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Encontrados bajo la Basílica de San Pedro ¿Son los huesos verdaderos del apóstol?

Creada25-05-2017
Modificada25-05-2017
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Reseña del Documental Los Huesos de San Pedro de la serie Los Enigmas de Jesucristo

Los Huesos de San Pedro

En Noviembre de 2.013, el Papa Francisco mostró a los peregrinos nueve fragmentos de huesos que habían sido encontrados en una tumba bajo la basílica de San Pedro. Y básicamente estaba afirmando que esos eran huesos de San Pedro.

Pedro fue el discípulo más importante de Jesús, que lo acompañó durante todo su ministerio, con quien compartió casa, y a quien Jesús encomendó la dirección de la Iglesia cuando él faltase.

La tradición de la Iglesia ha difundido la idea de que Pedro fue el primer Papa, viajó a Roma y sobre su sepulcro se edificó la Basílica de San Pedro.

¿Podrá un análisis forense confirmar que esos huesos pertenecieron a Pedro?

La Vida de Pedro

Pedro es uno de los apóstoles de los que más conocemos su vida privada. Era pescador, iletrado, probablemente analfabeto, estaba casado y vivía en Cafarnaúm, a las orillas del lago Tiberíades. Había acogido a su suegra y durante bastante tiempo alojó a Jesús en su casa.

Era impulsivo y alocado, y a menudo se arrepentía de sus actos y palabras, pero fue el más leal discípulo de Jesús y quien siempre se mantuvo a su lado.

Su nombre era Simón, o Simeón, pero Jesús le llamó Cefas, que en arameo significa Piedra, porque por su carácter sería la piedra angular del movimiento que estaban iniciando.

Durante varios meses lo acompañó en su ministerio por toda Galilea. Después viajó con él a Jerusalén donde participó en su entrada triunfal en la ciudad y en la expulsión de los mercaderes del Templo.

La Última Cena se celebró en un ambiente cordial y distendido, con los apóstoles alegres comentando los sucesos del día y confiando en un esperanzador futuro donde se liberarían del dominio romano.

Entonces Jesús dio un vuelco a la cena afirmando que esa noche sería entregado por uno de ellos y que todos le abandonarían. Pedro juró que él no lo haría, a lo que Jesús respondió afirmando que antes de que el gallo cantase le habría negado tres veces.

A la pregunta de cuál de sus discípulos le entregaría, Jesús respondió que aquél a quien diera el trozo de pan que sostenía, e inmediatamente se lo dio a Judas.

Siempre me ha sorprendido lo absurdo de este relato. Le preguntan quién es el traidor y Jesús señala específicamente a Judas, pero según los evangelios parece que ninguno de los apóstoles se entera, y cuando Judas se va de la cena nadie sospecha de sus intenciones.

Como el relato evangélico es tan absurdo y contradictorio, en la recreación del documental sugieren que los apóstoles quedaron tan anonadados que no supieron reaccionar a la traición y marcha de Judas.

Cuando Jesús fue hecho preso, todos los apóstoles huyeron, ya que según la ley, si una persona es detenida y ejecutada por rebelión o sedición, todos sus seguidores deben correr la misma suerte.

Pedro siguió al pelotón de arresto hasta el patio del Sanedrín, donde en las siguientes horas fue reconocido como acompañante de Jesús, pero el negó conocerle. Tres veces. Después se oyó el canto del gallo.

Tras la muerte de Jesús, apesadumbrado por su traición, Pedro regresó a Galilea y retomó su trabajo como pescador. Hasta que Jesús resucitado se le apareció y le preguntó si le amaba. Tres veces. Tras lo cual le confió el cuidado de su rebaño.

La Tumba bajo el Vaticano

Según la tradición cristiana, al final de su vida Pedro viajó a Roma donde murió y fue sepultado.

Nunca han habido pruebas, hasta que en 1.939 el Papa Pío XII decidió acondicionar una parte de las catacumbas subterráneas que había bajo el Vaticano y donde él quería ser enterrado.

Los obreros descubrieron unas galerías enterradas y una calle que iba hasta un altar. Y a los pies del altar se encontraron unos huesos.

El examen forense de los restos determinó que correspondían a tres personas, una de ellas mujer, y algunos huesos de animales.

También se localizó una extraña e indescifrable inscripción en el yeso de un muro. El muro se abrió, respetando la inscripción, y en su interior se localizaron unos huesos que fueron guardados en una caja de zapatos.

Años más tarde, en 1.965, la arqueóloga y epigrafista Margherita Guarducci examinó la inscripción y pudo traducirla: "Pedro está dentro".

Guarducci localizó los huesos guardados en una caja de zapatos e hizo que fueran examinados por antropólogos forenses de la Universidad de Palermo, y éstos certificaron que los huesos correspondían a un varón corpulento que falleció con entre 60 y 70 años.

Al coincidir los datos conocidos con la descripción de Pedro, parece que efectivamente estos son sus restos, y esos huesos son los que fueron mostrados por el Papa Francisco en 2.013.

El Apóstol Pedro en Roma

Si nos guiamos únicamente por el Nuevo Testamento, Pedro nunca estuvo en Roma.

Ninguno de los Evangelios, ni los Hechos, ni las Epístolas afirman o sugieren en ninguna parte que Pedro hubiese viajado a Roma.

Quien sí estuvo en Roma fue Pablo, a quien se le atribuyen la mayor parte de las epístolas del Nuevo Testamento, y que conoció a Pedro en Antioquía.

Pero Pablo, que vivió varios años en Roma, se entrevistó con muchos cristianos importantes y dejó numerosos escritos dirigidos a las iglesias cristianas, nunca mencionó que se encontrase con Pedro en Roma.

Pedro y Pablo eran muy diferentes. Pedro era un pescador inculto, con más corazón que cerebro y que hasta su apostolado nunca había salido de Galilea. Pablo, en cambio, había recibido educación, conocía varios idiomas y era cosmopolita. Y Ciudadano Romano.

Cuando Pedro y Pablo se encontraron en Antioquía, discutieron fuertemente sobre las doctrinas que estaban predicando. Esa es la última mención a Pedro en los Hechos de los Apóstoles. Desde ese momento nunca más es mencionado.

Sí lo mencionan algunas tradiciones cristianas, escritas por cristianos del siglo II y siguientes, que afirman que Pedro viajó a Roma en la década de los años 50.

Dentro de las catacumbas de San Sebastián, bajo la ciudad de Roma, se han encontrado los restos enterrados de una villa romana donde la tradición cristiana afirma que Pedro estuvo viviendo y cumpliendo su misión apostólica.

No existe ninguna prueba de ello. Nadie lo mencionó en el siglo I. Algunos cristianos lo sugirieron en el II. La idea se difundió en el III y en el IV todo el mundo lo asumió como cierto, como puede demostrarse en las numerosas inscripciones encontradas en las catacumbas y en los textos de la época.

Las primeras menciones a la presencia de Pedro en Roma se refieren más bien a la redacción del Evangelio de Marcos, donde algunos cristianos del siglo II afirmaban que Marcos escribió su evangelio en Roma basándose en sus recuerdos sobre los sermones de Pedro.

Fuentes romanas, como Tácito (55 a 120), mencionan a los cristianos ya en el año 64, cuando Nerón les culpa de un desastroso incendio en Roma y los persigue, tortura y ejecuta, crucificándolos o arrojándolos a la arena del coliseo para ser víctimas de fieras y gladiadores. Pero no se menciona a Pedro.

Tertuliano, en el siglo III, afirma que Pedro fue capturado en esas detenciones y sentenciado a ser crucificado. Y un par de siglos más tarde se indica que, no considerándose digno de tener la misma muerte que Jesús, pidió que le crucificaran al revés, con la cabeza abajo.

Las Pruebas Científicas

Con los avances de las técnicas de datación más modernas podría averiguarse si los huesos mostrados por el Papa Francisco corresponden a una persona del Siglo I, pero la Iglesia no permite hacer esas pruebas.

Sin embargo, en una basílica de Tongeren, Bélgica, se conservan dos dientes que fueron enviados desde Roma en el siglo VII y que supuestamente pertenecen al cráneo de San Pedro.

Un análisis de Carbono 14 indica que los dientes pertenecieron a una persona que vivió entre los años 250 y 340. No son dientes del Apóstol San Pedro, pero no significa que sean una falsificación, tal vez se trate de un error de identidad.

En el año 304 murió en Roma otro mártir llamado Pedro y que más adelante fue convertido en Santo. Es posible que, cuando 300 años más tarde se enviaran dos de sus dientes a Bélgica, los sacerdotes así lo hicieran constar, pero siendo este santo más o menos desconocido con el tiempo los aldeanos creyeran que ese San Pedro era el Apóstol, y tal vez hasta los sacerdotes que en los siglos siguientes rigieron la parroquia olvidasen la verdadera identidad del San Pedro cuyos dientes estaban allí en custodia.

Mientras tanto, los huesos hallados bajo la Basílica de San Pedro siguen guardados y es muy improbable que la Iglesia permita que se realicen unos análisis cuyos resultados podrían contradecir la fe de millones de cristianos.

En mi opinión

No me sorprende, porque ya lo he visto en varias ocasiones, que los creyentes de tres siglos más tarde sepan mucho más de Pedro de lo que sabían sus contemporáneos. A veces incluso cuando los contemporáneos no sabían NADA.

Así se alimentan y crecen las leyendas, mitos y mentiras.

Sobre el otro San Pedro de Roma, sólo se da una información, que murió en el año 304, y por una somera búsqueda en Internet, localizo a San Pedro el Exorcista. Supongo que se trata de él.

Por lo demás, no es un documental muy bueno, da pocas informaciones novedosas y no aporta pruebas de lo que promete. Y la dramatización narra una historia que se atiene a la versión canónica de los evangelios, con mucho más drama que historia.

Ver Ficha de Los Huesos de San Pedro de la serie Los Enigmas de Jesucristo

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