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Causas del Cambio Climático. Teorías que intentan explicarlo.

Creada15-06-2008
Modificada10-06-2015
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Diciembre22

Causas del Cambio Climático

En los últimos años, cada vez se habla con más frecuencia del Cambio Climático y de cómo éste puede llegar a afectar a nuestra vida en el Planeta Tierra.

Es un problema, cierto, pero ni es un fenómeno nuevo ni nos aboca a una inevitable catástrofe como algunos movimientos de opinión pretenden hacernos creer.

El Cambio Climático es un hecho histórico que se ha producido a lo largo de toda la existencia de nuestro planeta, desde su formación hace 4.500 MM de años hasta la actualidad.

Ha habido épocas en las que la temperatura de la Tierra ha sido más elevada de lo que es hoy en día, y otras épocas en las que casi todo el planeta ha estado cubierto por los hielos.

Temperatura de la Tierra en 600 MM AñosHace 600 Millones de años la vida abundaba en los mares, pero en tierra firme no vivían animales ni plantas de ningún tipo. Ni un insecto, ni la menor brizna de hierba, ni liquen siquiera, toda la superficie terrestre era un páramo desolado. Las plantas hicieron su aparición y empezaron a poblar la tierra, seguidas por los insectos y otros animales que han ido evolucionando hasta la actualidad.

En todo ese tiempo la temperatura media del planeta, a grandes rasgos, ha rondado casi siempre los 20-22 grados centígrados, menos cuatro períodos relativamente cortos de tiempo en los cuales se ha producido un acusado descenso de las temperaturas. Estos períodos fríos han sido tan cortos como unos 20 ó 50 MILLONES de años, y el último período de enfriamiento comenzó hace unos 30-40 MM de años, ignorándose aún cuánto durará.

Es de destacar el hecho de que actualmente, desde hace 30 MM de años, vivimos en un clima que es bastante más frío que el que ha imperado durante el 80% del tiempo transcurrido desde que apareció la vida sobre tierra firme, pero que durante los períodos cálidos los registros fósiles han mostrado un planeta pujante de vida, trancurriendo, por ejemplo, toda la existencia de los dinosaurios en una época mucho más cálida que la actual.

Temperatura de la Tierra en 350.000 Años En tiempos más recientes, observando sólo el último millón de años, las temperaturas de la Tierra se han mantenido con diversas oscilaciones periódicas de alrededor de unos 10-12 grados.

Al hablar del clima del último millón de años solemos decir que hubo varias glaciaciones y sus correspondientes períodos interglaciales, pero en realidad deberíamos cambiar nuestro punto de vista.

No es que en un clima como el actual hubiera ciertos períodos más fríos. Es que lo habitual era justo lo contrario: El ochenta por ciento del último millón de años ha habido una temperatura entre cinco y diez grados por debajo de la actual, pero periódicamente se producían unos períodos cálidos, con temperaturas similares a las de hoy en día y que duraban unos pocos miles de años.

El último período cálido comenzó hace unos doce mil años, y si pudiéramos extrapolar el gráfico y suponer que se continuaría en el futuro, podríamos anticipar en poco tiempo una nueva era glacial que duraría unos cien mil años antes de que las temperaturas volvieran a los niveles que conocemos actualmente.

Temperatura Media de la Tierra en los últimos 2.500 Años

Aún más cerca de nuestra época, los últimos 2.500 años han sido más o menos estables con unas variaciones de sólo un grado y medio o dos grados entre la época más cálida, sobre el año 800, y la más fría, a finales del siglo XVIII.

Respecto a este período, del que por primera vez tenemos registros históricos, cabe destacar que el período cálido conocido por Óptimo Climático Medieval fue una época de bonanza climática y florecimiento de cultivos y poblaciones en latitudes muy septentrionales, encontrándose importantes ciudades en Alemania, Finlandia y Rusia, con amplias extensiones de cultivos de cereales e incluso viñedos muy al norte, en zonas donde hoy sería impensable plantar unas viñas. La nieve en la mitad de Europa apenas caía más que en altas montañas y los vikingos llegaron a colonizar Islandia, Groenlandia (Tierra Verde) y la costa norte de Estados Unidos, a la que llamaron Vinlandia (Tierra del Vino).

Después las temperaturas volvieron a descender, Groenlandia e Islandia acabaron de nuevo cubiertas por los hielos, y la población emigró al continente. Islandia redujo su población a menos de la mitad, Groenlandia fue abandonada y las comunicaciones con Vinlandia se interrumpieron. Las vides dejaron de cultivarse en el norte de Escocia y Alemania, hasta que al final apenas quedaron vides más que en Italia y España. Los abundantes cultivos de cereales de las estepas siberianas desaparecieron bajo gruesas capas de nieve y muchas poblaciones quedaron abandonadas, emigrando muchos europeos del norte de Europa hacia climas más cálidos. La población de Finlandia y los paises nórdicos se redujo un tercio, mientras que muchos alemanes y finlandeses emigraron hacia el Sur, hacia tierras más cálidas, llegando incluso a las marcas hispánicas, la tierra fronteriza entre cristianos y musulmanes. El efecto del enfriamiento global se sintió incluso en países como Bolivia y Ecuador, donde se han documentado importantes nevadas que incluso llegaron a derrumbar los tejados de edificios que no habían sido construidos para soportar el peso de la nieve.

Y de nuevo volvieron a subir las temperaturas, los ríos europeos dejaron de congelarse todos los años y la nieve dejó de ser tan frecuente. Los cultivos de vid volvieron a proliferar en el sur de Francia, y desde hace algunos años se han vuelto a plantar en lugares como el sur de Alemania e Inglaterra.

Temperatura de la Tierra en el último siglo
Temperatura de la Tierra en la última década

Y en el último siglo podemos apreciar tendencias climáticas distintas.

El siglo XX comenzó con un ascenso de temperaturas que llegó a un máximo en el año 1934.

Desde ese momento las temperaturas empezaron a descender hasta principios de los 70.

Y de nuevo volvieron a ascender hasta 1998, fecha en la que, sin batir el record de 1934, la tendencia volvió a invertirse con temperaturas cada vez más bajas, al menos hasta hoy (2008).

¿Qué pasará mañana?

La verdad es que nadie lo sabe.

A partir de los gráficos mostrados hasta ahora parece que hay unos ciclos más o menos intensos, más o menos duraderos.

En este momento, desde hace diez años, las temperaturas están bajando después de haber estado subiendo durante los 25 anteriores.

Pero por otro lado estamos en un período cálido que dura ya doce mil años, dentro de un período glacial que lleva durando treinta millones de años, cuando durante la mayor parte de su historia la Tierra ha tenido unas temperaturas bastante superiores a las actuales.

Entonces, ¿qué es lo normal? ¿Cuál es la temperatura normal de la Tierra?

¿Los 22º que han imperado durante más de dos tercios de la historia de los seres vivos?

¿Los 12º que disfrutamos de media desde hace treinta millones de años?

¿Los catorce o dieciseis que tenemos desde hace doce mil años?

La verdad es que lo normal es que las temperaturas cambien, suban, bajen, se estabilizen y vuelvan a empezar el baile. Es lo que ha ocurrido siempre y, si no hay nada que lo impida, es lo que siempre ocurrirá.

Y ¿cuál es el origen de esos cambios climáticos?.

Es evidente que todos los cambios climáticos anteriores a la aparición del Hombre han debido tener causas naturales, sin intervención humana.

Los últimos cambios climáticos, desde la aparición del hombre... ¿Han sido causados por el Hombre?.

Planteémoslo de otra forma: Si no hubiera existido el Hombre, ¿la temperatura de la Tierra se habría mantenido estable?

Parece difícil creerlo, dados los cambios continuos del clima que se han producido durante toda la historia de la Tierra, incluso antes de que el Hombre existiera.

Bien, pongamos que si el Hombre no existiera los cambios climáticos también se producirían, pero serían cambios naturales, no provocados por las actividades de la Humanidad.

Y ¿cuál es la diferencia? ¿Como podemos distinguir un cambio climático natural de otro inducido por las actividades humanas?

Quiero decir: Existimos y se producen cambios climáticos. ¿Cómo podemos saber que un cambio climático está siendo producido por la Humanidad y no es una fase de un ciclo natural que igualmente se produciría de no existir el Hombre?

Temo que para hallar la respuesta deberemos estudiar un poco más cómo y por qué se producen los cambios climáticos.

¿Por qué hace más calor o más frío?

Todos los cuerpos emiten radiaciones de calor. Mientras más calor interno tenga, más radiaciones emitirá.

Ahora bien, todos los cuerpos están en el espacio, rodeados de otros cuerpos, y por consiguiente todos los cuerpos RECIBEN radiaciones de calor de su entorno. Es decir, todos los cuerpos RECIBEN y EMITEN calor. Si reciben más calor del que emiten, acumulan calor, y al estar más calientes emitirán más calor hasta alcanzar un punto de equilibrio entre la cantidad de radiación que emiten y la que reciben. Si, al contrario, emiten más calor del que reciben, se irán enfriando y emitiendo cada vez menos calor hasta que la radiación recibida se equilibre con la emitida.

Por último, hay determinadas reacciones (físicas, químicas, atómicas y nucleares) que CREAN calor, básicamente convirtiendo un tipo de energía en otro, alterando las moléculas o los núcleos atómicos.

La Tierra está situada en medio del espacio y está rodeada por el vacío espacial. Desde todas las direcciones del espacio estamos recibiendo una radiación procedente de lejanas estrellas, tan lejanas que la radiación apenas alcanza para que la temperatura de equilibrio de nuestro entorno fuera de unos TRES grados Kelvin, unos 270 grados bajo cero. Si no recibiéramos calor de ninguna otra fuente, esa sería la temperatura de la Tierra.

Afortunadamente recibimos calor desde otras dos direcciones distintas. Una es el Sol. La otra es el interior de la Tierra.

El Calor Interno de la Tierra

El calor interno de la Tierra es el resto del calor que queda en el interior del planeta desde su formación. Adquirió esa temperatura por la aglomeración y la caída de meteoritos conforme se fue formando el planeta. Durante los primeros mil millones de años de su existencia la Tierra siguió recibiendo el impacto de meteoritos, algunos de ellos tan grandes como para que del choque de uno de ellos, más bien un planeta del tamaño de Marte, las salpicaduras que generaron quedaron en órbita y se conglomeraron dando origen a nuestra Luna. Cada meteorito caído a la Tierra convertía una enorme cantidad de energía cinética del choque en calor, pero conforme el Sistema Solar se fue limpiando de polvo y rocas, los meteoritos fueron cada vez menos frecuentes, permitiendo que la superficie terrestre, hasta entonces un gigantesco volcán que cubría todo el planeta, empezara a solidificarse. Desde entonces la Tierra ha ido enfriándose, pero en su interior aún queda suficiente calor como para que de vez en cuando éste intente escapar por los bordes de las placas que componen la corteza terrestre, generando algunos de nuestros numerosos volcanes, aunque en ocasiones, debido a las corrientes internas del magma, las erupciones pueden producirse incluso en el interior de esas placas, lejos de los bordes.

También influyen en la temperatura del interior de la Tierra los depósitos de elementos radiactivos que se incluyeron en su formación. Cuando la Tierra se fundió, por el calor generado por los meteoritos, los elementos más pesados cayeron hacia el centro del planeta. Los elementos radiactivos, más pesados que el hierro, comenzaron a acumularse en el centro del núcleo metálico de la Tierra hasta alcanzar la masa crítica.

¿Cómo fabricar una bomba atómica?

Se cogen X Kg de Uranio y se funden en forma de semiesfera.

Aparte, se cogen otros X Kg y se hace otra semiesfera.

Cada pieza emite gran cantidad de neutrones, algunos de ellos vuelven a chocar con más átomos en el interior, pero la mayor parte llegan a la superficie y se alejan de la pieza metálica con lo que la pieza es radiactiva, mortal para quien se encuentre cerca y genera mucho calor, pero no explota.

Únanse las dos piezas por la parte lisa, formando una esfera.

Al hacerlo, los neutrones que habrían salido por la parte lisa de una pieza tienen que atravesar la otra, con lo cual la probabilidad de que los neutrones choquen con otros átomos de uranio es mucho mayor y eso hace que la reacción en cadena se multiplique en unos microsegundos generando una explosión atómica.

Nota: Esto por supuesto, no pretende ser un manual para terroristas. Sería muy difícil que un grupo terrorista llegara a tener tantos Kilogramos de Uranio como hacen falta y pudiera llegar a manejarlo de esta forma, pues ya diez gramos, aparte de lo difícil que sería adquirirlos, emitirían una radiación letal para cualquiera que los maneje.

Pero esto puede hacer comprender que una explosión atómica puede producirse de forma natural, como así ha sido, en el centro de la Tierra y de cualquier planeta de un tamaño suficiente que pase por un proceso de fusión total.

De hecho, recientemente se ha encontrado una zona en África donde los geólogos, sorprendidos, han comprobado que se produjo una explosión atómica en superficie hace millones de años.

¿Cómo pudo producirse?

Simplemente, en una erupción volcánica en la que el magma se va calentando o enfriando lentamente, al llegar a determinada temperatura algunos minerales y metales se funden mientras que otros permanecen sólidos, entonces los metales más pesados tienden a hundirse y los más ligeros flotan. Así se van separando en elementos y todo el material del mismo elemento tiende a acumularse en un espacio bastante reducido.

La explosión atómica se producirá espontáneamente al alcanzar una densidad crítica, pero esta densidad puede ser de diez Kg en el volumen de un vaso de agua, o 1.000 Kg en un metro cúbico o 10.000 en una cámara medianamente reducida.

Los elementos radiactivos que formaban parte del planeta cuando se formó eran átomos y partículas sueltas, separadas entre sí. Cuando el planeta se fundió estos átomos empezaron a hundirse y concentrarse y en cuanto la concentración de elementos radioactivos fuese suficiente entrarían en explosión. Con 6.000 Km de magma por encima la explosión no es suficiente para destruir el planeta, así que se mantiene contenida en el núcleo planetario generando una gran cantidad de calor que se ha mantenido hasta ahora.

En realidad, todos los cuerpos grandes del sistema solar que hayan pasado por un proceso de fusión deben tener un núcleo radioactivo, pero en los más pequeños como la Luna y Marte el combustible atómico ya se habrá consumido, llevando al planeta a su enfriamiento definitivo y a que su temperatura dependa sólo de la radiación solar, pero los planetas mayores aún mantienen suficiente combustible atómico para estar más calientes de lo que estarían si su calor solo dependiera de la radiación solar. De ahí que se haya comprobado, por ejemplo, que Júpiter emite más radiaciones de las que recibe desde el Sol, ya que si solo un átomo de cada cuatro billones de átomos de polvo espacial es uranio, la masa de Júpiter es lo bastante grande como para que en su formación integrara cientos de millones de toneladas de elementos radioactivos que al fundirse el planeta se hundieron hasta formar en su centro una masa radioactiva de al menos cien kilómetros de diámetro y que en esa concentración generaran una reacción atómica que aún se mantendrá por varios miles de millones de años.

El núcleo atómico de la Tierra es bastante más pequeño, unos pocos kilómetros de diámetro, y lleva ardiendo más de cuatro mil millones de años, pero no tenemos medio aún de saber cuándo empezará a agotarse propiciando el enfriamiento definitivo del interior de la Tierra.

La Radiación Solar

La cantidad de radiación emitida por el Sol es más o menos constante y suficiente como para que a la distancia de la Tierra se reciban aproximadamente 1365 vatios por metro cuadrado (w/m²). Pero no siempre ha sido así. Cuando el Sol se formó, hace 4500 MM de años, emitía un 35 ó 40% menos de radiación solar, pero conforme más y más cantidad de Hidrógeno de su interior se va convirtiendo en Helio, su radiación se va incrementando lentamente. Este incremento continuará, pero podemos estar tranquilos, es tan lento que sus efectos no serán apreciables en los próximos cien millones de años.

Dentro de ese incremento lento pero constante, la cantidad de radiación emitida por el Sol sufre variaciones aleatorias y variaciones cíclicas. Las variaciones aleatorias se producen cada vez que en la Superficie del Sol se produce una eclosión de energía más acusada que las otras. Tengamos en cuenta que el Sol es una gigantesca bomba de Hidrógeno en la que se producen continuas reacciones nucleares. Las reacciones nucleares se producen en el interior, y las radiaciones y el calor generado tienen que atravesar cientos de miles de kilómetros hasta llegar a la superficie solar. La luz que recibimos del Sol no es pues el resplandor de las reacciones termonucleares del interior sino la radiación emitida por la atmósfera, al estar sometida a unas temperaturas de miles de grados, tal como un hierro al rojo vivo o el filamento de tungsteno de una bombilla emiten radiaciones de calor y luz.

Variaciones del Ciclo SolarEl Sol emite en cada momento una cantidad de radiación que dependerá de las afloraciones de energía a la superficie solar, y esta cantidad es una cantidad aleatoria, que de un minuto al siguiente puede variar significativamente, pero que a la larga tiende a mantenerse más o menos estable y constante, con esporádicas fluctuaciones de aproximadamente un uno por mil por encima o debajo de la media.

No obstante también se ha descubierto un ciclo en la cantidad de radiación emitida por el Sol que hace que cada once años haya un ligero incremento de uno o dos vatios (un 0.1%) para luego reducirse a su nivel mínimo y volver a empezar. Este ciclo tiene relación directa con el número de Manchas solares observadas en la Superficie Solar.

La causa de este ciclo es desconocida. Puede ser debido al efecto marea de Júpiter, que cada 11 años y 315 días está a una distancia mínima del Sol, o puede ser que las mismas corrientes internas de la atmósfera solar sigan un ciclo interno que tarda ese tiempo en completarse.

En cualquier caso, y a falta de más conocimientos sobre el funcionamiento del Sol, los datos que tenemos en este momento no permiten aún determinar fehacientemente las causas de esta variación cíclica.

Otro ciclo solar que se ha podido descubrir es un ciclo que dura unos 180 años, durante el cual se produce una variación más intensa, de hasta un 0.4%. El punto de máxima intensidad se ha alcanzado por última vez sobre la década de 1990, correspondiendo ahora un descenso que alcanzará un mínimo sobre el 2080 para, desde ese momento volver a ascender.

Esto significa que, cuando coinciden las cimas de ambas curvas puede llegar a haber una variación de hasta un 0,5% sobre la cantidad de radiación media emitida por el Sol.

A falta de que podamos descubrir otros ciclos aún desconocidos, podemos asumir que la cantidad de radiación emitida por el Sol en un siglo cualquiera es la misma que en cualquier otro siglo. Al menos en los últimos miles de años. Y ninguna de las variaciones detectadas revelan una variación importante, pues dicha variación será, como máximo de menos de un uno por ciento.

Una variación de la cantidad de energía solar de un uno por ciento provocaría en la Tierra una variación de la temperatura de dos grados centígrados, por lo que los ciclos conocidos hasta ahora pueden explicar algunas variaciones climáticas del pasado y ayudar a predecir otras del futuro.

En relación a otros ciclos en la intensidad de la radiación solar, ver este artículo, donde se describe la teoría del Dr. Habibullo Abdussamatov del Observatorio Astronómico de San Petersburgo.

Según sus investigaciones existen varios ciclos en la atmósfera solar que pueden variar la cantidad de radiación emitida por el Sol. Sus cálculos le han llevado a vaticinar que a partir de 2012 ó 2015 las temperaturas de la Tierra empezarán a descender hasta alcanzar un mínimo glacial que llevará la Tierra a una pequeña glaciación entre los años 2060 y 2110, para luego volver a ascender las temperaturas. 

La Radiación Solar Recibida por la Tierra

Esta es la magnitud que más puede afectar al cambio de temperaturas de la Tierra. Al fin y al cabo, la radiación solar aumenta muy paulatinamente y el calor interno disminuye también con gran lentitud, pero los efectos de estos dos cambios tardarán aún millones de años en hacerse sentir.

Sin embargo, la cantidad de radiación recibida por la Tierra variará dependiendo de varios factores, principalmente los Movimientos de la Tierra en la órbita Solar, y la composición de la atmósfera y el suelo terrestre.

Analicemos algunos de los movimientos de nuestro planeta en su recorrido espacial.

Los Movimientos de la Tierra

Diferencia entre Día Solar y día SideralEl primer y más evidente movimiento de la Tierra es el de Rotación, es decir, el tiempo que la Tierra tarda en dar una vuelta completa sobre su eje con respecto al Sol. Este movimiento dura 24 horas y es el responsable del día y la noche, así como del aparente movimiento de los astros en el firmamento.

No obstante, precisemos que no es así exactamente.

En realidad la Tierra tarda 23h56m en dar la vuelta sobre su eje, pero normalmente contamos el tiempo que tarda en volver a dar la cara al Sol.

Podemos apreciarlo con más claridad si apuntamos un telescopio al Sol y lo dejamos en posición fija. A través del telescopio podrá volverse a ver el Sol exactamente al cabo de 24 horas. Pero si apuntásemos a una estrella, el tiempo transcurrido será de 23h 56m.

Esto es así porque al mismo tiempo que la Tierra gira sobre su eje, también se desplaza lateralmente alrededor del Sol y en las 24 horas transcurridas se ha desplazado casi un grado, de ahí que no coincida el tiempo de rotación con la duración del día.

Colisión Planetaria que dio origen a la LunaEl hecho de que la Tierra esté rotando sobre su eje tiene su origen en el choque, poco después de su formación, con otro planeta del tamaño de Marte.

El choque no se produjo directamente sobre su centro, sino que alcanzó a la Tierra con un cierto ángulo que hizo que la Tierra acabase girando a una velocidad endiablada, dando una vuelta completa en apenas seis horas.

De aquel gigantesco choque saltaron numerosas salpicaduras de la Tierra que quedaron en órbita a su alrededor para posteriormente unirse y formar la Luna, una Luna que en aquella época giraba en torno a la Tierra a apenas 20.000 Km de distancia, dando una vuelta a la Tierra en unas 20 horas.

La Luna, girando a tan poca distancia de la Tierra, provocaba un abombamiento, una marea de la corteza terrestre, en aquella época incandescente y fluida como la superficie de un volcán que tenía varios kilómetros de altura. Esta gigantesca marea de lava daba la vuelta alrededor de la Tierra en unas diez horas, a pesar de que la Tierra giraba sólo en seis horas, debido a que ese abombamiento iba a su vez persiguiendo la posición de la Luna, que también giraba alrededor de la Tierra.

Toda esta agitación provocaba más calor y al mismo tiempo hacía que la Tierra se viera frenada en su rotación. Por las leyes universales de la física, al frenarse la rotación de la Tierra, la Luna se fue alejando de la Tierra de tal modo que en pocos cientos de millones de años la Tierra giraba ya en unas doce horas y la Luna se había alejado hasta unos 100.000 Km de distancia. (Ver más en Origen de la Tierra)

Cuando la corteza terrestre comenzó a solidificarse, el efecto marea siguió afectándola pero en mucha menor medida, reduciendo su efecto a un par de centenares de metros y al enfriarse aún más a unas decenas.

Para entonces, sin embargo, la superficie de la Tierra ya se había enfriado lo bastante como para que se condensaran las ingentes cantidades de vapor de agua que había en la atmósfera. Empezó a llover, una lluvia intensa y continua, una lluvia que no llegaba a tocar el ardiente suelo sino que volvía a evaporarse para volver a caer.

Poco a poco, la corteza siguió enfriándose y al cabo de miles de años la lluvia empezó por fin a llegar hasta el suelo, y volvió a evaporarse y volvió a caer durante decenas de miles de años antes que en las cimas de las montañas, allí donde la corteza era más gruesa y más fría, se formaron los primeros charcos y lagos y los primeros ríos, que avanzaban serpenteando creando gigantescos torrentes hasta alcanzar zonas más bajas donde al agua volvía a hervir para volver a iniciar su eterno ciclo.
Millones de veces se repitió este ciclo, durante al menos cincuenta millones de años, antes de que por fin el agua que seguía cayendo torrencialmente empezara a formar los primeros lagos que, después se convirtieron en mares para por último convertirse en océanos que cubrieron una gran parte de la Tierra.

Cuando la mayor parte de vapor de agua, que había saturado hasta entonces la atmósfera, se condensó y cayó en forma de lluvia, por fin escampó.

Y por primera vez los rayos del Sol alcanzaron la superficie de la Tierra.

Pero al mismo tiempo que se iban formando los océanos, la influencia de la Luna comenzó a hacerse sentir en ellos.

Mientras más se enfriaba y solidificaba la corteza terrestre, menor era la deformación provocada por el efecto marea, pero los océanos, mucho más fluidos que el magma, reaccionaron a la gravitación lunar elevando una gigantesca marea que avanzaba como una ola de varios kilómetros de alto y azotaba los continentes a velocidades supersónicas, avanzando cientos de kilómetros en los continentes y arrastrando toneladas de rocas en su retirada.

Conforme pasaron los miles de millones de años, la Tierra se ha seguido frenando, la Luna alejando y las mareas reduciendo su altura, lo que reducía a su vez el ritmo de frenado de la Tierra.

El proceso continuará aún por varios miles de millones de años, pero actualmente dicho frenado es tan lento que desde la aparición del Hombre no se ha producido un cambio significativo, o al menos un cambio que haya podido ser percibido por los seres humanos.

En este momento la Tierra gira en 24:00:00 horas, la Luna está a 384.400 Km y gira en torno a la Tierra en 27 días, siendo las mareas terrestres de apenas unos milímetros y las marinas de unos pocos metros de altitud, y haría falta usar instrumentos de mucha precisión para detectar que actualmente la Luna se aleja unos 37 milímetros cada año o que la rotación de la Tierra se sigue frenando a razón de un segundo cada 60.000 años. Parece poco, pero esto nos llevará a que dentro de otros mil millones de años la Tierra girará en unas 27 horas y la Luna estará a 430.000 Km de distancia, tardando entonces algo más de treinta días en completar su órbita.

El movimiento de Rotación actual hace que en el lugar de la Tierra que a mediodía reciba verticalmente los rayos solares se reciban 1365 w/m² (menos la cantidad que filtre la atmósfera), cantidad que irá decreciendo hasta cero en el atardecer, permanecer en cero durante toda la noche y al amanecer comenzar a aumentar de nuevo hasta el mediodía.
Esto ocurre así en el ecuador, siempre que el Sol pase exactamente por la vertical, lo que sólo se produce en los equinoccios, el 21 de Marzo y el 21 de Septiembre.

En latitudes más altas, por ejemplo, en el paralelo 40 (Madrid, Ankara o NewYork) la superficie de la tierra está inclinada con respecto al Sol, y un metro cuadrado de superficie terrestre sólo recibirá un 75% del calor que recibiría en el ecuador, de ahí las diferencias de temperatura entre las zonas tropicales, templadas y polares de la Tierra.

El segundo movimiento de la Tierra a considerar es el de Traslación. Al tiempo que gira sobre su eje, la Tierra también se desplaza a unos 30 Km/s, alrededor del Sol, dando una vuelta completa cada 365'24 días.

Este movimiento se realiza en un plano al que llamamos Eclíptica.

Radiación Solar de la Tierradurante los Equinocios Si el eje de rotación de la Tierra fuera perpendicular al plano de la Eclíptica, el Sol siempre estaría sobre el Ecuador, y la cantidad de calor recibida por la Tierra no variaría a lo largo del año, siendo la misma en cualesquiera dos paralelos de los hemisferios Norte y Sur.

Pero el eje está inclinado, y no poco, sino unos 23º de inclinación. Como el Eje apunta siempre al mismo lugar en el Espacio (La estrella Polar por el Norte y cerca de la Cruz del Sur por el Sur), resulta que en algunas épocas del año el Sol se sitúa hasta 23º al norte del ecuador y en otras hasta 23º al Sur del mismo. En esas épocas, cada hemisferio recibe una cantidad de calor muy distinta, que puede ser de hasta la mitad recibida en el hemisferio opuesto.

Radiación Solar de la Tierra en VeranoConsideremos por ejemplo las ciudades de Shangai en China y Durban en Sudáfrica. Ambas están en el paralelo 30, pero Shangai en el 30º N y Durban en el 30º S. En los Equinoccios, ambas ciudades reciben la misma cantidad de energía, un 86% de la energía recibida en el Ecuador.

Pero en el Solsticio de Verano, el 24 de Junio, el Sol está sobre el paralelo 23º N (Trópico de Cáncer) y la distancia en grados hasta Shangai es de sólo 8º, lo que hace que allí se reciban el 99% de los 1365 vatios habituales.

De hecho, Shangai recibirá más radiación que una ciudad como Quito, situada en el mismo ecuador, ya que en ese momento el Sol no pasa por su cenit, sino a 23º N, con lo que ésta sólo recibirá el 92% de la energía habitual.

Mientras tanto, Durban, a 53º al sur de la situación actual del Sol, apenas recibirá el 60% de la radiación solar. Esto hace que en Shangai estén en pleno verano mientras en Durban están pasando bastante frío.

Radiación Solar de la Tierra en InviernoPor supuesto, los papeles se invierten seis meses más tarde. El Eje de la Tierra sigue apuntando a la Estrella Polar, pero ahora el Sol está en la dirección opuesta, con lo que el paralelo que recibe verticalmente los rayos del Sol a mediodía es el 23º S (Trópico de Capricornio) y mientras los habitantes de Durban disfrutan de un cálido verano los de Shangai se abrigan, refugiándose en sus casas, del frío invierno.

Es decir, la Rotación de la Tierra explica las diferencias de temperatura entre el día y la noche, y la Traslación, unida a la inclinación del Eje de Rotación, explican las diferencias entre el verano y el Invierno.

Pero en resumidas cuentas, al cabo de un año, tanto Durban como Shangai habrán recibido exactamente la misma cantidad de energía.

¿O no?

Aquí tenemos que considerar otro dato, la distancia de la Tierra al Sol.

La órbita de la Tierra

Tal como ya indicamos con respecto a Júpiter, la distancia de la Tierra al Sol no es siempre la misma, sino que varía levemente a lo largo del año.

Orbita de la Tierra Esto es así porque la órbita de la Tierra no es una circunferencia, sino una elipse, siendo el Sol uno de los focos, con lo que cada año, la Tierra pasa por la distancia más corta al Sol y seis meses más tarde por la más larga. Pero la excentricidad de la Tierra es de sólo 0,017, por lo que la diferencia entre una distancia y otra es de sólo una diezmilésima, apenas 20.900 Km de diferencia en 150 Gm.

No obstante, una diezmilésima de diferencia en la distancia de la Tierra al Sol sí puede tener importancia en la cantidad de energía que recibimos, y esta variación es de un 7%. Es decir, cuando la Tierra está en su Perihelio recibirá un 7% más de energía que cuando está en su afelio.

Curiosamente, y esto puede darnos una pista a considerar más adelante, el perihelio de la Tierra se produce todos los años el 4 de Enero (Ver noticia), con lo que en esa fecha es cuando la Tierra recibe mayor cantidad de energía del Sol, y durante el afelio, el 4 de Julio, recibe menos.

A los que vivimos en el hemisferio norte, nos puede parecer que esto es un contrasentido, ya que en realidad HACE más frío en Enero y más calor en Julio, pero tengamos en cuenta que las estaciones son causadas por la inclinación del Eje de rotación de la Tierra, no por la distancia al Sol, pero esto en realidad suaviza los efectos de la diferencia de temperaturas. Gracias al hecho de que el Perihelio de la Tierra se produce en Invierno, los inviernos en el hemisferio norte son menos fríos y los veranos más frescos.

Por contra, cuando es Verano en Durban, estamos más cerca del Sol y Durban recibe un 7% más energía que Shangai cuando allí es verano y un 7% menos cuando es invierno.

Según eso, las estaciones en el Hemisferio Norte deberían ser más suaves y en el Sur más extremas, sin embargo hay otro factor a tener en cuenta: En el Hemisferio Norte, más de la mitad de la superficie es tierra, que está más frecuentemente cubierta de nubes, se calienta más y se enfría con más rapidez por las noches. Por el contrario, el hemisferio Sur está cubierto en casi un 80% de agua, como promedio hay menos nubosidad y el agua del mar se calienta menos y tarda más en enfriarse.

Si tenemos en cuenta todos estos factores entenderemos porqué es tan difícil explicar y calcular cómo va a cambiar el clima a corto, medio o largo plazo.

Precesión de la TierraTenemos que analizar ahora otro importante movimiento de la Tierra, el de la Precesión.

Ya hemos visto que el Eje de la Tierra está inclinado con respecto a la eclíptica en unos 23º, apuntando por el Norte hacia la Estrella Polar. Pero un planeta en rotación actúa a su vez como un trompo, y el eje puede variar, de hecho varía, dando una vuelta en el cielo. En este momento el Eje apunta a la Estrella Polar, pero dentro de algunos miles de años no será así, irá variando y trazando un círculo en el firmamento hasta volver, dentro de 26.000 años, a apuntar a la Estrella Polar.

Esto hará que los Equinoccios se vayan retrasando ligeramente cada año, así como las estaciones. Y ocurrirá que dentro de 13.000 años el verano en el hemisferio norte coincidirá con el Perihelio de la Tierra, recibiendo entonces el Hemisferio Norte un 7% más energía que el Hemisferio Sur, exactamente al contrario de lo que ocurre hoy en día. ¿cómo afectará esto al clima?

¿Qué veranos y que inviernos disfrutarán nuestros descendientes dentro de 13.000 años?

Probablemente el clima en el hemisferio norte será mucho más extremo que en la actualidad, con veranos más calurosos e inviernos más fríos, mientras que en el hemisferio sur tanto el verano como el invierno serán mucho más benignos.

Existen otros movimientos, menos conocidos pero que también afectan a la cantidad de energía recibida por la Tierra. Hagamos un breve repaso a algunos de ellos.

Variación de la Excentricidad: La órbita de la Tierra recorre una elipse con un 0,017 de excentricidad, pero esta excentricidad no es constante, sino que varía en un período de 80.000 años. En este momento la excentricidad está disminuyendo y dentro de unos 24.000 años la órbita de la Tierra será casi circular, para después volver a estirarse hasta alcanzar una excentricidad máxima y volver a comenzar el ciclo.

En los períodos en que la órbita terrestre fuera circular, la radiación solar recibida por la Tierra sería la misma a lo largo del año, y las estaciones dependerían tan solo de la inclinación del eje terrestre, pero en los períodos de máxima excentricidad la Tierra en el perihelio recibiría un 23% más de energía que durante el afelio. Dependiendo de los momentos en que esto ocurra podríamos tener variaciones climáticas bastante acusadas entre ambos hemisferios.

Balanceo de la Eclíptica: La Tierra gira alrededor de su eje y este tiene una inclinación de 23º27' respecto al plano orbital de la Tierra.

Si no existiera la Luna, el balanceo del eje de la Tierra sería caótico, y oscilaría entre cero y noventa grados respecto al plano orbital. Cuando la inclinación del eje de la Tierra fuera de cero grados, no habría estaciones en la Tierra, el Sol pasaría siempre sobre el Ecuador y los polos estarían siempre con el Sol en el horizonte. Pero cuando la inclinación del eje fuera más cercana al plano orbital, la mitad de la Tierra quedaría en sombras durante seis meses seguidos, y abrasada por una insolación constante durante otros seis, lo que haría muy difícil la supervivencia de la vida en la Tierra, y totalmente imposible que alcanzara la complejidad que conocemos.

Gracias a la Luna, que orbita alrededor de la Tierra, el eje de la Tierra se mantiene bastante estable, oscilando entre 24º 55' y 22º 15'. Actualmente está disminuyendo a razón de 0,468'' por año.

Desplazamiento del Eje de la Órbita: También el Afelio y el Perihelio se mueven cada año 11,5 segundos de arco, con lo que el Eje de la Elipse que recorre la Tierra también dará una vuelta al firmamento cada 112.000 años.

Todos estos movimientos producen ciclos durante los cuales la distancia media de la Tierra al Sol puede ser sensiblemente mayor o menor durante períodos de cientos o miles de años, y al mismo tiempo habrá períodos de mayor y menor captación de energía por parte de cada hemisferio de la Tierra. A la larga todos estos ciclos se acaban compensando en un promedio determinado, pero hay períodos en los que una fase de incremento de un ciclo coincide con otra de incremento de otro ciclo distinto y esto hace que durante períodos quizás de varios siglos y hasta milenios, la temperatura media de la Tierra, y particularmente, de cada uno de los hemisferios terrestres, pueda ser algo mayor o menor que el promedio habitual. En ciclos cortos, el aumento o disminución de la temperatura será bastante leve, pero en otros ciclos podríamos enfrentarnos a períodos tropicales o glaciales de varios miles de años de duración.

Existen, además, otros movimientos que afectan a la Tierra, pero que están más relacionados con la Luna (La Nutación y la Traslación Lunar) y su incidencia en el clima probablemente será bastante poco acusada, aunque no se puede descartar la posibilidad de que si entran en fase con otro ciclo puedan causar algún efecto en la temperatura de la Tierra.

Todos estos movimientos orbitales de la Tierra generan ciclos en los que la Tierra estará más cerca o más lejos del Sol, estará más inclinada o menos, y recibirá más o menos radiación solar, produciendo descensos o subidas de temperaturas en períodos cíclicos más o menos largos y de forma diferente en cada uno de los dos hemisferios, pero aún queda un último aspecto a considerar antes de calibrar todos los datos que afectan al clima terrestre: La cantidad de radiación reflejada por la Tierra.

El Albedo de la Tierra

A la Tierra llegan actualmente, por término medio, 1365 w/m² de radiación solar.

Esta radiación llega en radiaciones de muy diferente longitud de onda, que a los efectos que nos ocupan van desde el infrarrojo (IR), pasando por la luz visible (LV) hasta el ultravioleta (UV). La composición de la atmósfera es de nitrógeno, oxígeno, ozono, vapor de agua, dióxido de carbono, argón y otros gases.

Cada uno de estos gases tiene una manera específica de afectar a los rayos de luz que interceptan en su camino a la Tierra. Cada gas afecta a las radiaciones de una determinada longitud de onda, dejando pasar al resto. Así, la atmósfera es bastante transparente a la luz visible y a las ondas infrarrojas, pero intercepta y refleja gran parte de las radiaciones ultravioletas.

Un dato anecdótico que nos puede ilustrar es que es más fácil quemarse la piel y sufrir una insolación en la montaña que en la playa, y casi imposible quemarse en las orillas del Mar Muerto, situado a más de 400 m bajo el nivel del mar, y donde la atmósfera filtra los rayos UV casi por completo.

El vapor de agua intercepta las ondas LV, por lo que un exceso de vapor de agua hará que recibamos menos luz. Y el CO2 intercepta y refleja los IR, por lo que un aumento de CO2 hará que recibamos menos calor del Sol.

No obstante, una vez llegada al suelo, lo que hará la luz dependerá del terreno en el que caiga. Normalmente, todos los objetos absorben una serie de radiaciones de diversas longitudes de ondas y reflejan el resto. La luz reflejada por los objetos es lo que hace que tengan un color determinado. Hay objetos que reflejan casi toda la luz que reciben, y entonces decimos que son de color blanco. Hay otros objetos que absorben casi toda la luz reflejando muy poca, y decimos que son de color negro. Dependiendo de la longitud de onda que reflejen en mayor grado veremos los objetos de diferentes colores: verde, marrón, amarillo, azul, etc.

Si la Tierra fuese totalmente blanca reflejaría casi toda la luz al espacio y esto haría que el equilibrio térmico de la Tierra se situara a una temperatura muy inferior a la actual. Si fuese totalmente negra, absorbería toda la luz y la Tierra sería mucho más calurosa. Tal como es la Tierra, una mezcla variada de objetos, agua, tierra, rocas y plantas, de muy diversos colores, una cierta cantidad de radiación solar es absorbida y otra reflejada. El resultado es que el equilibrio térmico de la Tierra queda establecido en el clima que actualmente disfrutamos o sufrimos.

Ahora bien, con la luz absorbida, ¿qué ocurre?

Pues la luz absorbida se convierte en calor, que por contacto se transmite a los átomos del interior de la roca y de la superficie del terreno. Y los cuerpos, una vez calentados, emiten también radiaciones IR, por lo que si colocamos la mano cerca de una roca que esté recibiendo la luz solar notaremos en la palma la radiación que emite dicha roca, aún sin tocarla.

Aparte de esto, la radiación recibida por las plantas pasa por una serie de procesos químicos que la convierten en energía química, que es aprovechada por la planta para su crecimiento y por los animales para su alimentación.

Pero esto es un tema para tratar en otro artículo.

Volviendo a la roca caliente, ésta emite ondas IR en todas direcciones, la mitad irán hacia abajo, calentando el suelo, la otra mitad irán hacia arriba. Si la atmósfera tiene poco CO2 y vapor de agua, las radiaciones IR atravesarán la atmósfera y se perderán en el espacio, pero si hay mucho CO2 y vapor de agua, las radiaciones se reflejarán de nuevo hacia la superficie terrestre, volviendo a caer sobre otras rocas y repitiendo el ciclo.

Esto es lo que se conoce como Efecto Invernadero.

De todo este loco baile de radiaciones vemos que el balance se mantendrá en un equilibrio determinado por la cantidad de radiación recibida y por la cantidad de radiación reflejada. Y este último parámetro dependerá de la composición de la atmósfera y de la superficie terrestre.

Si una importante porción de terreno natural la sustituimos por capas de asfalto y edificios de cemento, la cantidad de radiación solar absorbida será mucho mayor y la Tierra tenderá a calentarse.

Y si la composición de la atmósfera cambia, la temperatura media de la Tierra también se verá afectada.

¿Qué efectos tienen todas estas variaciones en el Clima de la Tierra?

En general, la atmósfera contiene gases de efecto invernadero que sirven para mantener más cálida la superficie de la Tierra. Si la Tierra no tuviera gases de efecto invernadero su temperatura media sería de unos 30 grados por debajo de la temperatura media actual. La atmósfera nos mantiene calientes mediante el efecto invernadero, y en ese efecto algunos gases tienen más importancia que otros.

El gas atmosférico que tiene un efecto invernadero más acusado es el vapor de agua, seguido a bastante distancia del CO2 y del metano. Pero las personas que se preocupan por el cambio climático no se preocupan por el vapor de agua, sino por el CO2. ¿Por qué, si el vapor de agua influye mucho más en el clima?.

Sencillamente porque la cantidad de vapor de agua que existe en la atmosfera no depende en absoluto de nosotros. Depende de la radiación solar y, quizás, de los rayos cósmicos. Si una persona quisiera alertar sobre el cambio climático provocado por el vapor de agua, ¿a quién podría culpar?. ¿Qué medidas plantearía para detener las radiaciones solares y cósmicas?.

En cambio, el CO2, aunque en muy menor grado que el vapor de agua, también contribuye al efecto invernadero y las actividades humanas también producen CO2, por lo que SI está en nuestra mano reducir las emisiones de CO2.

De hecho, el mayor productor de CO2 del mundo es el océano, más precisamente la vida marina. El siguiente productor de CO2 del mundo son los animales terrestres, principalmente los que se alimentan de vegetales.

Nosotros mismos, los seis mil millones de personas que habitamos el planeta, producimos CO2 al respirar. Y un pequeño porcentaje, menos del uno por mil del CO2 producido anualmente en la Tierra, lo producimos en las industrias.

No vamos a impedir que los océanos produzcan CO2. Tampoco vamos a pedir a todos los animales del mundo que dejen de respirar. Ni siquiera vamos a pedir a los seres humanos que aguanten la respiración. Lo único que piden los que se preocupan por el cambio climático es que limitemos el desarrollo industrial para producir un poco menos de CO2.

Es decir, que los países ricos detengan su crecimiento y los países pobres no se industrialicen y que sigan como están, con el fin de que, del uno por mil de la producción mundial de CO2, podamos ahorrar un determinado porcentaje.

¿Y esto servirá de algo?

Seamos realistas: La cantidad de vapor de agua en la atmósfera puede variar, según la humedad relativa del aire, entre el cero y el cuatro por ciento. La cantidad de CO2 es casi constante y es de unas 360 ppm. Por usar las mismas unidades y verlo en perspectiva:

Vapor de Agua > > entre cero y 40.000 ppm.

CO2 > > 360 ppm.

Si representamos la composición de la atmósfera en una barra de un metro de longitud, la zona que representa el vapor de agua podría oscilar, según el clima, entre cero y cuatro centímetros, y el CO2 ocuparía una longitud de ¡¡menos de medio milímetro!!

Y de ese medio milímetro de CO2, el 96% es producido por fenómenos naturales y menos del 4% es producido por los seres humanos.

Osea, un gas de efecto invernadero cuya concentración en la atmósfera puede variar de cero a 40.000 partes por millón, lo ignoramos, no lo tenemos en cuenta, y concentramos toda nuestra atención en otro gas cuya concentración es bastante estable y 100 veces menor que el anterior y en la que nosotros influimos 2.000 veces menos que la variación natural de la humedad relativa del aire.

¿Se están quedando con nosotros?

¡Es como querer controlar el peso de un perro poniendo sus pulgas a dieta!

Sin embargo hay otras cosas que hacemos los humanos y que posiblemente tengan una importancia climatológica superior.

Me refiero, por ejemplo, al crecimiento de las ciudades.

Cuando la luz solar incide en un terreno cubierto de vegetación, una parte de esa energía se refleja, otra se convierte en calor y otra en materia vegetal que servirá de sustento a la planta y alimento a los animales que se alimenten de ella. Si roturamos el terreno y construimos una carretera, la producción de materia vegetal se detendrá pero la producción de calor se multiplicará. Es decir, un terreno cubierto de asfalto o cemento se calentará mucho más que el mismo terreno cubierto de plantas.

Durante toda la historia de la Humanidad, la cantidad de terrenos ocupados por ciudades, casas y carreteras ha sido muy reducida, suponiendo un porcentaje ínfimo.

Pero en el último siglo se ha producido el mayor aumento de conversión de terrenos naturales en ciudades y carreteras, así como la eliminación de extensas superficies de bosques y espacios naturales que se haya producido en toda la historia del Hombre, hasta el punto en que hoy hay ya millones de Km² de superficie terrestre que ha sido sustituida por asfalto y edificios que absorben gran cantidad de luz solar y la convierten en calor.

En 1950 había unas 80 ciudades de más de un millón de habitantes. Hoy en día rondan las 400, aparte de que los asentamientos de más de cien mil habitantes se han multiplicado por cincuenta.

En este caso sí que podemos decir con bastante seguridad que esto provocará un incremento de la temperatura media de la Tierra.

¿En qué porcentaje?

Hoy en día las zonas urbanas del planeta ocupan una extensión superior al 1% de la superficie terrestre habitable. Si a ello le añadimos la longitud de todas las carreteras tendremos una extensión de casi el 2% de la superficie de las zonas terrestres habitadas cubiertas por edificios y carreteras, con una capacidad de absorción de calor muy superior a la de los terrenos naturales.

De lo dicho hasta ahora podría deducirse que el calentamiento global producido en las últimas décadas podría ser más debido al crecimiento de las ciudades y carreteras que al incremento de CO2 de la atmósfera, pero las cifras implicadas parecen bastante pequeñas y mientras no se hagan estudios más completos será difícil tener una seguridad completa.

En resumen, mientras no sepamos más no tendremos datos suficientes para prever cómo, por qué y en qué magnitud se van a ver alteradas las temperaturas de la Tierra.

Pero si examinamos el registro fósil podemos calcular algunos datos como la temperatura y la concentración de gases en la atmósfera a lo largo de grandes períodos de tiempo.

Gracias a ello hemos comprobado que efectivamente el clima de la Tierra sufre cambios en determinados ciclos, algunos de varios siglos o milenios, otros de cientos de miles de años. Podemos suponer que varios de esos ciclos han sido provocados por las variaciones de intensidad del Sol y por los movimientos de la Tierra en el espacio, aunque por desgracia aún no hemos determinado con precisión cómo ni por qué se producen.

Así, sabemos que entre 1500 y 1800 Europa pasó por una mini-era glacial, de tres siglos de duración en la que los principales ríos europeos llegaban a congelarse. También sabemos que hace unos 1.000 años los vikingos exploraron Groenlandia, y le dieron ese nombre que significaba "Tierra Verde". ¿Por qué le pondrían un nombre semejante si no era porque en aquella época realmente no estuviera cubierta de nieve como en los últimos siglos?.

De hecho, en la época de los vikingos, las temperaturas de la Tierra eran aún más elevadas que hoy en día.

Es más, si la temperatura actual de la Tierra sigue subiendo y no hacemos nada para evitarlo, dentro de unos cuarenta o cincuenta años tendremos el mismo clima que había en la Tierra en tiempos de los vikingos.

Y ¿cómo era el clima en aquella época?

Bien, no solo Groenlandia era una Tierra Verde, sino que la costa de Terranova fue bautizada como Vinlandia, Tierra del Vino. El vino también era protagonista en muchas zonas de Escocia y Alemania, donde se cultivaban vides y se producían excelentes cosechas, lo que los lugareños celebraban dando a muchas calles el nombre del vino.

Los agricultores europeos tenían excelentes cosechas de cereales y hortalizas sin que apenas vieran la nieve más que de lejos, en las montañas. Si nos vamos al extremo opuesto de Eurasia nos encontraremos también a los Tártaros, los Mongoles, los Chinos, viviendo cada uno sus respectivas edades de oro, tal como poco tiempo más tarde fue reflejado por Marco Polo.

Después, de repente, las temperaturas medias de cada año en el hemisferio norte empezaron a bajar, los inviernos se tornaron cada vez más fríos y las nieves y ventiscas más frecuentes. Los glaciares cubrieron Groenlandia que fue abandonada por los vikingos y las comunicaciones con Vinlandia se perdieron. Las vides murieron en las más altas latitudes, las cosechas eran cada vez menores, los veranos más cortos y muchos europeos pasaron hambre y emigraron al sur, a veces en grupos pequeños en otras ocasiones emigrando pueblos enteros de Finlandia y Alemania hasta Francia o más al sur, hasta las zonas fronterizas entre cristianos y musulmanes de la reconquista española, donde numerosos territorios y pueblos abandonados por los musulmanes fueron poblados a veces íntegramente por exiliados climáticos del norte de Europa.

Debido a estas migraciones, la población de Finlandia se redujo en un 30% y la de Islandia aún más, hasta un 50%.

Las temperaturas siguieron bajando durante siglos, hasta el extremo de que hacia el siglo XVII los ríos y lagos europeos se congelaban durante meses, lo que nos ha sido transmitido en los cuadros de varios célebres pintores de la época.

Entonces, afortunadamente, las temperaturas empezaron a subir de nuevo. Lentamente, con leves recaídas de vez en cuando, las temperaturas han seguido subiendo y aunque aún falta algo para alcanzar las benignas temperaturas que gozábamos en el año 1.000, si las temperaturas siguen subiendo pronto las alcanzaremos. El hielo de Groenlandia se derretirá y ésta volverá a ser verde, dejará de nevar en la mayor parte de Europa, las cosechas serán cada vez más abundantes y cada vez más al norte de Europa, la población de zonas como Siberia, actualmente casi despoblada, volverá a aumentar de forma espectacular y sus campos darán la mayor producción agrícola que hayan dado en toda su historia, convirtiéndose en el granero de gran parte de la población europea y quizás mundial.

Bien, realmente, ¿estamos avanzando hacia una catástrofe climática?

Si nos paramos a pensarlo detenidamente, ¿no parece más bien que en realidad estamos saliendo de una catástrofe climática?.

Al menos, esa es la opinión de este artículo, donde se postula que un leve calentamiento global podría traer más beneficios que perjuicios a la Tierra. Podemos evaluar por ejemplo todas las vidas que se pierden por congelación, los daños al transporte y a las comunicaciones durante una intensa nevada, el gasto de combustible para la calefacción, las extensas zonas siberianas, actualmente inútiles para la agricultura pero susceptibles de convertirse en el mayor productor de alimentos del mundo, etc. A esto, lógicamente, habría que contraponer la desertización de África y quizás el Sur de Europa, los desplazamientos de centenares de miles de refugiados climáticos y, quizás los habitantes de zonas costeras anegadas por una eventual subida del nivel del mar.

En cualquier caso este no es más que un cambio climático más de los muchos que se han producido en las historia de la vida en la Tierra, y un cambio bastante pequeño y anecdótico si lo comparamos con las varias glaciaciones que en el último millón de años han asolado la Tierra a veces durante períodos de cientos de miles de años.

Sólo hace 12.000 años que terminó la última glaciación y podemos decir, sin temor a equivocarnos que estos últimos 12.000 años han sido bastante agradables en comparación con los cien mil anteriores.

Y esto, ¿durará mucho o volveremos dentro de algunos miles de años a una nueva glaciación?. O nos iremos al extremo opuesto y el Sahara llegará hasta los Pirineos?.

¿Podemos saberlo?

¿Podemos preverlo?

Ante fuerzas tan poderosas capaces de cubrir continentes enteros con glaciares de kilómetros de espesor ¿podemos hacer algo para evitarlo?

Cualquier cosa que hagamos ¿podría influir en cambios tan gigantescos?

La influencia humana en el Clima

La respuesta es que... quizás.

Cuando el hombre descubrió la agricultura y la ganadería se dedicó durante miles de años a roturar campos y quemar bosques para utilizarlos como campos de cultivo o como praderas para sus ganados. El registro fósil ha revelado que hace 8.000 años se produjo una elevación de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, coincidiendo con la época en que el Hombre descubrió, desarrolló y fomentó la agricultura y la ganadería.

Podría pues pensarse que el desarrollo de la agricultura provocó un incremento en los niveles de CO2 de la atmósfera, pero igualmente se podría concluir que una elevación de las temperaturas facilitó que el Hombre desarrollara la agricultura.

No hay forma aún de determinar si el desarrollo de la agricultura provocó un calentamiento global o si el calentamiento global facilitó el desarrollo de la agricultura, pero los defensores de la teoría del origen antropogénico del cambio climático son partidarios de la primera opción.

Es decir, que aún a una escala muy reducida, cuando la población humana era de apenas unos 20 millones de personas en todo el planeta, hay quien piensa que pudimos ser capaces con nuestra actividad agrícola y ganadera de cambiar la concentración de CO2 de la atmósfera y provocar un calentamiento global.
Yo no lo veo tan claro.

Las temperaturas de la Tierra se han empezado a registrar, y no con excesiva precisión, desde hace apenas un siglo y medio. En este tiempo se han visto varios ciclos de enfriamiento y calentamiento. De hecho, en la década de 1920 se sufrió uno de los ciclos más calurosos de los que se tiene memoria, y los periódicos europeos acusaban a la recién terminada Primera Guerra Mundial de dicho calentamiento y preveían que en el plazo de unas pocas décadas Europa sería inhabitable.

No obstante, en los años 1940-70 pasamos por una fase de enfriamiento y en los periódicos estaba de moda justo la versión opuesta, la de que debido a los efectos de la Segunda Guerra Mundial y a la contaminación de las fábricas avanzábamos hacia una catastrófica nueva glaciación.

Desde 1970 hemos entrado en un nuevo ciclo de calentamiento y en cuanto los ecologistas lo han detectado, a mediados de los 80 se empezó de nuevo a hablar del Calentamiento Global, aunque alguien bastante inteligente cayó en la cuenta de que ya empezaba a resultar ridículo hablar del Calentamiento Global después de haber estado tanto tiempo hablando del Enfriamiento Global y la nueva era glacial que se avecinaba así que dejaron de usar la expresión Calentamiento Global para sustituirla por la de Cambio Climático. Esta expresión se puede usar indistintamente haya inundaciones o sequías, heladas o bochornos, huracanes o falta de ellos.

Igualmente hicieron el ridículo los catastrofistas que a mediados de los 90 denunciaban el agujero de ozono de la Antártida cuando en los últimos años se ha comprobado que el tamaño de dicho agujero no tiene relación con ninguno de los gases que los humanos emitimos a la atmósfera, los que denunciaban que la Corriente del Niño iba a provocar cada vez más huracanes, y los que tras el huracán Katrina, que provocó la inundación de Nueva Orleáns, auguraron que al año siguiente habría el doble de huracanes, cuando en realidad al año siguiente sólo hubo UN huracán. Igualmente, a principios del año 2007 se publicó en numerosos medios de información, la predicción de que en 2007 se produciría una subida de temperaturas record, y una vez terminado el año se ha comprobado que la temperatura media de la Tierra durante ese año fue la menor de los últimos 10 años.

¿Quiero decir con esto que las alarmas por el cambio climático son injustificadas?

¡No!. Pero sí prematuras. Y exageradas a propósito por periodistas, políticos y escritores que ganan mucho más dinero de la venta de sus libros, conferencias y documentales alarmando a la sociedad que haciendo estudios serios y ponderados sobre el cambio climático.

Es evidente que hay Cambio Climático, siempre lo ha habido. También es cierto que la temperatura media de los últimos 30 años es algo más elevada que en los 30 años anteriores, pero tampoco más que en otros muchos períodos anteriores, como la época medieval, por ejemplo.

Por lo que se pueden plantear dudas es por si el calentamiento actual es debido sólo a causas naturales o si las actividades humanas están contribuyendo de algún modo a dicho cambio, y en eso no hay aún ninguna prueba que lo acredite, solo teorías y ejemplos ocurridos en lugares determinados de la Tierra que pueden servir para apoyar esta tesis, mientras que otros muchos ejemplos también podrían servir para refutarla.

Pero vivimos en una sociedad donde algunas personas quieren aprovechar el miedo y la ignorancia para conseguir beneficios particulares, y tal como en la antigüedad siempre han habido profetas del fin del mundo que a través del miedo han atraído a muchos seguidores, hoy en día utilizan incluso datos científicos para augurar grandes catástrofes. Con ello consiguen titulares en los periódicos, ventas desproporcionadas de libros y documentales con escaso rigor científico y una atención mediática que les garantiza el apoyo de políticos permitiéndoles ganar dinero asustando a la población.

El más claro exponente de este movimiento es Al Gore, que con su documental Una Verdad Incómoda ha aprovechado el miedo de la gente a una catástrofe planetaria para conseguir grandes beneficios de la venta de sus conferencias y documentales. También algunos políticos han alimentado el miedo al cambio climático pues los políticos saben que una sociedad asustada es más fácil de manipular.

Afortunadamente también han habido reacciones en sentido contrario entre ellas las de cada vez más científicos que no están de acuerdo con que se use la ciencia para alarmar a la sociedad y que se han desmarcado de los algoreros del calentamiento global.

La Teoría de los Rayos Cósmicos

Algunos de los pocos documentales que se han realizado para denunciar esta manipulación mediática son La Gran Estafa del Cambio Climático en la que se exponen varias contradicciones de los argumentos usados por los catastrofistas y, mucho más recientemente (Julio de 2009), El Misterio de las Nubes, en el que se propone una teoría que parece explicar con bastante exactitud los cambios climáticos ocurridos en el pasado.

Esta teoría (Ver esta página y esta otra) supone que el calentamiento o enfriamiento de la Tierra está provocado principalmente por las nubes. Mientras más nubes haya, más luz solar se reflejará al espacio sin alcanzar la Tierra y eso hará que bajen las temperaturas. Si hay menos nubes será mayor la cantidad de radiación solar que alcance los mares y continentes y eso generará más calor. ¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes?.
La causa principal de que haya más o menos nubes es el bombardeo de radiaciones cósmicas sobre la superficie de los mares. Las radiaciones cósmicas son partículas muy energéticas que provocan la evaporación del agua de los mares y la formación de nubes.

El Sol en la Vía Láctea Estas radiaciones vienen del espacio, desde todas las direcciones, principalmente desde nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, son generadas por las explosiones de novas y supernovas y llegan a la Tierra produciendo la evaporación de moléculas de agua de los mares en cantidad suficiente para generar nubes.

La cantidad de radiaciones cósmicas que llega a la Tierra depende de dos factores principales. El primero de ellos es la cantidad de estrellas, la densidad estelar, que haya alrededor de la Tierra.

La densidad estelar no es homogénea en nuestra galaxia, sino que hay una mayor densidad distribuida en varios brazos espirales. La Tierra da una vuelta alrededor de la galaxia cada 250 MM de años, aproximadamente. Como los brazos espirales siguen una mecánica diferente a la mecánica orbital, su velocidad de traslación es diferente, y eso hace que la Tierra atraviese los diferentes brazos, uno tras otro, pasando de forma sucesiva por zonas de alta densidad estelar y por zonas de baja densidad estelar.

Cuando la Tierra cruza un brazo espiral, con una alta densidad estelar recibe una mayor cantidad de rayos cósmicos y esto provoca que haya más nubes, lo que aumenta el albedo de la Tierra y, reflejando más radiaciones solares, hace que la Tierra se enfríe. Cuando la Tierra pasa por una zona entre dos brazos, la densidad estelar es menor, con lo que recibimos menos radiaciones cósmicas y se generan menos nubes, lo que hace que la Tierra se caliente.

Temperatura de la Tierra durante el paso de las Espirales Galácticas La Línea Roja muestra los cambios en la temperatura superficial del mar en los trópicos durante los últimos 500 MM de años.
La Línea Azul muestra la variación de la intensidad de los rayos cósmicos según el Sol atraviesa los diferentes brazos espirales de la galaxia.

El tiempo que el Sol tarda en atravesar los brazos espirales de la Vía Láctea y las zonas menos densas entre ellos se corresponden bastante bien con los cambios de temperatura de los últimos 500 MM de años, lo que daría una explicación convincente de los grandes ciclos climáticos.

Hay un segundo factor que altera la cantidad de radiaciones cósmicas recibida por la Tierra. La Tierra recibe rayos cósmicos procedentes de todas las direcciones del espacio, pero en su viaje a la Tierra tienen que atravesar el viento solar y los campos magnéticos del Sol y de la Tierra.

El Sol emite radiaciones y partículas en todas direcciones, y estas partículas viajan a altas velocidades hacia los confines del sistema solar. Cuando están bastante lejos las partículas se detienen y eso hace que alrededor del Sistema Solar hay una zona, de forma más o menos esférica, con una mayor concentración de partículas expulsadas por el Sol. Esta zona detiene con mayor eficiencia las radiaciones cósmicas y estas llegan en menor cantidad a la superficie de la Tierra, disminuyendo así la cantidad de nubes. Al mismo tiempo, tanto el Sol como la Tierra están rodeados de un gigantesco campo magnético capaz de desviar un cierto porcentaje de rayos cósmicos.

El escudo de partículas formado por el viento solar y el campo magnético del Sol dependen de las variaciones cíclicas de la actividad solar. La intensidad de la actividad solar sigue ciclos, algunos tan cortos como once años, otros mucho más largos, pero estas variaciones apenas representan un uno por mil de variación.
Es decir, la radiación solar emitida por el Sol puede variar en un rango de un uno por mil.
Si tenemos en cuenta que la Tierra, el 3 de Enero, cuando está más cerca del Sol, recibe un 7% más de energía solar que el 3 de Julio, cuando está más lejos, veremos que esa variación es muy pequeña y sus efectos sobre la temperatura de la Tierra serían casi insignificantes.

Sin embargo, en los períodos de mayor actividad solar aumenta el viento solar y la intensidad de su campo magnético, por lo que las radiaciones cósmicas son desviadas de una forma mucho más acusada.

Es decir, al aumentar la intensidad solar un escaso uno por mil, se reduce el bonbardeo de radiaciones cósmicas, se generan menos nubes y la Tierra recibe un (por ejemplo) uno por ciento más de calor del Sol. Por cada uno por ciento de aumento de la intensidad solar recibida, la temperatura media de la Tierra aumenta dos grados.
Y esta es la explicación de que pequeñas variaciones de la radiación solar puedan provocar una más importante variación de la temperatura media de la Tierra.

Una vez elevadas las temperaturas, los mares y océanos se van calentando, pero como tienen una gran inercia térmica tardan varios siglos en cambiar su temperatura media, y al subir las temperaturas, las bacterias y organismos que viven en los océanos aumentan su actividad generando más CO2 a la atmósfera.

Es decir, si la intensidad del Sol varía en un pequeño porcentaje, casi siempre alrededor del uno por mil, el escudo que protege al Sistema Solar aumenta o disminuye su espesor y las radiaciones cósmicas que caigan sobre la Tierra sufrirán una variación que porcentualmente puede ser más significativa que la variación solar.

Los estudios sobre la incidencia de rayos cósmicos y las temperaturas a lo largo de la historia han revelado una coincidencia muy exacta y, al compararlos con los niveles de CO2 atmosférico se ha encontrado también esta correlación.

Precisamente en el documental de Al Gore se menciona esta última correlación entre temperaturas y CO2, afirmando en su documental Una Verdad Incómoda que el incremento de CO2 es el que provoca la subida de las temperaturas, pero no dice que hace 500 MM de años el nivel de CO2 de la atmósfera era veinte veces mayor que hoy en día (7000 PPM), y no guardaba ninguna correlación con la temperatura. El CO2 de la Tierra ha venido descendiendo durante cientos de millones de años, y solo al alcanzar una concentración MUY baja su nivel parece haberse acoplado a la temperatura de la Tierra.

Es decir que si suben las temperaturas también sube el CO2.

¡¡Pero ese incremento se produce siempre entre cinco y ocho siglos después de la subida de temperaturas, lo que rebatiría por completo la teoría de que las emisiones de CO2 de la industria es la que provoca el cambio climático!!

Como muchas veces ocurre, los datos son ciertos, pero la forma de mostrarlos depende de lo que se quiere demostrar y eso hace que muchos pseudocientíficos exageren la importancia de los datos que parecen avalar sus teorías y minimicen, ignoren y oculten la de aquellos datos que tiendan a contradecirla.

Si esta teoría del cambio climático provocado por las variaciones de la intensidad del Sol como moderador de los rayos cósmicos que generan las nubes fuera cierta, las predicciones de muchos agoreros y profetas climáticos carecerían de sentido y el intento de controlar y retardar la industrialización de los países pobres para, supuestamente, salvar a las generaciones futuras, se revelaría como una de las mayores estupideces cometidas por la humanidad en toda su historia.

En cualquier caso, encontrar una respuesta definitiva e irrebatible sobre el origen del cambio climático puede llevarnos aún bastante tiempo, pero con toda seguridad NO ES la producción de CO2, es decir que el mercado de bonos de emisión inventado y promovido por el Protocolo de Kyoto se revela como una estafa que va a gravar con impuestos a las empresas, va a obstaculizar la industrialización que los países pobres necesitan para salir de la pobreza y solo va a hacer ricos a políticos y a los propietarios de las empresas dedicadas a comerciar con los bonos de emisión, uno de cuyos más importantes accionistas es el 'benefactor de la humanidad', Al Gore.

Los algoreros prefieren ignorar las noticias y los datos que contradigan sus teorías, presumir de que el consenso general de toda la comunidad científica apoya sus ideas y acusar de 'reaccionarios' e 'irresponsables' a aquellos que no estén de acuerdo con sus ideas.

Pero estos 'irresponsables' cada vez son más.

Cada vez hay más y más científicos que están en contra de la politización de la ciencia y que están convencidos de que los algoreros están equivocados o, peor aún, mienten a la opinión pública para conseguir favores políticos y beneficios económicos.

Y aunque, durante años, la mayor parte de los científicos se han mantenido en silencio y solo unos pocos se han atrevido a denunciar las manipulaciones, el número de científicos que no están de acuerdo con las conclusiones del IPCC se ha incrementado en los últimos años, creándose incluso proyectos para denunciar el Protocolo de Kioto y pedir su abandono. ( http://www.petitionproject.org ).

Mientras tanto las mentiras se multiplican, las noticias se exageran, las contradicciones se ocultan, y cualquier noticia sobre la Naturaleza es aderezada con grandes dosis de alarma y catastrofismo, así como un intento de culpar a la Humanidad de los cambios del clima y un ofrecimiento por parte de nuestros 'salvadores', de que si nos ponemos en sus manos ellos nos salvarán de nosotros mismos.

Pero conforme pasa el tiempo cada vez hay más pruebas de que los algoreros están equivocados o mienten, y que nuestra influencia en las temperaturas de la Tierra son muy inferiores a las que ellos presumen.

El 5 de Abril de 2007, por ejemplo, apareció en el periódico El Mundo una noticia sobre el cambio climático que se está produciendo en el planeta Marte. Si esta noticia es cierta, es evidente que dicho cambio no puede tener nada que ver con la actividad humana, con lo que de nuevo se plantea la cuestión de si el cambio climático que se está produciendo en la Tierra es consecuencia de la actividad humana o simplemente de la actividad solar.
Y si es así, puede ser que este aumento de la radiación emitida por el Sol sea una simple fase dentro de un ciclo astronómico, que dentro de algunos años volverá a producir un enfriamiento global (por favor, que no se alarmen los demagogos volviendo a prever una nueva glaciación) o un proceso que lleve a un nuevo punto de equilibrio en el que la Tierra reciba una cantidad de radiación solar anual mayor de la que hemos recibido hasta ahora.

En cualquier caso ¿qué podemos hacer?.

El razonamiento de los alarmistas es que debemos reducir las emisiones de CO2, ignorando los hechos que parecen demostrar lo equivocado de sus teorías. Las medidas a adoptar serían lo bastante costosas como para atrasar el progreso de la industria en los países pobres que más lo necesitan, gravar con impuestos a las empresas y ciudadanos y todo ese dinero los políticos lo destinarán a la investigación de medios para evitar el cambio climático. Bueno, todo menos el que se queden ellos y sus amigos.

Y con todas esas medidas ¿se evitará el calentamiento global?. No, según los defensores de esta teoría sólo lo atrasaremos un uno o un dos por ciento. Es decir, la situación a la que llegaríamos en el año 2100 se atrasará hasta el 2102. ¿No es un coste excesivo para tan parcos resultados?.

Pero hay medidas mucho más económicas y ecológicas. La primera de ellas es sencillamente aumentar el albedo de la Tierra, es decir, reflejar al espacio mucha más luz solar antes de que se convierta en calor.

Esto se conseguiría por el simple procedimiento de instalar espejos en los tejados de todas las casas de todas las ciudades y pueblos de la Tierra o, en su defecto, pintarlos con pintura reflectante o de piscinas color blanco. La luz recibida del sol se reflejaría al espacio sin llegar a convertirse en calor, con lo que conseguiríamos de una forma muy sencilla y económica un enfriamiento global apreciable.

Y en esto podemos participar todas las personas que lo deseen, simplemente subiendo al tejado de nuestras casas y cubriéndolos de espejos o cartones recubiertos de papel aluminio (un sustituto muy económico de los espejos), o de pintura plateada o blanca.

También podemos pensar de forma ecológica a la hora de comprar un coche, no solo eligiendo el menos contaminante, sino elegirlo también de color blanco o metalizado para que la mayor parte de la luz que caiga sobre él se refleje hacia el espacio. Eso será bueno para nosotros, pues no se calentará tanto cuando lo aparquemos al sol, lo que reducirá nuestro gasto de combustible en aire acondicionado, y también será bueno para la naturaleza, al impedir que la luz reflejada se haya convertido en calor.

A nivel municipal, la acción de los ayuntamientos debería ir encaminada a la plantación de árboles en las calles y avenidas y en parques en el interior de las ciudades y bosques alrededor de ellas, regadas por las aguas residuales de la ciudad.

Y para reducir el calentamiento provocado por la radiación absorbida por el asfalto de las carreteras, deberían plantarse árboles en los márgenes y medianas de todas las carreteras, así como investigar la posibilidad de crear algún tipo de asfalto que no absorba tanta radiación solar. Descarto, por supuesto, la posibilidad de pintar las carreteras de blanco, pues aunque esto podría contribuir a reducir el calentamiento de la Tierra, el efecto deslumbramiento haría que hubiese más accidentes de tráfico. Cuando existan coches inteligentes que puedan llevarnos a nuestro destino sin que tengamos que prestar atención a la carretera, entonces sí, seré partidario de que las carreteras se pinten de blanco, pero no mientras sigan circulando coches conducidos por humanos.

Con estas medidas tan simples, económicas y ecológicas (espejos, pintura y árboles) podríamos conseguir un enfriamiento sustancial de la temperatura global. Si el calentamiento que estamos sufriendo en este momento es un simple ciclo que se va a revertir, no habremos gastado tantas energías en una lucha quijotesca y casi inútil, y si el calentamiento ha venido para quedarse, habremos conseguido mucho más que con la paralización de la industria a nivel mundial.

No obstante, si es cierto que el calentamiento global se produce ¿Será esto suficiente?.

Puede que sí, y puede que no. Si la contribución de la humanidad al calentamiento global actual se debe, como pienso yo, principalmente al crecimiento de las ciudades de las últimas décadas, podría bastar. Si se debe a otras causas, sin duda ayudaría bastante, pero sin tener toda la información nadie podría asegurar si esas medidas serán suficientes o no.

Entonces, ¿qué más podríamos hacer?

Nota del Autor: Quien solo quiera información sobre la catástrofe del cambio climático para confirmar sus peores augurios y quien piense que la ciencia sólo nos causa problemas y que hay que detener el progreso para evitar la catástrofe, que no siga leyendo. Ni os vais a creer lo que sigue ni os va a servir de nada.

Pero quien esté dispuesto a conocer nuevas ideas y comprobar que la ciencia puede crear más soluciones que problemas, que siga adelante.

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