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Los mitos y leyendas que pueblos primitivos inventaban para explicar los fenómenos celestes. Las primeras observaciones astronómicas, y la sustitución de la mitología por la ciencia.

Creada13-11-2021
Modificada13-11-2021
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Diciembre10

Reseña del Documental Dioses y Monstruos de la serie Cielos Ancestrales

Dioses y Monstruos

Documental de la serie Cielos Ancestrales (E1, 2019) en el que se describen los mitos y leyendas que pueblos primitivos inventaban para explicar los fenómenos celestes, y cómo se realizaron las primeras observaciones astronómicas, y la sustitución de la mitología por la ciencia.

La tecnología moderna nos ha permitido construir telescopios en la superficie terrestre o en el espacio con los que podemos observar y entender cada vez mejor cómo es y cómo funciona el Universo. Pero, a simple vista, todo lo que vemos nos causa un sentimiento de maravilla y emoción al percibir la inmensidad de los cielos estrellados.

El sentimiento es el mismo que, durante miles de generaciones, ha embargado a todos los humanos que han levantado la vista hacia el cielo. Y, al no disponer de un conocimiento científico suficiente, los antiguos explicaban los fenómenos celestes por medio de la mitología y la religión.

En Egipto, la diosa Nut encarnaba el firmamento, y la Luna se asociaba a los dioses Toth y Jonsu.

La leyenda más antigua conocida se remonta casi 4.000 años en la cultura babilónica, el poema Enûma Elish, en el que se narra la titánica batalla entre Tiamat, la diosa primigenia del Mar, y Marduk, que tras vencer a Tiamat, separó los cielos del océano y pobló el firmamento con estrellas y constelaciones.

Los babilonios creían que la Tierra era un disco plano flotando en un mar, con todos los astros girando a su alrededor.

La mayoría de las culturas antiguas compartían la creencia de que la Tierra era plana. Con el único recurso de sus ojos y un conocimiento geográfico muy escaso, era prácticamente imposible llegar a una conclusión distinta.

Los Calendarios de Piedra

En la prehistoria también ocurría lo mismo. En la Cueva de El Castillo, al Norte de España, los habitantes prehistóricos realizaron numerosas pinturas en las paredes. Allí se han identificado más de 30 siluetas de manos, 20 de mujeres y 10 de hombres. También existen dibujos de animales, aquellos que habitaban la zona en que vivían. Y también unos enigmáticos dibujos en los que algunos investigadores creen reconocer representaciones de la Vía Láctea, de algunas constelaciones y de las fases de la Luna.

Pero además, la observación continua de los astros nos hizo ver que seguían un ritmo regular y predecible.

El Sol salía por el Este, se elevaba hasta su punto más alto y se ocultaba tras el horizonte, en el Oeste, en un período regular que se repetía cada 24 horas.

La Luna aparecía llena en el cielo, día a día iba menguando hasta hacerse invisible, después entraba en fase creciente hasta volver a su fase de Luna llena, en un período regular de, aproximadamente, un mes.

Y aunque el Sol sale siempre por el Este, a veces salía un poco al Norte del Este y otras un poco al Sur del Este, en un período regular que duraba un año, coincidiendo con las distintas estaciones de frío y calor.

Con el fin de saber en qué momento del año estábamos, se construyeron los primeros calendarios, círculos de estacas, más tarde de piedras megalíticas, que desde un punto de observación apuntaban a los puntos del horizonte por los que el Sol amanecía más al Norte o al Sur del Este, señalando los Solsticios de Invierno y Verano, y, en el punto intermedio, justo al Este, los Equinoccios de Primavera y Otoño.

Los primeros calendarios de piedra se construyeron en Wurdi Youang, Australia, hace 11.000 años. En Warren Field, Escocia, hace 10.000 años. Y el Círculo de Piedra de Nabta Playa, en Egipto, hace 7.000 años.

Uno de los calendarios de piedra más célebres es el de Stonehenge, en Salisbury, Inglaterra, construido hace 5.000 años con gigantescos megalitos de 50 Toneladas. Allí, en fechas señaladas como los Solsticios y los Equinoccios, se reunían los habitantes desde cientos de Km de los alrededores para presenciar el atardecer de esas mágicas fechas, dando inicio a ritos religiosos y fiestas en las que celebraban la llegada de la nueva estación.

Arquitectura Astronómica

En su afán de asumir características divinas que los legitimaran ante el pueblo, los faraones afirmaban ser hijos de Ra, el dios Sol. Y los sacerdotes imaginaron relatos en los que Ra viajaba por el cielo en un barco, moría al caer la noche y viajaba por el submundo luchando contra los demonios a los que vencía para volver a renacer al amanecer y continuar un ciclo eterno.

La construcción de las pirámides, hace 4.500 años, también estuvo marcada por la astronomía. Las pirámides estaban orientadas exactamente en sentido Este-Oeste, apuntando sus lados a la salida y puesta de Sol en los equinoccios. Para localizar los puntos cardinales, los arquitectos egipcios utilizaban un Gnomon, un palo clavado en el terreno que proyectaba su sombra desde el amanecer al atardecer. Marcando con piedras el extremo de la sombra a igual distancia del gnomon, podían determinar la orientación Este-Oeste, y usando una escuadra determinaban la orientación Norte-Sur.

 De forma similar, en todas las civilizaciones del mundo, los edificios religiosos más monumentales se orientaban de la misma forma, teniendo en cuenta la salida y puesta del Sol.

Arte Astronómico

El Disco celeste de Nebra, fabricado hace 3.500 años, es el primer objeto conocido que representa los astros y su movimiento a lo largo del año. En el podemos ver varias estrellas que podemos identificar con las Pléyades, un Sol en el centro y, a los lados, dos arcos que señalan la salida y puesta del Sol desde el Solsticio de Verano hasta el de Invierno.

Pero las descripciones escritas más antiguas sobre el movimiento de los astros las encontramos, hace 3.000 años, en Mesopotamia.

Durante siglos, los arqueólogos han recuperado y conservado cientos de miles de tablillas con la escritura cuneiforme que usaban los mesopotámicos, pero sólo recientemente se ha conseguido descifrar su significado. Y al descifrarlo, se han encontrado tablillas en las que se enumeran eventos astronómicos inusuales, como eclipses y cometas, a lo largo de períodos de 400 años (siglos VIII a IV aC).

Los mesopotámicos, y otros pueblos de la antigüedad, creían que el movimiento de los astros era la forma en que los dioses manifestaban su voluntad, y se esforzaron por entender ese lenguaje con el fin de satisfacer los deseos de los dioses.

También creían que lo que ocurría en los cielos tenía repercusiones en la tierra, y cuando se producía un hecho inusual, como un eclipse, temían que en la tierra ocurrieran desastres y desgracias.

Literatura Astronómica

Hace 3.000 años, los mayas usaban las hojas de ficus para fabricar papel, en el que plasmaron sus primeros escritos, con una escritura bastante compleja. Por desgracia, la mayoría de esos documentos se han perdido debido al clima cálido y húmedo de la zona.

Una mentira más de la típica leyenda negra antiespañola, tan querida por los ingleses. En el documental se afirma que los conquistadores españoles destruyeron muchos de esos escritos, pero no se menciona que fueron los misioneros españoles los primeros que crearon escuelas y universidades a las que podían asistir los americanos, y que en algunas de ellas se estudiaron, conservaron y se enseñaba en varias lenguas nativas, como el nahualt. Los ingleses, en cambio, no crearon escuelas para los nativos, sino que promovieron el exterminio de esa "execrable raza" y procedieron a robarles sus tierras, destruir su cultura y casi exterminarlos.

Entre los pocos escritos mayas que se han conservado se encuentra el Códice de Dresde, en la Biblioteca Estatal Universitaria de Sajonia.

Escrito en los alrededores de los siglos XII y XIII, el códice es una recopilación de consejos basados en la observación de los cielos sobre qué días eran mejores para las siembras, cosechas o para celebrar ritos, sacrificios y ofrendas a los dioses.

En él se incluyen observaciones sobre los eclipses y los movimientos de Venus. En el resto del mundo, los astrónomos creían que existían dos estrellas, una que se veía antes de amanecer, y otra después de atardecer. Los mayas fueron los primeros que constataron que en realidad se trataba de la misma estrella, según su posición estuviera a la izquierda o a la derecha del Sol. Y también fueron los primeros en medir la duración del ciclo de Venus, en 584 días. Lo cual era una medida bastante exacta, pero le sobraba 1/13 de día, por lo que cada 13 años debía descontarse un día del calendario de Venus.

En todo el mundo, allí donde se hubiese desarrollado un sistema de escritura, se escribieron tratados y descripciones del movimiento de las estrellas y los planetas. Los egipcios, los hindúes, los chinos, todos escribieron detalladas descripciones de los eventos ocurridos en el firmamento.

Había nacido la astronomía.

Constelaciones

Para identificar las estrellas, los astrónomos de la antigüedad dividieron el firmamento en constelaciones, grupos de estrellas que conservaban, siempre, la misma posición entre sí. En esas agrupaciones los astrónomos creían ver figuras de animales o personas, y les dieron nombres que fueran fáciles de recordar.

Constelación de Orion, el CazadorEl Cazador, el Perro, las Hermanas, el Carro, el León. Cada constelación tenía una forma característica, fácil de reconocer en el cielo nocturno. Y en ella resultaba fácil identificar las distintas estrellas de la constelación, bien clasificándolas por su mayor o menor brillo o bien por la parte de la figura que representaba.

Y a cada figura, distintos pueblos les daban distintos significados. Lo que para los chinos era un burro, una serpiente y un dragón, para distintas tribus de nativos americanos eran un castor, un búho y un lobo.

Actualmente, los astrónomos de todo el mundo se han puesto de acuerdo para identificar con el mismo nombre las 88 constelaciones en las que dividen el firmamento, aunque la mayoría de la gente sólo conoce unas pocas, entre ellas las doce del zodíaco.

Hace 2.500 años, los astrónomos babilonios clasificaron las doce constelaciones que seguían en el cielo el mismo camino del Sol, observando que cada mes, la primera constelación que aparecía por el horizonte tras la puesta del Sol era una distinta. Eso les permitió dividir el año en doce meses y llamarlos con el nombre que tenían esas constelaciones.

La Ciencia Astronómica

Todos los pueblos de la antigüedad creían que el firmamento estaba repleto de dioses que eran los que dirigían el movimiento de los astros.

Hace 3.000 años, en Grecia, empezó a formarse una nueva cultura y un nuevo sistema de creencias. Como los demás pueblos, los griegos identificaban las constelaciones con dioses, atribuyéndoles caracteres e historias diversas.

Los griegos habían incorporado a su cultura la escritura fenicia, el arte egipcio y los conocimientos astronómicos de Mesopotamia. Pero para algunos filósofos griegos, como Tales de Mileto (siglo VI aC), los fenómenos que ocurrían en la tierra o en el cielo no debían explicarse como intervenciones sobrenaturales de los dioses, sino como fenómenos naturales, que podían ser estudiados y comprendidos.

Inundaciones, sequías, terremotos, los movimientos del Sol, la Luna, las estrellas y planetas, todo tenía una explicación natural. En la mayoría de los casos no conocíamos esa explicación, pero Tales de Mileto afirmaba que no había que inventar explicaciones sobrenaturales, sino investigar y descubrir las causas naturales que producían esos fenómenos.

Su revolucionaria filosofía, adoptada después por muchos más filósofos griegos, dio origen a un nuevo sistema de pensamiento, una herramienta, que en el futuro permitiría comprender mucho mejor el Universo: La Ciencia.

Ver Ficha de Dioses y Monstruos de la serie Cielos Ancestrales

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