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Bienvenidos a Libertad 9: Lo que Karel no quería creer, resulta ser cierto. Han sido engañados.

Creada10-03-2013
Modificada15-06-2015
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Septiembre5

 

Bienvenidos a Libertad, Juan Polaino

Karel 9

— ¡¡AGUA!!

— ¿¿Cómo??

— ¡Hay agua en el río!

Los gritos se sucedían saltando de boca en boca a lo ancho y a lo alto de toda la cara interna de la estación. De hecho, si alguien gritaba lo suficientemente fuerte su grito podía llegar a oírse en el interior de toda la Esfera por lo que pronto casi todos los hombres estaban corriendo hacia la orilla del río.

Desde allí pudieron ver pequeños regueros de plata que surcaban la capa impermeable del lecho del antiguo río para unirse, justo en el ecuador, en una pequeña charca de apenas cinco centímetros de profundidad, dos o cuatro metros de ancho, según los sitios y cinco mil seiscientos cincuenta metros de largo que servían de cinturón a la Esfera.

Algunos hombres, entusiasmados, se quitaron los trajes, a pesar de que aún hacía bastante frío, y corrieron hasta el centro del río donde empezaron a revolcarse en la fina capa de agua, saltando y salpicando a quien cometiera la imprudencia de acercarse demasiado.

— ¡Está helada!

— ¡Qué va, está fresquita!

Siguieron así durante un rato y pronto quedaron todos cubiertos de un fino lodo que les cubría el cuerpo por completo.

Lodren, vestido con el traje de vacío pero sin el casco, recorría desesperado el río buscando entre aquellos cuerpos color chocolate el de algún conocido.

— ¡Toper! — gritó cuando al fin lo encontró — ¡Bendito sea Kander! Ven conmigo. Tenemos que ir a la depuradora más cercana y ver cómo podemos hacerla funcionar. Vamos, hombre, no te quedes parado. Sígueme.

Lodren siguió corriendo y salpicando agua a lo largo del río hasta que resbaló cayendo despatarrado en una explosión de agua y fango que hizo estallar en carcajadas a Toper y varios más que tuvieron el placer de contemplar la aparatosa caída.

* * * * *

— Al parecer, los cristales de los ventanales debieron romperse al mismo tiempo que el espejo exterior. El aire de la estación tardó un par de días en escaparse y al disminuir la presión atmosférica el agua del río entró en ebullición y se evaporó. Pero el agua que empapaba el terreno se congeló antes de llegar al río. Cuando hemos calentado de nuevo la estación, el agua ha comenzado a fluir de nuevo. Toper y yo hemos estudiado una de las depuradoras y, tras deducir su funcionamiento, está dirigiendo a algunos de mis hombres en la construcción de un sistema de alimentación eléctrica que la haga funcionar. Pronto tendremos toda el agua potable que podamos necesitar.

Aunque se había lavado la cara, Lodren aún tenía restos de barro por el cuello y el pecho, resultado del fango que le entró en el traje cuando cayó al río, lo que hacía que los demás le observasen divertidos, pues contrastaba con el resto de ellos que, o bien no se habían bañado en el barro, o bien, cuando el río adquirió mayor profundidad, se dieron un segundo baño con el agua ya más limpia.

Karel apartó la vista de él al tiempo que agitaba la cabeza.

Estaban reunidos en el extremo de un muelle a cuyo lado descansaban escoradas varias embarcaciones de remos. En las quince horas transcurridas desde la madrugada, momento en que el agua había comenzado a fluir, el río se había ensanchado hasta unos veinte metros, teniendo un metro de profundidad en la parte más honda y no parecía que fuera a seguir creciendo. Sólo en algunos sitios el agua llegaba a regar lo que cuarenta años antes habían sido las orillas.

La temperatura del aire había subido ya hasta unos veinte grados y, aunque la eterna brisa de la estación les hacía sentir algo más de fresco del que realmente hacía, desde varias horas antes casi todos los hombres se habían quitado los incómodos trajes para ponerse una ropa de trabajo más cómoda con múltiples bolsillos para llevar herramientas y una consola en la manga izquierda.

— Bien. — dijo Karel — He convocado esta reunión para que podamos intercambiar información que nos pueda servir para aprovechar lo mejor posible las posibilidades que nos ofrece esta estación orbital y, al mismo tiempo, hacer planes para el futuro. Hemos asegurado nuestra supervivencia al menos para los próximos seis meses y probablemente podríamos sobrevivir aquí de forma indefinida. No obstante, aunque hemos acabado casi todos los trabajos importantes, no podemos permitirnos estar con los brazos cruzados hasta que vengan a rescatarnos. ¿Alguien tiene alguna sugerencia?.

— Perdón, — interrumpió Pactor — ¿no tendríamos que transmitir esta conversación al ordenador?. De esa forma podríamos consultarle los datos que pudiéramos necesitar.

— No hace falta. — contestó Karel — Esta es una reunión informal y si tomamos alguna decisión informaremos de ella al ordenador cuando terminemos.

Karel había decidido que éste era el momento que había esperado para convencer a Pactor de que estaba equivocado sin llegar a comprometerle ante Kander y no quería perderla.

— He estado pensando en ello, Karel. — comentó Pactor — Se me ocurre que para el mantenimiento de la estación, una vez acabados los trabajos más urgentes, sólo harían falta unos quince o veinte hombres. Quizás sería posible hibernar a los demás hasta que Kander venga a rescatarnos.

— ¡Buff! — exclamó Lodren — No niego que no me importaría hibernar a alguno de mis hombres, pero las técnicas de hibernación no están todavía lo suficientemente desarrolladas. Tendríamos que preguntarle a Dicas, yo hace años que no trabajo en ello pero sí sé que aún no se ha conseguido evitar ciertos efectos secundarios perjudiciales. Además, no creo que tengamos los medios para fabricar algunos antioxidantes y enzimas necesarios.

— ¿Qué sugieres entonces, Lodren? — preguntó Karel.

— Si me permites, quisiera exponer un plan que me comentó ayer Kestar.

— Lo conozco. — comentó Karel — Explícaselo a los demás.

— ¿Lo conoces?. ¿Cómo...?. — se interrumpió unos segundos antes de seguir — Ya. Bueno, es muy sencillo. Kestar me ha planteado que existe la posibilidad de construir un par de lanzaderas planeadoras con el material que pudiéramos desmantelar de las fábricas de la torre norte. Con ellas podríamos regresar a la Tierra en un plazo de uno o dos meses en vez de esperar seis hasta que vinieran a rescatarnos.

— No lo creo necesario. — comentó Diren — De todas formas tendríamos que volver dentro de seis meses y volver a empezar de cero si a la estación le ocurre algo en nuestra ausencia.

— Bueno, — intervino Lodren — La verdad es que a mí tampoco me agrada la idea de abandonar la estación, hay mucho que investigar y aprender aquí, pero tenemos el problema de los hombres. Desde luego no me gustaría que pasaran seis meses mano sobre mano. Sería el primer paso hacia la pereza y la indisciplina. Puedo soportar un poco de indisciplina por su parte, es bueno para el espíritu siempre que no se abuse de ella, pero no estoy dispuesto a consentir que mis hombres se dediquen a pasar el tiempo sin nada que hacer, así que tendríamos que encontrar un trabajo que los mantuviera ocupados. Y no me gusta nada — añadió mirando a Pactor — la idea de hibernarlos.

— Estoy de acuerdo con Lodren. — dijo Torio — Yo tampoco creo que sea mala la idea de construir unas lanzaderas para regresar a la Tierra. Pero quisiera matizar algo. El hecho de que construyamos las lanzaderas no significa que tengamos que usarlas. Tendremos que decidir en su momento si las usamos o no. Además, puede ser conveniente poder escapar de la estación si resulta que nuestra supervivencia no está tan garantizada como suponemos.

— Por otro lado, — añadió Diren — aunque no hubiera ningún peligro podríamos usarlas para enviar a la Tierra a aquellos hombres que no fuesen imprescindibles para el mantenimiento de la estación, quedándonos los que tengamos trabajo. Karel, he cambiado de opinión. Pienso que es mejor construir las lanzaderas y permitir que regresen a la Tierra los que no tengan nada que hacer aquí.

A Karel no se le había ocurrido esta posibilidad y quedó sorprendido teniendo que pensar en ella durante unos segundos. Había confiado en que todos querrían regresar a la Tierra lo antes posible, pero la idea de Diren era tan buena que temía que Kander la aceptaría aún a pesar suyo. Y precisamente él, como Karel, tendría que quedarse varado otros seis meses en vez de volver a casa cuanto antes. Maldiciendo mentalmente a Diren, se preguntó si Choral aceptaría quedarse con él.

— ¿Alguien tiene algo que añadir a este respecto?. ¿No?. Bien, informaré a Kander de las tres opciones. Ahora prosigamos. Pactor y Diren, habéis examinado diversos edificios de la ciudad. ¿Qué habéis encontrado?.

— Entre ayer y hoy — comenzó Pactor — hemos examinado ciento treinta edificios de los que hemos podido sacar unas curiosas estadísticas. Aproximadamente el cinco por ciento son edificios que creemos de uso público, no hay en ellos dormitorios ni nada que se le parezca. La mayoría se extienden una o dos plantas hacia el subsuelo. Algunos están llenos de diversos productos como alimentos, trajes, muebles o botellas. Otros están vacíos pero parecen estar preparados para recibir mercancías de diversos tipos. Algunos sólo tienen numerosas mesas con ordenadores con teclado.

— ¿Con teclado?. ¿Es que hay ordenadores sin teclado?.

— En realidad no estoy seguro de si son ordenadores o no, pero hay muchos monitores en los que no parece haber teclado ni ningún medio de comunicarse con ellos. Nos ha parecido tan extraño que hemos tomado nota de ambos tipos de pantallas por separado. El resto de los edificios son casas, viviendas con capacidad para albergar entre tres y ocho hombres. La distribución de las viviendas suele ser de una cocina, un salón y un aseo en la planta baja y tres o cuatro dormitorios y uno o dos aseos en la planta alta. Algunos de estos edificios tienen una terraza en la planta alta.

— Perdona, Pactor, ¿has dicho tres o cuatro dormitorios?.

— Sí, Karel, y es algo que me extraña. En vez de aprovechar mejor el espacio haciendo dormitorios comunes, los Antepasados hacían varios dormitorios cada uno con una cama.

— ¿Dormían separados?.

— Eso no lo tengo muy claro aún. En todas las casas hay una habitación con una cama en la que podrían dormir y gozar con comodidad dos y hasta tres hombres, pero los demás dormitorios suelen contener camas que sólo servirían para dormir uno solo.

Karel estaba preocupado. Hasta ahora había conservado la esperanza de que Kander no les había engañado, que efectivamente les habían dado la misma educación que les hubieran dado los Antepasados, pero aquel contraste tan grande entre su forma de vida y la de aquellos volvía a plantearle ciertas dudas. ¿Por qué Kander les había hecho siempre dormir en dormitorios comunes si los Antepasados dormían en habitaciones separadas?. Pensó por un momento como sería dormir solo en una habitación. El silencio, la soledad...

"No. Es mucho mejor dormir en dormitorios comunes, oír la respiración de los demás y saber que siempre tienes cerca a alguien con quien hablar. Kander quizás no nos ha hecho vivir como vivían los Antepasados, pero nos ha enseñado a vivir mejor que ellos. Aunque entonces, ¿por qué no nos lo ha dicho?. ¿Nos ha engañado al fin y al cabo?."

— ¿Habéis encontrado restos de los Antepasados?. — preguntó.

— No muchos. Entre ayer y hoy sólo hemos encontrado ocho casas que contuvieran trajes en los armarios, alimentos en la cocina y adornos en las habitaciones, lo que nos lleva a suponer que estaban habitadas. Las demás por lo visto no llegaron a estarlo en ningún momento. Diren sostiene la hipótesis, con la que estoy de acuerdo, de que esta estación había sido construida recientemente y apenas habían empezado a habitarla cuando llegó el Enemigo.

Karel se sobresaltó de nuevo observando a Pactor. ¿No había dicho en cierta ocasión que no creía que existiese el Enemigo?. ¿Que creía que el Enemigo habían sido los propios kander?.

No, no lo había dicho en realidad. Pero era la consecuencia lógica de lo que él afirmó. ¿No?. ¿Cómo, si no, podía haber él deducido de sus palabras unas conclusiones tan extraordinarias?.

— Sí, — dijo Lodren — eso confirma mis observaciones.

— ¿Qué observaciones?.

— Ya hace tiempo vi que la mayoría de los árboles que hay en la estación son muy delgados, apenas tienen un par de años de edad. Eso me hizo suponer que la estación era bastante joven cuando fue destruida. Aparte de eso quizás me hayáis resuelto una duda. Según el tamaño de las casas supuse que podían estar habitadas por unos diez o doce hombres cada una, de lo que deduje que la cantidad de habitantes de la estación podía ser de unas quince mil personas. Pero en las fábricas no parece que haya capacidad para que trabajen más de ochocientas o mil personas a la vez. Quizás trabajaban durante las veinticuatro horas del día en varios turnos, pero eso nos llevaría a unos dos mil o tres mil trabajadores, según los turnos que hicieran. El mantenimiento y la administración de la estación, a pleno rendimiento, podía requerir otros mil trabajadores como máximo. ¿Qué hacían los demás?.

»Ahora bien, si sabemos que la cantidad de hombres por vivienda era de cuatro o cinco, llegaremos a una población de unos siete u ocho mil hombres. ¡No!, siguen siendo demasiados, ¿sería posible que solo trabajara la mitad de la población mientras la otra mitad no tenía nada que hacer?.

"Quizás la mitad de la población eran madres." pensó Andis.

— ¿Habéis encontrado el recinto de las madres?. — preguntó.

— No lo hemos buscado, en realidad. — dijo Diren — No obstante pienso que debe ser el mayor edificio de la esfera. — tras buscar unos segundos con la mirada añadió — Allí.

Todos miraron en la dirección que señalaba Diren, casi sobre ellos y en la otra orilla del río, donde pudieron ver un edificio gigantesco por comparación al resto de los edificios que le rodeaban.

— ¿No lo habéis investigado?. Se supone que debíais investigar todos los edificios que parecieran importantes.

Diren y Pactor se miraron unos segundos, desconcertados.

— Perdón, Karel. — dijo aquél — Desde el principio Pactor y yo pensamos que ése era el recinto de las madres. Era lo lógico, para mantener una población de ocho mil hombres harían falta al menos mil doscientas madres, y ese edificio es el único donde podrían caber. No nos pareció que tuviera bastante importancia para examinarlo antes que los demás.

— Es el mayor edificio de la ciudad, ¿no?. Creo que es bastante importante confirmar si efectivamente es el recinto de las madres o es otra cosa. Mañana a primera hora irás allí y averiguarás si es lo que crees o no.

— Sí, Karel.

Karel estaba enfadado. ¿Cómo había dejado Diren de comprobar algo tan importante?. Si era cierto que era el recinto de las madres, todas sus anteriores sospechas serían injustificadas. Pero ¿y si no lo era?. ¿Y si se confirmaba que, efectivamente, hombres, madres y niños vivían mezclados entre ellos?. Ya tenía muchas evidencias de que Kander les había engañado durante toda su vida. Necesitaba algo que le permitiera echar por tierra esas teorías y le hiciera comprender que estaba equivocado. Si no lo conseguía ¿cómo podría convencer a Pactor de que él también lo estaba?, ¿cómo podría enfrentarse a Kander a su regreso a la Tierra?.

Miró de nuevo a Pactor, preguntándose si era el momento adecuado para plantear sus dudas. Antes habían sido bastante amigos pero hacía algo más de tres años Pactor se había distanciado, no sólo de él sino de todos los que siempre se habían considerado sus amigos. Ignoraba por qué había cambiado, una vez le preguntó qué le pasaba y Pactor no pudo, o no quiso, contestarle. Lo único cierto era que desde hacía tres años Pactor había cambiado de carácter aunque no por ello había dejado de ser un excelente jefe del equipo de ingeniería técnica.

— Pactor, — continuó tras largo rato de embarazoso silencio — hace tres días me hiciste unos comentarios que pienso deberías exponer a los demás.

— Sí, Karel. — Pactor no comprendía porqué éste le hacía hablar precisamente ahora de sus sospechas, y hubiera preferido no hacerlo delante de Diren, pero de todas formas se alegró de poder exponerlas — Lo que pensé fue que deberíamos investigar qué causó el accidente que provocó la muerte de Kander. Es evidente que sólo los que estuvieron en la lanzadera pudieron provocarlo y eso reduce las posibilidades a sólo cuatro hombres. Uno de ellos, Miro, está muerto. Los otros tres sois Torio, Diren y Karel. Creo que debemos examinar...

— No hace falta.

Todos miraron sorprendidos a Diren que había hablado.

— Karel, sé que debería haber hablado antes, pero tuve miedo de hacerlo. Perdona, perdonadme todos. Hace tiempo que he examinado todos los pasos que seguimos en la lanzadera y creo que sé cómo se produjo el accidente.

Pactor callaba. Suponía que Diren podía haber sido el responsable del accidente pero no había esperado que lo admitiera tan abiertamente.

— Cuando aterrizamos en la estación introduje unas instrucciones en el ordenador para que soltara los anclajes si se producía una emergencia, me pareció que era prudente en aquellas circunstancias. Quizás me equivoqué al dar las instrucciones. El caso es que el ordenador soltó los anclajes provocando la muerte de Kander.

Permanecieron callados durante unos segundos, más sorprendidos por la forma en que lo había dicho que por el significado de sus palabras.

Diren siempre había sido un hombre frío, casi nunca expresaba sus sentimientos, pero aquella calma con que admitió haber provocado la muerte de Kander los dejó helados.

— Debería haberlo dicho antes. Desde entonces he estado atemorizado pensando que lo pudierais descubrir, pero no puedo seguir ocultándolo más tiempo. Yo maté a Kander. Ahora lo he dicho y creo que merezco el castigo que queráis imponerme.

— Bueno, — dijo Lodren al cabo de varios segundos de silencio — no sé lo que tú piensas Karel, pero a mí no me parece que haya ningún culpable. Diren tomó una decisión acertada al pedir al ordenador que soltara los enganches en caso de emergencia. Fue una precaución normal dadas las circunstancias y no creo que se equivocara al hacerlo, yo también lo hubiera hecho. No fue culpa suya que el ordenador detectara antes que nadie el ataque del Enemigo e hiciera saltar la alarma en el momento más inoportuno.

— ¿Cómo?. — exclamó Karel — Perdona, Lodren, ¿Supones que fue un ataque del Enemigo el que provocó la alarma de la lanzadera?.

— Sí, claro. ¿Qué otra cosa pudo ser?. He revisado los datos de telemetría de la lanzadera de Draken y éstos no contienen nada que niegue esta hipótesis. Esta última se encontraba en ese momento examinando la parte sur de la estación y no pudo percibir nada, pero la lanzadera de Miro estaba cerca del eje norte y debió detectar la nave del Enemigo haciendo saltar la alarma y soltando los enganches medio minuto antes de que sufriésemos el ataque mental. Sólo la mala suerte hizo que en ese momento nuestra nave estuviese situada justo en la trayectoria de la lanzadera.

— ¿Tienes pruebas de que fue esto lo que realmente ocurrió?.

— No. Ya te he dicho que la lanzadera de Draken estaba en el extremo opuesto de la estación y por eso no captó nada. Como verás, no es una deducción, sino una suposición, pero es lo único que explicaría todos los hechos de una forma lógica.

Karel miró a Lodren durante unos segundos sorprendido. Era una muy buena explicación y él la hubiera aceptado como cierta de no ser porque sabía que Lodren estaba mintiendo.

No exactamente mintiendo. Karel le había oído mencionar 'el Terror de Kander'. ¿Era posible que lo hubiese hecho de manera totalmente inconsciente, que ni siquiera se hubiese dado cuenta al decirlo?. No lo creía posible pero entonces... ¿por qué lo negaría ahora?.

— ¿Pactor?.

— Sí, Karel. Lodren, pienso que hay otra explicación para que el ordenador hiciese saltar la alarma...

— ¡Tonterías!. — respondió Lodren con impaciencia — Cualquier explicación que intentemos dar a los hechos debe contar con la presencia del Enemigo. Y si el Enemigo estaba presente es evidente que fue su presencia la que provocó la emergencia.

Aquella salida extemporánea de Lodren hizo que todos le mirasen extrañados. Karel particularmente se preguntó si no sería síntoma de que no quería aceptar otra hipótesis.

— Pactor, continúa.

— Sí, Karel. — asintió tras una leve vacilación — Mi teoría consiste en suponer que fueron las vibraciones provocadas por el desintegrador de Lodren...

— ¡Eso no tiene sentido!. — casi chilló Lodren — Debemos...

— ¡Lodren!. ¡Te ordeno que te calles!. Pactor, continúa.

— ¡Fueron las vibraciones provocadas por el desintegrador de Lodren las que provocaron la alarma!.

Karel sintió lástima por Lodren. La expresión de su rostro indicaba que estaba sufriendo una feroz lucha interna. Se preguntó por qué. Al fin y al cabo, él había disculpado la acción de Diren de programar el ordenador para que soltase los enganches en caso de emergencia. ¿No se atrevía, en cambio, a admitir que una acción suya, mucho más inocente por cierto, hubiese provocado, aunque fuera de manera indirecta, la muerte de Kander?.

Se preguntó cómo se sentiría él si sospechase ser responsable de la muerte de Karel.

Se sentiría muy mal.

No sería capaz de soportarlo, tal como Lodren tampoco lo era. Y Pactor había dicho que su grito...

Diren en cambio había recuperado en apenas unos segundos su calma habitual sin que pareciera sentir nada, ningún remordimiento por la muerte de Kander, siendo como era, sin duda, más responsable que todos ellos.

Con un súbito sentimiento de ira volvió la vista hacia Lodren que se debatía internamente no atreviéndose a aceptar la verdad.

"¿Cómo se puede negar lo evidente?." pensó. "Tal vez porque admitirlo sea más doloroso que engañarse a sí mismo."

— ¿Lodren?. — dijo, dándole permiso para hablar.

— La teoría de Pactor — dijo con rabia — es muy bonita ¡pero no explica todos los hechos!. ¿Dónde queda entonces el ataque del Enemigo que todos sufrimos?.

— Bueno, — continuó Pactor tras esperar un asentimiento de Karel — lo que yo pensé fue que lo que sentimos no fue un ataque del Enemigo, sino el Terror de Kander al darse cuenta de que iba a morir.

— ¡No, imposible!. ¡Era lo mismo, díselo Diren, preguntad a Kestar!. Los tres éramos niños cuando ocurrió el ataque del Enemigo, y los tres recordamos con exactitud lo que sentimos. Vosotros no habíais nacido. No lo sentisteis entonces y quizás no podáis reconocerlo. ¡Pero nosotros sabemos que fue el Enemigo!.

Pactor estaba desconcertado. No había esperado una negativa tan rotunda por parte de Lodren. Había pensado que Diren sería el que se defendería con más fuerza y no había esperado, no sólo que éste aceptara su parte de culpa, que no era mucha en realidad, con tanta ecuanimidad, sino que fuera Lodren el que se negara tan terminantemente a aceptar una responsabilidad aún más hipotética. Eso hacía que ahora dudara. Que pensara que se había equivocado. Que había sido realmente el Enemigo quien les había atacado.

Karel en cambio estaba llegando a unas conclusiones muy distintas y estaba tan asustado como Lodren. ¿Por qué había éste reaccionado así a no ser que tuviera miedo de admitir algo que sin duda había pensado?. Porque lo había pensado, recordaba perfectamente cómo dos días antes había mencionado 'el Terror de Kander' como causa del accidente, exactamente las mismas palabras que acababa de emplear Pactor. Y sin embargo ahora no parecía recordarlo. O no quería recordarlo.

Había planteado el tema precisamente para aclarar las dudas de Pactor y Lodren antes de tener que informar a Kander. ¿Por qué era él ahora quien tenía más dudas?.

— Pactor, — era Diren el que hablaba ahora — la teoría que has expuesto puede parecer razonable, pero Lodren tiene razón. Lo que sentimos fue un ataque del Enemigo. No es posible que sea otra cosa. Recuerdo perfectamente el ataque que sufrimos hace cuarenta y dos años. Lo que sufrimos hace tres días fue idéntico.

— Es posible que esté equivocado. — admitió Pactor tras unos segundos — Me había parecido la solución más sencilla. Pero, si fue el Enemigo, ¿por qué no ha vuelto a atacar?.

— No lo sé.

Karel se sentía asustado. Sí, había conseguido quitar de la mente de Pactor aquella terrible idea, pero notaba que, en lugar de desvanecerse en el aire, había arraigado con más fuerza en su propia mente. Y se daba cuenta de que Lodren, aunque no se atrevía a admitirlo, también lo pensaba.

"El Enemigo había sido Kander.

"Kander, destruyó a los Antepasados y nos ha criado desde entonces.

"Nos han engañado siempre, toda nuestra vida. Cambiaron nuestra forma de vida, nuestro lenguaje, todo, para que no pudiéramos aprender la verdad en ninguna circunstancia.

"¡NO!. ¡No puedo pensar eso!. Tiene que haber otra explicación. No puedo pensar una cosa así sin pruebas. Las madres no pueden convivir con los hombres. El libro que encontré en la biblioteca debía haber sido escrito por un Antepasado atacado por la locura que no había expuesto más que sus más sucias perversiones. No puedo pensar una cosa así mientras no tenga pruebas. ¡Una prueba!. Kander, ¡ayúdame!."

Pactor los contemplaba dubitativo.

— Es posible que me haya equivocado. — repitió — Karel tenía razón y no debí plantear esta duda. En cuanto a que Diren fuera el responsable de la muerte de Kander debo decir que también en eso estaba equivocado. No fue responsabilidad de nadie. Fue un desgraciado accidente, pero ni Diren ni Lodren pueden ser culpados. Os ruego me disculpéis por haberlo pensado.

— Bien, — dijo Karel tras una larga pausa — Aclarado esto creo que ha llegado el momento de dejar este tema. ¿Alguien quiere decir algo más?.

— Si, Karel. — dijo Pactor — Cuando Diren y yo describimos la disposición de las casas que habían sido habitadas, no tuvimos ocasión de añadir que en algunas de ellas encontramos fotografías de sus habitantes.

— ¡Fotografías!, ¿puedes mostrárnoslas?.

Pactor asintió y sacó de la mochila el retrato que había recogido.

Los demás se arremolinaron alrededor de la fotografía admirándola con reverencia.

— ¡Los Antepasados!.

— ¡Mirad, algunos llevaban el pelo corto!.

— Eran hermosos.

Karel tuvo un presentimiento y se acercó para coger el retrato, observándolo con atención. En él se veían las caras de cuatro personas, dos mayores y dos más jóvenes, casi niños. Uno de los mayores y otro de los jóvenes tenían el cabello largo. Karel contempló con mucha atención el rostro de ambos y, tras ver lo que había temido y ninguno de los otros había notado, arrojó con todas sus fuerzas el retrato al suelo.

— ¡NO!.

Se hizo un embarazoso silencio mientras los demás le miraban sorprendidos.

Diren se agachó y, separando la foto de los cristales rotos, contempló detenidamente los rostros. Los demás contemplaron también la foto para volver a mirar a Karel.

— ¿Es que no lo veis?. ¿Es que no lo veis ninguno?.

— Karel, — dijo Torio — no lo entiendo. ¿Qué es lo que hay que ver?.

Karel intentaba gritar, sin conseguirlo. Un tenso nudo le atenazaba la garganta impidiéndole articular ningún sonido. Sólo era capaz de pensar que era imposible, que debía estar loco si creía ver...

— ¿Dónde encontraste el retrato?. — preguntó Karel a Pactor.

— Fue ayer, en la primera casa habitada que encontramos. Después encontramos más retratos, pero al ver que había bastantes no volví a fijarme en ellos.

— ¿Has encontrado más casas que hayan sido habitadas?.

— Sí, ocho hasta ahora.

— ¿Y había retratos en todas ellas?.

— No presté mucha atención a ese detalle. Todos los retratos que vimos han sido grabados por las cámaras. Creo recordar que en un par de casas no había ninguno. Si es importante preguntaré al ordenador...

— ¡No!. Ya lo consultaré yo.

Abriendo la consola portátil de su brazo, la conectó y pidió al ordenador que le mostrara todos los retratos cuya imagen hubiera sido captada por las cámaras de Pactor, Diren o cualquiera de sus hombres. Uno a uno, varias decenas de rostros fueron pasando ante él revelándole lo que tanto había temido.

— Karel, ¿te encuentras bien?.

— Dejadme. Dejadme solo. — apenas le salió un susurro ahogado de su garganta.

— Karel, — dijo Lodren — si te encuentras mal podemos...

— ¡NO!. ¡He dicho que me dejéis!. — tomó aire en una profunda inspiración y cobró fuerzas para continuar — Perdonadme. Estoy cansado. Apenas pude dormir anoche y son muchas horas de tensión. He perdido los nervios por un momento pero ya pasó. Ya pasó. Sólo necesito descansar un poco. Dejadme ahora solo. Mañana continuaremos hablando. Pactor, hazte cargo del mando hasta nueva orden.

— Sí, Karel.

Se alejaron despacio y murmurando entre ellos dejándole por fin solo.

Una oleada de sentimientos de rabia, desesperación e impotencia le golpeaban implacables sumiéndole en un mar de miedos contradictorios.

"De modo que lo hicisteis” pensó.

"Yo pedí una prueba y aquí la tengo.

"Nos habéis engañado durante toda nuestra vida.

Volvió a contemplar las fotografías que aparecían en su consola. No era extraño que los demás no se hubieran dado cuenta antes, no estaban buscando lo mismo que él. Todos los retratos representaban personas vestidas de muy distintas formas, incluso de distintas razas. Había un par de rostros con la piel tan clara como el vientre de un pez. Otros recorrían toda la gama de colores desde un blanco bronceado hasta un negro azabache. Los rasgos parecían extraños en todos ellos, no había ninguno que se pareciese a los rasgos que estaban acostumbrados a ver desde su infancia. Cabellos demasiado lacios o demasiado crespos, negros algunos pero otros rubios o rojos. Las narices eran demasiado anchas o demasiado afiladas. Los pómulos estaban demasiado lejos o demasiado cerca de la nariz, y en algunos rostros ni siquiera llegaban a destacar. Y los ojos eran también distintos.

Andis conocía a mucha gente pero por más que lo intentaba no podía reconocer su propia raza en ninguno de aquellos rostros, sin embargo no era eso lo que más le importaba.

“Ninguno de nosotros ha visto jamás rostros como estos. ¿No es lógico que no seamos capaces de distinguir...?”

Cuando examinó el libro de la biblioteca observó que casi todas las madres solían llevar el pelo largo mientras que los hombres lo llevaban corto. Le pareció una tontería y se negó a pensar en ello como se había negado a pensar en muchas otras cosas pero, cuando oyó el comentario de Torio, lo que le había parecido una estupidez pareció convertirse en certeza.

No siempre era así, había un par de hombres con el pelo largo y al menos una madre con el pelo corto en las fotografías pero esto le sirvió de pista para localizar otras diferencias. Le costaba estar seguro pero cada vez estaba más convencido de que casi la mitad de los rostros correspondían a...

"¡Madres!.

Había encontrado un libro. En él había fotografías de hombres y madres relacionándose entre sí. De acuerdo, el libro podía ser el producto de los desvaríos de un loco.

"¡Pero esto no!. ¡Esto no!.

Ocho viviendas habitadas. Seis de ellas con retratos de Antepasados. Entre los retratos encontrados en cinco de esas casas, Karel estaba seguro de haber reconocido una o más madres.

"Pactor encontró el primer retrato y dio órdenes de que le avisaran cada vez que alguno de sus hombres encontrara una casa que hubiera sido habitada. Ya no prestó más atención a los retratos que encontraba, por eso no se dio cuenta de Esto.

Observó detenidamente la fotografía que aparecía en la consola. Un hombre y una madre ante una fuente con surtidores de agua. El paisaje dejaba claro que la foto había sido tomada en la Tierra. El hombre pasaba un brazo por los hombros de la madre mientras ella sujetaba contra su pecho la figura de un niño. No sabía qué edad podría tener, no había visto un niño de tan corta edad desde los seis años y no recordaba que pudieran ser tan pequeños.

El hombre y la madre sonreían hacia la cámara de fotos mientras el niño volvía la cabeza en otra dirección con una de las manos ante la boca.

Tenía que aceptarlo, las evidencias estaban ante él.

Los Antepasados no tenían las mismas costumbres que ellos, vivían con madres y niños en la misma casa.

Eran unos degenerados si eran capaces de...

"Tal vez, no. Tal vez sus costumbres eran normales para ellos, pero ¿quién querría vivir con una madre y un niño?.

Se imaginó a sí mismo viviendo en una casa como aquellas, con una madre en la misma habitación a todas horas, con un niño durmiendo, cagando y llorando durante todo el día.

Le repugnó la imagen que se había formado en su mente, la terrible soledad que sufriría quien así viviese. ¿Con quién podría hablar para compartir tristezas y alegrías, a quién podría amar?.

Un estremecimiento le recorrió la espalda.

"No. No puede ser".

Sí, Kander les había engañado. Les había criado desde niños según unas costumbres que no se parecían en nada a las de los Antepasados, a pesar de que siempre afirmó lo contrario. Se preguntó si les habría engañado en otras cosas.

"¡El Terror de Kander!.

"Pactor tenía razón, fue el Terror de Kander el que nos dejó inconscientes al llegar a la estación. Se Aterrorizó al comprender que iba a morir.

"Pero Lodren dice...

"Pero Lodren piensa...

"Fue la misma sensación, fue la misma causa. ¿No es evidente?."

No quería, no se atrevía a pensarlo.

"No hay ningún Enemigo.

"Oh, sí, fueron ellos. Kander es el Enemigo.

"Acabaron con todos los Antepasados, con su forma de vida tan extraña y se quedaron con nosotros para utilizarnos. ¿Por qué?, ¿qué les hicieron?. ¿Qué les hicimos?.

Sintió algo cálido y húmedo en la planta del pie y vio que se había cortado con uno de los cristales del retrato.

Sin apenas sentir el dolor se quitó la consola del brazo y el traje. Bajo los anillos que iluminaban la esfera, se dejó caer al lecho del río. Avanzó hasta que el agua le llegó a las caderas y entonces le flaquearon las piernas cayendo de rodillas. Se lavó el rostro intentando con el agua diluir sus lágrimas, intentando mitigar su dolor y su vergüenza.

Permaneció sollozando largo rato en el agua helada sin notar los escalofríos de su piel, hasta que oyó un chapoteo a su espalda.

— Karel.

Choral. Había venido a buscarle. Sin duda Pactor o alguno de los otros le había avisado de que... ¿De qué?. ¿Qué habrían pensado al verle reaccionar así?. No tuvo fuerzas para seguir pensando.

— Koideso, ven. Te necesito.

Se abrazaron en medio del agua y Karel rompió en un doloroso llanto que desgarró el corazón de Choral.

— Boidabeko, ¿qué te pasa?. ¿Qué ha ocurrido?. ¡Cuéntamelo, por favor!.

Choral sufría al verle llorar pero Karel no podía detener sus sollozos por todo lo que había perdido, por todo lo que no había tenido ningún día de su vida.

* * * * *

Choral había confiado en que Karel le hablara, le contara el motivo por el que había estado llorando, pero éste no le dijo una palabra.

Sencillamente se quedaron durante más de dos horas sentados a la orilla del río, sintiendo los rayos del sol en su piel y contemplando la actividad de los hombres que trabajaban o paseaban a mil ochocientos metros sobre sus cabezas. En varios puntos del ecuador veían hombres bañándose en el río o paseando por las orillas. Otros se estaban dirigiendo ya hacia el refugio para pasar la noche, o el período de descanso pues Lodren aún no había programado el espejo que habían fabricado para que girase durante la noche evitando que penetraran los rayos solares en la estación.

De vez en cuando Choral contemplaba su rostro pero no descubría en él ningún indicio del dolor que le aquejaba. Solo podía ver que su rostro se dejaba velar en ocasiones por un enorme sufrimiento, otras se crispaba en una expresión de miedo y otras, aún más terribles, revelaban un sentimiento de impotencia y resignación como Choral no había visto nunca antes en ningún rostro.

Habían pasado dos horas cuando por fin Karel le contempló, pareciendo darse cuenta sólo entonces de su presencia.

— Koideso.

— Boidabeko.

Callaron durante varios minutos más. Choral sentía que Karel había sufrido una transformación y no se atrevía a romper con palabras sus pensamientos.

— ¿Quién te llamó?.

— Pactor. Estaba preocupado por ti. Pensaba que estabas enfermo.

— ¿Enfermo?. — una débil risa comenzó a surgir de sus labios haciendo que Choral se preocupara aún más por Karel.

— Boidabeko, ¿qué ha sucedido?. ¿Por qué te has puesto así?.

Karel le miró durante largos segundos con una gran tristeza en la mirada antes de levantarse y dirigirse hacia el muelle.

— Vamos, — dijo poniéndose el traje — es hora de descansar.

— No, Boidabeko. Si algo te preocupa cuéntamelo. Aunque no pueda ayudarte quiero saber lo que es.

— No quieras saberlo. — respondió Karel con tristeza.

— ¿Es Diren?.

— ¿Qué?.

— Desde que hemos llegado a esta estación noto que no estás a gusto cuando Diren está cerca. Te he visto rehuirle siempre pero últimamente... Te ocurre algo con él, ¿no?.

— No, desde luego. ¿Qué me va a ocurrir?. ¿Qué es eso de que le rehuyo?. Nunca le he rehuido. Diren es...

— ¿Lo ves?. Te estás poniendo furioso simplemente de hablar de él. Boidabeko, algo te ocurre con Diren, y no lo entiendo.

— ¡Olvídalo!. No me pasa nada con Diren. Es sólo que...

Se detuvo, intentando analizar sus sentimientos.

¿Era cierto que se irritaba con más facilidad cuando Diren estaba cerca?.

No, en absoluto. Pero Diren le había desobedecido al entrar en la biblioteca, había mirado los libros cuando estaba prohibido por Kander...

¡Había provocado la muerte de Kander!.

Y era capaz de admitirlo sin apenas un gesto de arrepentimiento, sin demostrar el más mínimo dolor.

Había algo inhumano en su manera de ser.

Pero al menos no tenía nada que ver con lo que a él le estaba pasando.

¿O sí?.

Para Karel resultaba evidente que Diren, no sólo le había desobedecido a él sino también a Kander. ¡Había hojeado el libro de la biblioteca!. ¡Le había mentido!. ¿Cómo pudo hacerlo?.

— Entonces ¿qué es?. — insistió Choral.

Sí. ¿Qué había sucedido?.

En apenas tres días desde que estaban en la estación, había adquirido una serie de conocimientos que contradecían todo lo que Kander les había enseñado. Incluso había imaginado que Kander fue el responsable del exterminio de la raza humana.

¿Podía ser?.

Era evidente, cada vez tenía menos dudas, que Kander les había mentido en muchas cosas. ¿Podía haberles engañado también al hablarles del Enemigo?.

— Karel por favor, contéstame.

No podía hacerlo. No podía comentarle sus dudas a Choral ni a nadie más, pues cualquiera que le oyese llegaría a la conclusión de que se había vuelto loco. Le degradarían, le encerrarían por su propia seguridad, le...

"¡Esto es la Locura!" pensó sorprendido.

"Cuando empiezas a imaginar cosas que no son ciertas, cuando incluso puedes encontrar pruebas irrefutables para demostrar las teorías más absurdas.

"¿Me he vuelto Loco?.

"Kander es bueno. Nos salvó de la muerte y nos ha criado como si fuéramos sus hijos. Pero yo soy capaz de imaginar algo que es evidentemente mentira.

"Me he vuelto Loco.

— ¡Boidabeko!.

Karel parpadeó sobresaltado para mirar a Choral que, llorando a lágrima viva, le agitaba desesperado por los hombros.

— ¿Q.. qué?.

— Boidabeko, por favor, me estás asustando. ¿Qué te pasa?.

— Nada, Koideso. Es sólo que...

¿Qué decir?.

— Escucha, Choral, sé que he estado algo tenso estos días pero tranquilízate. Ya ha pasado. Ya ha pasado. Sólo ha sido la tensión. La muerte de Kander me ha afectado mucho más de lo que pensé al principio. Y la incertidumbre y el ignorar si seríamos capaces de sobrevivir...

»Pero ya ha pasado. Ya me he hecho a la idea de la muerte de Kander. Ya sabemos que podremos sobrevivir hasta que...

»No te preocupes, estoy mejor.

Cogiendo la consola, miró la hora y quedó sorprendido al ver que habían pasado casi tres horas desde la reunión. La llamada vespertina de Korander ya se habría producido y él no había estado allí para recibirla. Quizás hubiera sido mejor así. Necesitaba tiempo para reflexionar, para decidir lo que debía hacer a partir de ahora.

— Es tarde. Debemos ir ya al refugio.

En absoluto silencio, se dirigieron al refugio. No quedaba ya nadie en la ciudad. Casi todos estarían intentando recuperarse del cansancio del día.

Le molestó sentir el olor de los dormitorios. Siempre habían olido así, pero tras casi todo el día respirando el aire puro de la esfera, tardó varios minutos en acostumbrarse. Quitándose la mochila le pidió a Choral que le esperase mientras iba a buscar a los jefes de equipo.

Cuando los localizó les dio las órdenes para el día siguiente. Pactor y Diren debían continuar la exploración de los distintos edificios de la ciudad contabilizando cuántas personas los habían habitado. Diren debería explorar en primer lugar lo que habían sospechado que podía ser el recinto de las madres para unirse después a aquél. Lodren y Torio se ocuparían de explorar las instalaciones de la torre norte para ver si era posible usar esos edificios para la construcción de los planeadores.

Tras soslayar una pregunta de Lodren sobre su estado, se retiró a descansar.

Las luces se habían ya apagado y en el dormitorio se oían los susurros y gemidos de algunos hombres que hablaban o gozaban en la penumbra.

Se metió bajo la colcha junto al cuerpo de Choral consciente de su desnudez y le abrazó suavemente por la espalda.

Deslizó sus manos en lentas caricias por su cuerpo mientras, silenciosamente, le acariciaba el cuello con los labios.

Choral no reaccionó.

Extendió su brazo para acariciarle más íntimamente, pero Choral alzó una rodilla de manera casi imperceptible para impedírselo.

— Koideso. — susurró apenas en su oído sin obtener tampoco esta vez respuesta.

Mordiéndose los labios, se giró sobre sí mismo.

Sintió que las lágrimas fluían de nuevo de sus ojos y se esforzó por contener los sollozos que le atenazaban la garganta.

Había mentido.

Había mentido a Choral.

Y él se había dado cuenta.

   

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