en la escala del consumo de energía.

Todos estos saltos no afectaban a todos por igual, un zapatero apenas consumiría diez o quince unidades al año, mientras que un alfarero, con su horno, podría consumir cincuenta. Un agricultor con una mula consumiría treinta unidades, un molinero, simplemente con la energía del viento que haría moler el grano, consumiría cientos.

A principios del siglo XVIII el consumo energético medio podía ser de unas sesenta u ochenta unidades.

Hasta que se inventó la máquina de vapor.

Gracias a la máquina de vapor se puede realizar mucho más trabajo, lo que redunda en beneficio de la Humanidad pero por supuesto, para hacer funcionar las máquinas de vapor hacía falta consumir mucha más energía en forma de leña o carbón.

Nadie puede negar los beneficios de la revolución industrial, gracias a ella muchos productos se fabricaron en serie y bajaron sus precios con lo que pudieron ser adquiridos por gente que en tiempos anteriores jamás hubieran soñado con ello.

También los medios de locomoción industriales llevaron muchos productos a lugares donde antes no hubiera sido rentable.

Los países industrializados se cubrieron con una red de líneas férreas que unieron los centros de extracción del carbón con los centros de producción, y éstos con los centros de consumo. El consumo fue tan ingente que en cuestión de pocos años el aire de algunas ciudades junto a las que se construyeron fábricas llegó a hacerse irrespirable. No importaba, era el progreso.

Con el descubrimiento de la electricidad el carbón se usó también para que el vapor de agua moviera unas turbinas dentro de una dinamo produciendo energía eléctrica.

En menos de un siglo desde el inicio de la revolución industrial, el consumo energético se disparó hasta alcanzar unas quinientas o mil unidades al año por persona.

Cierto que un agricultor en su terruño podía seguir consumiendo cincuenta unidades al año, pero cuando iba a la ciudad y compraba una chaqueta de pana que había costado treinta unidades energéticas, y unos arenques traídos por tren desde la costa, con su propio costo de transporte, también él participaba del consumo global de la Humanidad.

Con el tiempo las fuentes de carbón comenzaron a dar signos de agotamiento, se buscaron otras fuentes energéticas y se descubrió el petróleo. Con él también se podía producir vapor para hacer funcionar máquinas o para mover una turbina y producir electricidad con la ventaja, además, de que al ser líquido podía transportarse por tuberías.

El petróleo también permitió el auge del automovilismo haciendo que en la actualidad cualquier persona que posea un coche sea consumidor de miles de unidades energéticas al año. Durante décadas eso no ha importado, nos hemos adaptado a consumir mucha más energía de la que necesitamos, simplemente al meter la familia en el coche y llevarla a la playa, a quinientos kilómetros de distancia, estamos consumiendo en unas horas mucha más energía que la que consumían cien hombres en un año.

Si a eso sumamos toda la energía que se ha consumido en fabricar el vehículo, tejer nuestras ropas, asfaltar las carreteras y construir el hotel, el consumo energético de una persona actual puede ascender a cincuenta mil unidades energéticas al año, es decir, tanto como consumían cincuenta mil hombres prehistóricos antes de descubrir el fuego.

Si tenemos en cuenta que en épocas prehistóricas habría unos pocos millones de personas y hoy en día somos más de cinco mil millones, llegamos a la conclusión de que el consumo energético de la Humanidad es hoy cincuenta millones de veces mayor que hace diez mil años.

Y conforme progresamos, cada vez requerimos más energía, en una escalada que no parece mostrar indicios de detenerse.

Las Unidades Energéticas son un ejemplo que sirve para ilustrar el texto, no he realizado más que un cálculo "a ojo" y no he pretendido hacer un documento técnico. De haberlo hecho hubiera tardado varios días y hubiera tenido que hablar de calorías, ergios, watios, caballos de vapor y otros conceptos técnicos que no son necesarios para comprender la evolución del consumo de energía de la Humanidad.

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

Aviso Legal

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.

Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.

Si lo desea, puede Ampliar Información

Aceptar Cookies

Bienvenidos a MasLibertad | ¿Quién soy yo? | Cartas al Autor | Aviso Legal sobre Cookies