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Antecedentes Literarios de la Conquista del Espacio y de Ciudades en el Espacio

Creada08-06-1999
Modificada26-05-2015
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Febrero7

Antecedentes Históricos de las
Ciudades en el Espacio

Todas las grandes ideas que han hecho progresar a la Humanidad han nacido como las fantasías de algún soñador.
Hubo épocas en las que estos soñadores eran considerados locos, muy pocos eran capaces de transmitir ese sueño a otras personas, y de entre ellos, menos todavía eran los capaces de sustentar sus teorías en una sólida base científica.

No sabemos realmente si las alas que Dédalo construyó y con las que su hijo se mató forman parte de la fantasía o tienen alguna base real. Tal vez si en vez de usar cera para unir las plumas se hubiese utilizado un pegamento como el epoxi, Ícaro podría haberse acercado al Sol sin que sus alas se deshicieran.

Fue Leonardo el primero que intentó un acercamiento técnico al problema del vuelo, y los diseños que realizó se conservan hoy en día como inapreciables tesoros de la historia, la ciencia y el arte.

También Cyrano hizo sus pinitos al describir siete formas de viajar a la Luna, y entre algunas tan disparatadas como atrapar una bandada de gansos o capturar el rocío que se evapora por las mañanas nos encontramos con una agradable sorpresa: la primera descripción detallada sobre el funcionamiento de los motores a reacción.

Se coge un trono de oro porque, como todos saben, sólo el oro tiene la pureza necesaria para ascender a las esferas celestes.

A su alrededor atamos varios mosquetes apuntando hacia abajo y procedemos a dispararlos. El retroceso de cada mosquete hace elevarse el trono en el que estamos sentados y, si vamos cargando y disparando los mosquetes con la suficiente rapidez, no dará tiempo a que el trono vuelva a caer a la Tierra.

Julio Verne logró transmitir a sus lectores el hecho de que un viaje a la Luna no era algo completamente imposible y descabellado, sino que había fórmulas físicas y matemáticas que tarde o temprano permitirían al Hombre dar el salto al espacio.

Desde entonces han sido cientos, y hasta miles, los escritores que han descrito cómo el espacio será conquistado y en los últimos años, con el advenimiento del cine y la televisión, todos tenemos una idea de cómo viviremos dentro de mucho tiempo en algún remoto planeta de alguna lejana galaxia.

Pero muy pocos han sido los que han escrito sobre estaciones espaciales, tal vez porque estamos tan acostumbrados a vivir en la superficie de la Tierra que no nos hacemos a la idea de vivir con los pies en el espacio.

Quizás la primera referencia a una ciudad espacial se encuentre en 1.869 en un cuento de Edward Everett Hale, en la que unos trabajadores están ultimando los detalles de una estación orbital antes del lanzamiento cuando un accidente los lanza al espacio antes de que hayan tenido ocasión de salir.

Obligados a permanecer allí durante varios meses, tienen que sobrevivir por sus propios medios hasta su rescate, y lo hacen tan bien que cuando por fin vienen a rescatarles deciden que allí se vive mucho mejor de como jamás han vivido en la Tierra.

Julio Verne en 1.878 también incidió en el tema de un asentamiento espacial autosuficiente, pero quien realmente consiguió dar un aspecto más real y científico al tema fue Konstantin Tsiolkovsky que desde 1.895 y durante varios años describió satélites de comunicaciones, estaciones orbitales y ciudades en el espacio.

La idea fue progresando en la ciencia ficción y conforme pasaban los años cada vez eran más frecuentes las historias sobre estaciones y ciudades espaciales, en algunos casos haciendo las funciones de arcas de Noé para escapar de una Tierra moribunda, en otros como estaciones de tránsito en el camino a otros planetas, en pocos, pero cada vez más, como una ciudad permanente con sus satisfechos habitantes sin ningún deseo de volver a la Tierra (a no ser por turismo, claro).

A principios de los años cincuenta Arthur C.Clark escribió una novela titulada "Islas en el Cielo" y menos de cinco años más tarde Darrel Romick describió una ciudad espacial cilíndrica de un kilómetro de largo por quinientos metros de diámetro habitada por veinte mil personas.

Al mismo tiempo que los escritores de ciencia-ficción, también los científicos "serios" se tomaban cada vez más en serio la idea. Hermann Oberth enumeró en 1.923 algunos de los posibles beneficios que podría aportar a la Humanidad la colonización del espacio. En 1.929 se describió la primera estación espacial con forma de rueda y J.D.Bernal diseñó un mundo autosuficiente construido en el interior de una esfera en rotación.

Wernher Von Braun, Carl Sagan, Freeman Dyson y otros muchos científicos no tan conocidos pero igual de reconocidos, aportaron en alguna otra ocasión ideas sobre estaciones orbitales y ciudades espaciales haciendo que el concepto fuera cada vez menos increíble.

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