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Bienvenidos a Libertad 18: Una voz en la noche les da un objetivo que alcanzar, pero hace falta tener un futuro para conseguirlo.

Creada10-03-2013
Modificada15-06-2015
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Agosto5

 

Bienvenidos a Libertad, Juan Polaino

Libertad 18

La alarma sonó a las dos y media de la madrugada despertando a Karel y Choral, que dormían abrazados en el dormitorio de aquél.

Karel se levantó con rapidez y cogió la consola que estaba sobre la cómoda.

— ¿Qué ocurre?. — preguntó Choral.

— Han llamado por radio. Programé el ordenador para que me avisase si llamaban.

Activó la radio y pidió la repetición del mensaje.

— ¿Qué es esto?. — dijo Karel mirando extrañado la consola.

Volvió a pedir el mensaje.

Lo que oyeron fue una voz que pronunciaba unas palabras ininteligibles.

Volvieron a oírla varias veces, cambiando la velocidad de reproducción. Más lento, más rápido, era inútil. Aunque los sonidos eran perfectamente reconocibles como una voz humana, las palabras que pronunciaba eran desconocidas para Karel y Choral.

— Boidabeko, ¿no será la voz de Kander?.

— No. Los kander no hablan. Al menos de una forma que nosotros podamos oír. Más bien parece la voz de un niño.

Repitió el mensaje varias veces más sin que llegara a captar el significado de ninguna de las tres palabras que lo componían.

— Es inútil. — dijo por fin — No se entiende nada de lo que dice. Será mejor que vayamos a dormir.

Volvieron a tumbarse sobre la cama, acomodando sus cuerpos para dormir abrazados.

Choral estaba a punto de dormirse de nuevo cuando sintió que Karel se separaba suavemente de él.

— ¿Qué pasa ahora?. — preguntó somnoliento.

— Voy a mirar algo. Duérmete Koideso.

Éste se preguntó cómo pensaba Karel que se iba a dormir con la curiosidad de saber lo que significaba ese mensaje.

A pesar de todo, estaba de nuevo a punto de dormirse cuando oyó una exclamación de Karel.

— ¡Por los Antepasados!.

Resignado, abrió los ojos. Karel estaba sentado en la mesa del dormitorio. Ante él tenía la consola, en cuya pantalla pudo reconocer la misma imagen que le había mostrado aquella tarde.

Levantándose con esfuerzo, se dirigió a él.

— Koideso, — dijo Karel al verle levantado — mira esto.

La imagen era la misma, pero en la parte inferior, a la izquierda, se habían añadido los intentos que hizo Torio por comunicar con la Tierra. A la derecha había también una línea más que debía ser el mensaje que acababan de recibir.

— Sí, ¿qué pasa?.

— ¿Recuerdas las tres líneas solitarias que me hiciste notar esta tarde?. Pues también eran mensajes idénticos a éste. Debe ser una grabación. Pero no tiene ninguno de los códigos de inicio y fin de mensaje que usamos normalmente, por eso el ordenador no avisó al ser una transmisión tan corta. Pero ahora tenía órdenes de avisarme.

— ¿Eran idénticos?.

— No sólo eso. Los cuatro mensajes se han recibido aproximadamente con tres días y medio de diferencia entre cada uno de ellos. Eso significa que es un mensaje automático. Seguramente lleva emitiendo desde...

— O sea, que volverán a llamar dentro de tres días y medio, ¿no?.

— Espero que sí.

— Entonces vámonos a la cama. No pienso estar levantado esperando tres días y medio hasta que vuelvan a llamar.

* * * * *

— Lodren, ¿podemos saber de dónde viene el mensaje?.

— No lo creo. Tendríamos que tener cuatro receptores separados por un mínimo de tres mil metros para saber exactamente la dirección de la que viene. Sólo tenemos dos de suficiente potencia, la radio de la lanzadera no llegó a captar ninguno de ellos. No obstante, con las dos radios colocadas a tres mil o cinco mil metros de distancia, podríamos calcular la diferencia de tiempo en que cada una de ellas recibe el mensaje. Si las dos radios recibiesen el mensaje en la misma millonésima de segundo, significaría que el origen está en cualquier punto del plano que pasa perpendicularmente por el centro de los receptores. Si la diferencia de tiempo fuese la misma que tardaría la luz en llegar desde un receptor hasta el otro, significará que el origen está alineado con los dos receptores, lo cual sería una suerte increíble, pues nos señalaría exactamente la dirección de la fuente. En cualquier otro caso tendríamos una superficie de generación hiperbólica más o menos abierta. La emisión se puede haber producido en cualquier punto de esa superficie.

— ¿A qué distancia?.

— Eso ya sería más difícil de saber. La potencia de una transmisión electromagnética disminuye con el cuadrado de la distancia. Si colocásemos dos receptores a mil Km de distancia entre sí y el emisor estuviera en la misma línea recta a mil Km del primero, éste recibiría una emisión cuatro veces más potente que el segundo receptor. Pero a cien mil Km la diferencia sería de... un dos por ciento, más o menos. Y a la distancia de Marte sería... Espera un momento.

Lodren abrió la consola del ordenador e hizo unos cálculos.

— Sí. Esto es... unas cinco cienmilésimas, menos la pérdida de precisión por la debilidad de la señal... y teniendo en cuenta que... Bueno, por la precisión de la medida, según la diferencia en la intensidad de la señal podríamos deducir la distancia, pero sólo si no está más lejos de... unos 200 Millones de kilómetros. Si está más lejos la diferencia de intensidad de la señal es inferior a la precisión de los sensores.

— No he entendido nada.

— Que si la señal viene de Marte podremos saberlo. Si viene de Júpiter no sabremos si viene de Júpiter o de una estrella que esté detrás a años luz de distancia.

— Pero si hacemos varias lecturas sucesivas podríamos averiguarlo.

— Sí, claro. Observando si el origen de la señal cambia respecto al fondo estelar.

— ¿Puede ser un mensaje de los Antepasados?. — preguntó Diren.

— Es lo que creo. — contestó Karel — Quizás los Antepasados dejaron alguna máquina que emitiese el mensaje cada cierto tiempo antes de desaparecer.

— ¿Has pensado que quizás queden Antepasados vivos?.

Karel recapacitó detenidamente sobre ello antes de contestar.

— No lo creo. Sería estupendo que los hubiera y pudiéramos comunicarnos con ellos, pero creo que es un mensaje automático. Además, ignoramos la dirección y la distancia a la que están.

— Quizás no. Dijiste que el mensaje se ha producido con una diferencia de tres días y medio. ¿Podrían ser tres días, trece horas, trece minutos y cuarenta y dos segundos?.

— No lo he calculado al segundo. — dijo Karel con asombro — Sí, podría ser ese tiempo. ¿Cómo lo sabes?.

— Suponiendo que fueran los Antepasados, es evidente que el mensaje tiene que proceder de dentro del sistema solar. Ahora bien, ¿por qué tres días y medio?. Acabo de mirar en el ordenador los períodos de revolución y traslación de todos los cuerpos importantes del sistema. El período de traslación de una de las lunas de Júpiter es ese tiempo exactamente. No están fuera de nuestro sistema. Están en la cuarta luna de Júpiter.

— ¡Bien!. — dijo Lodren al cabo de unos segundos, levantándose — como ya no me necesitáis, me iré a seguir mi trabajo.

— Espera, Lodren, tenemos...

— Tenemos que construir una nave capaz de llegar a Júpiter y volver si no encontramos a nadie en casa. No creo que sea difícil. De hecho, ayer me diste una idea... Tengo que solucionar varios problemas pero creo que conseguiré algo mejor que éso, aunque aún no sé cuantos hombres van a viajar con nosotros.

* * * * *

— ¡No iremos ninguno!.

Choral contempló desanimado a Kestar Ramejo. Estaban en el anfiteatro, lugar preferido por todos para hablar desde que Karel les expusiera los hechos que habían descubierto. No había sido una reunión convocada. Simplemente varios grupos se empezaron a reunir y discutir entre ellos. Conforme llegaban más hombres se unían a la discusión sin que llegaran a ponerse de acuerdo.

— Kestar, — dijo — puedes hablar por ti. Puedes tomar la decisión que quieras, pero no puedes imponer tu opinión a los demás. Si alguno prefiere venir con nosotros...

— No. Nadie está tan loco que prefiera irse con una pandilla de maníacos. He hablado esta mañana con Torio y me ha dicho que el que se quiera ir con Karel es que está loco. Él no piensa permitir a sus hombres que se unan a la expedición de Karel. Y aunque yo estoy a las órdenes de Lodren, no pienso obedecerle si se ha vuelto loco.

— Puedes desobedecerle si quieres. Y los hombres de Torio pueden desobedecerle también si prefieren venir con nosotros. Pero pregúntate si podríais desobedecer en la Tierra. No. En la Tierra os sería imposible pensar siquiera en desobedecer porque los kander os lo impedirían. Es lo que Karel dijo ayer. Tenemos libertad, podemos elegir, es algo que nunca hemos tenido.

— Y ¿para qué queremos esa libertad?. No le ha servido de nada a Pactor. Lo he visto esta mañana y es un vegetal, hay que darle la comida obligándole a tragar. ¡Se ha vuelto loco con todas estas estupideces!. Y así acabaréis todos.

— Es posible que Pactor no haya podido soportar la libertad. Tal vez tú y algunos más no la queráis, pero en este momento la tenéis. La estáis usando. ¡Estáis eligiendo!. Si no quisieras la libertad obedecerías a Lodren. Pero no lo haces porque has elegido. Tienes que dejar que los demás también elijan.

— Yo no quiero la libertad — dijo otro hombre del corro que se había formado a su alrededor — si eso significa que cualquiera puede quebrantar los Mandamientos. Tengo miedo de lo que puedan hacer los demás. ¿Y si alguno decide matarme por la noche mientras duermo?. Sin Mandamientos no hay nada que se lo impida. Esta noche apenas he podido dormir. ¡De miedo!. ¿De qué sirve la libertad si no podemos confiar los unos en los otros?.

— A mí me ha pasado lo mismo. — dijo Poster — He tenido que irme y buscar una casa para dormir solo y con la puerta cerrada. Y no he sido el único. No creo que hayan dormido más de treinta hombres en los dormitorios.

— ¿Alguno de vosotros ha pensado en matar a un compañero mientras dormía?.

— No, desde luego. Sería absurdo.

— Pues ese es todo el control que necesitáis. Seguimos teniendo los Mandamientos. Podemos quebrantarlos si queremos pues los kander ya no nos controlan. Pero podemos controlarnos nosotros mismos.

— Y ¿de qué servirá que tengamos libertad si no podemos reproducirnos?. Todas las madres están en la Tierra. Si huimos de Kander no tendremos más niños y moriremos de viejos sin tener nadie a quien enseñar lo que sabemos.

— No lo sé. — confesó Choral — No se me había ocurrido. Quizás pudiéramos clonar madres, no sé. Tendríamos que preguntar a Lodren.

— No hace falta. — contestó Dicas — Yo sé más que Lodren de genética. Es bastante fácil clonar madres, pero lo difícil sería completar una gestación extrauterina. No tenemos medios para conseguirlo. Si huimos de Kander, la nuestra será la última generación de hombres libres.

— Podríamos robar las madres a los kander. — sugirió Choral.

— ¿Sí?. ¿Cómo?. — preguntaron varios riendo.

— No lo sé. No he pensado en ello. Pero seguro que hay un medio. Siempre hay un medio para conseguir cualquier cosa.

* * * * *

— ¿¡Robar las madres!?.

— Sí, Boidabeko. He estado pensando en ello. Los hombres tienen razón. Huir de los kander sin tener mujeres que nos den niños sería nuestro fin como raza. Si pudiéramos...

— Es imposible, Koideso. Si bajamos a la Tierra los kander nos detectarán de inmediato. No sólo eso, estaremos de nuevo en su poder y nos controlarán o nos matarán sin que podamos hacer nada por defendernos.

— Hay alguien que podría bajar a la Tierra: Diren. Recuerda que él puede controlar sus emociones de tal forma que los kander no lo detectarían. Él podría descender a la Tierra sin que...

— Olvídalo, Koideso. Aunque Diren pudiera bajar a la Tierra sin que le detectasen, los radares detectarían su nave. Si no la detectasen, tendría que llegar hasta la ciudadela sin que le vieran. Si no le vieran tendría que entrar en el recinto de las madres. ¡Y ellas se asustarían al ver un hombre en el recinto!. No hay forma de que los kander no lo percibiesen.

— Tienes razón. — dijo Choral desanimado — Entonces no hay esperanza de que podamos...

— Vamos, Koideso. No te desanimes tanto. Tú eres el que siempre dice que no hay que perder la esperanza. Estamos vivos y no estamos controlados por los kander. Quizás no podamos ahora, ni este año, pero el que viene ¿quién sabe?. Ve entre los hombres, habla con ellos, di que mientras tengamos vida y libertad hay esperanza. Tendremos madres algún día. Tendremos mujeres. Lo importante es que tengamos libertad para conseguirlo.

* * * * *

Karel estuvo pensando en ello casi toda la noche. A la mañana siguiente reunió a Lodren y Diren y les habló de la idea de Choral.

— ¡No!. ¡Ni hablar!. ¿Cómo puedes pensar que podría...?

— Calma, Diren. No te estoy proponiendo que lo hagas. Sólo estoy preguntando si sería posible.

— No lo sé. ¡Ni me importa!. No pienso volver a la Tierra nunca, ¡jamás!. Ahora que por fin soy libre no pienso arriesgarme a caer de nuevo bajo el control de los kander.

— Ni yo te lo pediría, pero los hombres tienen razón. ¿Qué haremos dentro de algunos años cuando no tengamos niños a los que enseñar ni que continúen lo que hemos empezado?. Me pregunto para qué va a servir todo esto si no hay nadie que lo pueda continuar.

— Bueno, — intervino Lodren — sería posible diseñar una substancia que disminuyera la emotividad de una persona durante varias horas. Eso haría que fuese invisible a los kander pero no a los demás hombres. Ni a las mujeres. Por otro lado, no creo que pueda diseñar una droga tan específica que no disminuya la coordinación, los reflejos y la razón de un hombre. Y tampoco veo cómo un hombre podría entrar en el recinto de las madres sin que éstas se aterrorizasen alertando a los kander.

— ¿Y las niñas?. — dijo Karel — Las mujeres crían niños para servir a los kander y niñas para sustituirlas en la reproducción cuando son demasiado viejas. Durante el primer año de su vida están juntos en la incubadora para luego ir a las guarderías. No sé donde está la guardería de las niñas, y creo que sería tan peligroso verlas como ver a las madres. Pero en la incubadora sólo hay niños y niñas de menos de un año que no se asustarían al ver hombres.

— Y ¿cómo podríamos llegar hasta allí?.

— Los kander mantienen las guarderías y la incubadora fuera de la ciudadela, nunca se me ocurrió porqué. Ahora comprendo que si perciben nuestras emociones, para ellos debe ser muy molesto soportar los sentimientos incontrolados de los niños. Sólo entramos en la ciudadela a partir de los siete años, cuando empezamos a pensar por nosotros mismos y tienen que empezar a controlarnos más de cerca.

— Pero hay madres cuidando a los niños. Se aterrorizarán al vernos alertando a Kander.

— No he resuelto ese problema todavía. Por eso os necesito, para que me ayudéis a pensar.

— Es inútil pensar nada. — dijo Diren — La idea de Choral es imposible. ¡Kander! Mira lo que estás diciendo. Traer niñas, traer madres que las cuiden. ¿Cómo?. ¿Por qué no pides también traer la Luna?. Sería más fácil que todo eso.

— No sé si podríamos traer mujeres. Si no podemos no me importa con tal de que traigamos niñas.

— ¡Oh!. Niñas de menos de un año. ¿Y quién va a criarlas?

— Nosotros. Aprenderemos a criarlas y algún día tendremos madres.

— O mujeres. — corrigió Lodren.

Diren los miró a los dos, incrédulo. Después sacudió la cabeza.

— Estáis locos. Estáis para que os encierren. ¿Lo sabéis?

— Sí, Diren. — dijo Karel riendo — Y me encanta.

— Pensaré en ello, — dijo Lodren — aunque no te prometo nada.

— Yo también pensaré, pero no bajaré a la Tierra aunque me lo ordenes.

* * * * *

— ¡Vamos, salta!

Choral contempló a Draken en el interior de la cúpula. Se dirigía al extremo opuesto, flotando lentamente en la casi inexistente gravedad del eje.

Estaban en una enorme esfera de cuarenta metros de diámetro con paredes de un material plástico transparente. Había varios hombres jugando con una pelota que rebotaba de una manera casi impredecible en las paredes. Su objetivo parecían ser unas placas circulares situadas en extremos opuestos de la esfera.

— De verdad que sabéis llevarme a sitios increíbles.

— Venga, salta de una vez, no te vas a hacer daño.

Choral se separó lentamente de la pared. Su camino se dirigía hacia el extremo opuesto de la esfera. De pronto vio pasar ante él una pelota y se sobresaltó.

— ¡Eh!. ¡Cuidado, vosotros!. ¡Que hay gente aquí arriba!

La pelota, lanzada por uno de los hombres que estaban jugando, rebotó tres veces en las paredes antes de volver al grupo de jugadores. Uno de ellos la cogió y se la arrojó a otro hombre situado a unos diez metros de distancia, quien la arrojó contra el marcador, produciendo un sonido totalmente distinto al de los rebotes.

Sintió que alguien le cogía de un pie y le hacía girar en el aire. Baltis, que había venido desde abajo

(¿abajo? ¿dónde está abajo?)

había utilizado su impulso para arrojarle en una dirección totalmente distinta mientras él se dirigía hacia Draken.

Esta vez fue Draken quien cogió a Baltis por la muñeca y, tras dar un par de vueltas en las que éste se intentaba liberar, lo arrojó hacia el grupo de hombres que había junto al marcador.

Choral descubrió que podía controlar el giro de su cuerpo usando sus brazos y manos como timones, apoyándose en el aire, lo cual no impidió que chocara de espaldas con la pared y saliera rebotando en otra dirección.

— ¡Eso no ha tenido gracia! — protestó.

Pero Baltis estaba demasiado atareado discutiendo con los hombres a los que había interrumpido el juego.

— ¡Si queréis jugar esperad que terminemos! ¡Nosotros llegamos primero!

— ¡Está bien, ya nos vamos!. Pues vaya cómo se ponen por un estúpido juego. ¿Os queda mucho para terminar?

Choral pudo por fin controlar un rebote en la pared para dirigirse hacia la puerta. Ésta cedió ante la palma de su mano y se agarró al marco para evitar chocar con la red exterior.

— ¡Uff!. Vaya sitio. ¿Quién lo ha descubierto?

— Lo descubrió ayer Tilo, — dijo Draken que había salido tras él — pero cometió el error de contárselo a todo el mundo.

— ¿No fuisteis a la biblioteca?

— ¡Qué va!. Fuimos pero había tantos hombres mirando los libros que nos fuimos a investigar por ahí. Son buenos tipos. Y muy divertidos. ¿Crees que formaríamos un buen trío?.

— ¡Eh, Draken, Choral!. ¡Cerrad la puerta!. Me voy a quedar a jugar un rato.

— No lo sé. — contestó Choral cerrando la puerta de la esfera — Los grupos de tres o más hombres no suelen durar mucho. Casi siempre acaba yéndose alguno. Una pareja suele ser más estable.

— ¿Cuanto hace que estás con Karel?

— ¡Casi un año!. — contempló a los hombres que jugaban en el interior — No creo que nos separemos en mucho tiempo. Cuando quieres a otro hombre, cuando lo quieres de verdad, te fijas en todo lo que hace, en todo lo que dice. Acabas conociéndolo mejor que a ti mismo. Y, si tienes la suerte de que ese hombre también te quiere, no hay nada más importante que el amor que os une.

— ¿Cómo os conocisteis?

— Fue mi segundo tutor cuando salí de la guardería. Me enseñó geometría y física. Y fue muy dulce cuando me inició en el sexo. Después, cuando cumplí el pupilaje, nos separamos y estuvimos durante varios años viéndonos de tarde en tarde. Hace tres años me asignaron un niño. Tuve algunos problemas con su educación y fui a consultarle. Empezamos a vernos cada vez más a menudo. ¡Me confesó que él también había consultado a su antiguo tutor varias veces durante mi aprendizaje!. ¿Sabías que uno de sus tutores había sido Lodren?. No sé en qué momento exacto me di cuenta de que me había enamorado de él, pero Karel en aquella época estaba enamorado de Tanis. Cuando éste murió, Karel quedó destrozado. Comencé a verle con más frecuencia, él lo necesitaba. Después, cuando terminé de enseñar a mi pupilo, se lo asignaron a otro tutor y Karel y yo nos hicimos amantes.

— Supongo que debió pasarlo muy mal. Cuando encontramos los restos de Remo, Poster sufrió mucho. Se recuperará, todos intentamos ayudarlo. Supongo que todos lo superaremos.

Choral permaneció en silencio unos minutos comprendiendo el dolor de Draken. Yalo, su amante, la persona que más le importaba en el mundo, estaba en la Tierra. Había salido para estar fuera un par de meses y quizás no le volviera a ver.

— ¿Crees que Kander nos matará si volvemos a la Tierra?

— Sí.

— Me gustaría decírselo a Yalo. Decirle porqué no puedo regresar.

— No puedes. No debes. Todos los que están en la Tierra viven porque son útiles a los kander. Si se lo dijeras a Yalo, él empezaría a hacerse preguntas sobre cosas que nunca había pensado. Se volvería rebelde y los kander le matarían. Mientras no sospeche nada de los kander, seguirá vivo. Por eso han cortado las comunicaciones. No pueden arriesgarse a que ningún hombre se entere de lo que hemos hecho. Son mucho más débiles de lo que siempre hemos pensado.

— ¿Qué crees que le habrá pasado a Korander? Torio se lo contó todo.

Choral no contestó. No sabía lo que habría sido de Korander, pero temía que se hubiera hecho preguntas, que hubiera pensado...

Contempló el partido unos minutos en silencio.

— ¿Sabes?. Me pregunto cómo será todo dentro de algunos años. Iremos a alguno de los lugares que los Antepasados tenían en el espacio. Intentaremos vivir según unas normas desconocidas aún para nosotros. Tal vez podamos aprender más cosas sobre los Antepasados. Algún día los kander se irán y podremos volver a la Tierra a enseñarles a todos a vivir en libertad.

— ¿Crees que se irán?

Dejó pasar unos minutos antes de responder.

— Estoy leyendo los libros de Isai Draikas. En uno de ellos tuvo que usar la violencia para expulsar a unos enemigos de su casa. Nunca creí que diría esto, pero estoy dispuesto a usar la violencia contra los kander para liberar a los hombres que han quedado en la Tierra. Para echar a los kander de nuestro planeta.

* * * * *

— ¿Puedes hacerlo?

— Probablemente sí. Aunque aún no sé de qué serviría. No creo que...

— Los problemas, de uno en uno, tienen fácil solución. Primero intenta resolver éste. Después resolveremos los demás.

— Eso es lo que dice Isai Draikas.

— ¿Acaso es mentira?

   

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