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Bienvenidos a Libertad 16: Karel explica a todos la situación y el problema en el que están. No les queda más remedio que vivir en Libertad.

Creada10-03-2013
Modificada15-06-2015
Total Visitas122
Mayo1

 

Bienvenidos a Libertad, Juan Polaino

Choral 16

— Bien, Choral, creo que va siendo hora de que nos digas lo que has averiguado.

Choral no respondió.

Estaba sentado en el salón con Karel, Diren y Lodren.

Observó a los tres detenidamente.

Karel tenía aspecto derrotado y no sólo por los arañazos y cardenales que cubrían su cuerpo. Tenía los hombros caídos, apenas levantaba la cabeza y cuando miraba de frente su mirada era huidiza.

Lodren se sentaba con las piernas cruzadas hacia un lado. Choral se dio cuenta de que había elegido el lado menos iluminado de la habitación. Su rostro estaba dirigido hacia un punto indeterminado del sillón que estaba vacío. Había sufrido una fuerte impresión al ver a Pactor, unos minutos antes. Pero no era Pactor lo que le preocupaba.

Diren estaba arrellanado en un sillón. Por primera vez, Choral se dio cuenta de que para saber lo que Diren sentía no tenía que mirarle a la cara. Su rostro era, siempre lo había sido, inescrutable. Sus ojos, casi imposibles de leer. Pero sus manos hablaban. Continuamente retorcía los dedos sujetándoselos con la otra mano para luego frotárselos. Vio que estaba indeciso. Estaba intentando tomar una decisión. No le importó la decisión que pudiera tomar.

— ¿Choral?. — dijo Karel.

— ¿Qué?.

— Estamos esperando.

— Esperando... ¿qué?.

Lodren y Diren le miraron tan extrañados como Karel.

— Choral, dijiste antes que habías descubierto lo que planeaban nuestros hombres. Estamos esperando que nos lo digas.

— ¿Y por qué habría de decíroslo?.

Si un kander hubiese aparecido en medio de la sala en ese momento, Karel no se habría sentido tan anonadado.

Lodren apartó la vista apretando ligeramente los dedos contra el brazo del sillón.

— Choral, tienes que obedecer.

— No, Karel, no tengo que obedecer. Olvidas que mi mente no está controlada por los kander. Puedo quebrantar cualquier Mandamiento. De hecho, hoy he quebrantado varios. He desobedecido una orden tuya. He mentido a mis compañeros. Incluso he mentido a Lodren. Es sorprendente lo fácil que resulta mentir cuando sabes que tu mente no está controlada. Dime, Karel, ¿por qué tengo que decirte lo que he averiguado?.

Karel estaba desconcertado.

— Porque yo te lo...

No pudo continuar. Bajó la cabeza avergonzado. Choral se sintió aliviado de que no hubiese terminado la frase.

— Porque te quiero, Koideso.

— Gracias por decirlo, Boidabeko. Yo también te quiero, pero no es el motivo correcto.

Karel bajó la cabeza y dejó que pasaran los segundos mientras se esforzaba por comprender lo que Choral quería.

— ¿Porque es lo mejor para todos?.

— Sí. — dijo Choral aliviado.

»Karel, cuando era apenas un niño me enseñaste las reglas que debía seguir todo científico que se quisiera dedicar a investigar. Al final no me dediqué a la ciencia, era demasiado aburrida para mi gusto. Me gustaba más investigar a las personas, la historia, los motivos de la gente para hacer las cosas. Estos temas no han interesado nunca a Kander, por eso no he pasado de ser Choral, un simple ayudante de mantenimiento sin especializar. Pero nunca olvidé aquellas reglas que me enseñaste.

»Y la regla más importante del método científico de investigación es divulgar, comentar, compartir los conocimientos. Si no se comunica, ningún descubrimiento sirve para nada porque no podrá ser utilizado por otros científicos para dar el siguiente paso.

»Desde que hemos llegado a la estación todos hemos estado descubriendo cosas, pero no se las hemos dicho a nadie. Tú has descubierto cosas muy importantes y no se las has dicho a nadie. Lo mismo han hecho Diren y Lodren, y seguramente Pactor y Torio. Lo que quizás ignoréis es que los demás hombres de la estación también están descubriendo cosas. Cosas que no dicen porque desconfían de vosotros.

— ¿Desconfían...?.

— Sí, Karel. Desde que estamos aquí todos habéis actuado de una manera muy extraña. Vosotros mismos habéis mostrado desconfianza los unos con los otros. Menos Lodren, ninguno de vosotros se ha atrevido a volver a los dormitorios desde hace una semana. Como dijo Diren, "Debemos dejar de tener secretos. Si desconfiamos estamos perdidos. Unidos, venceremos."

— Y ¿has descubierto cómo vencer a nuestros hombres?.

"¡Pobre Boidabeko!." pensó Choral "¡Ha comprendido tantas cosas... y aprendido tan poco!"

— No, Karel. No tenéis que vencer a vuestros hombres. Debemos vencer a Kander.

Karel volvió la cabeza.

— No podemos...

— ¡Sí podemos!. Escucha, los kander no son omnipotentes, tienen sus limitaciones. No conocemos muchas de ellas pero sí unas pocas. Y descubriremos más. No pueden controlarnos a trescientos mil kilómetros de distancia, no sé cual es su límite pero lo averiguaremos. No pueden leernos el pensamiento a pesar de que así lo creímos siempre, sólo pueden captar nuestras emociones. Podemos engañarles. Y otra limitación muy importante: Nos necesitan. Necesitan hombres que manejen las máquinas. No creo que pudieran sobrevivir sin los hombres a los que controlan. Pero el control no es perfecto. No pueden controlarnos totalmente. Recuerda cuánta gente se volvía loca en la ciudadela. Casi cada semana alguien desaparecía para nunca más volver. ¡Y nos decían que se había vuelto loco y lo habían encerrado en un lugar aparte para que no se hiciera daño!. ¡Para su propia seguridad!.

»Ellos no pueden hacernos daño. Podemos quedarnos aquí y esperar que vengan a rescatarnos dentro de seis meses. Entonces nos matarán porque aún no sabemos cómo defendernos. O podemos huir.

— ¿Huir?. ¿A dónde?.

— A los lugares que construyeron los Antepasados. Hay muchos sitios posibles. Quizás a la base lunar. Quizás a los asteroides o a Marte o a cualquiera de las lunas de los planetas gigantes. No sé dónde, pero tenemos que buscar los lugares de los Antepasados. Lodren, antes me dijiste que si dispusieras de un motor lo suficientemente potente podrías construir una nave. ¿No podrías construir ese motor?.

— No creo que pudiera, faltan una serie de elementos que serían necesarios. Claro que si no tuviésemos que descender a la Tierra no necesitaríamos motores demasiado potentes. Un motor iónico podría servir y ese sí lo podríamos construir. Tendríamos que seguir una ruta de baja energía pero...

— ¿Lo ves Karel?. — dijo Choral satisfecho — Podemos huir. No estamos muertos. Y quizás algún día podamos luchar contra los kander.

— Espera, Choral. Espera, Lodren. No podemos construir una nave interplanetaria.

— Bueno, — dijo Lodren — faltan algunas cosas desde luego, pero podríamos reemplazarlas...

— ¡No!. No quiero decir eso, Lodren. Estoy seguro de que puedes hacerla. Pero ¿qué vamos a decir a nuestros hombres?. ¿cómo vamos a poder engañarlos para...?

— Karel, ya basta.

Karel se quedó contemplando a Choral extrañado.

— No te has dado cuenta de lo que quise decir antes, ¿no?. Mira, los hombres desconfían de vosotros, los jefes, por que vosotros no habéis confiado en ellos. Es un círculo vicioso, mientras más desconfíen unos más lo harán los otros. Tenéis que parar. Tenéis que confiar en vuestros hombres.

— ¿Qué estás sugiriendo?.

— Que convoques una reunión en el anfiteatro y les informes de todo lo que habéis descubierto. De todo.

— No podemos informarles. ¿Y si...?

— ¡Tienes que informarles o estarás actuando como Kander!.

— ¿Y si no nos creen?. ¿Crees que se quedarán de brazos cruzados mientras construimos una nave para huir de Kander?. No, lo primero que harán será dejar de obedecernos y no podremos construir la nave nosotros solos. ¡Y eso si no se les ocurre pensar que nos hemos vuelto locos y deciden encerrarnos!.

— ¡Será decisión suya!. ¡Tendrán la posibilidad de elegir!. Nunca hasta ahora han tenido esa posibilidad. ¿No crees que se darán cuenta de ello?. ¿O piensas que cuando sepan lo que han hecho los kander seguirán deseando volver a la Tierra?. No creo que ninguno de ellos quiera volver si les damos la posibilidad de elegir. Karel, los hombres están extrañados por todo lo que ocurre. No se fían de vosotros porque se han dado cuenta de que les habéis estado engañando, pero son buenos hombres, valientes, inteligentes... Sí confías en ellos, no te defraudarán.

— ¿Cómo lo sabes?. Di, ¿cómo puedes estar seguro?.

— ¡Porque yo soy uno de ellos!. Boidabeko, tú has confiado en mí y me has contado todo lo que has descubierto. Me ha costado trabajo aceptarlo pero al final he comprendido que tenías razón. Y no ha sido porque te quiera, sino porque he visto cosas extrañas, cosas que nunca había entendido o en las que ni me había fijado, y ahora las comprendo. Si confías en tus hombres y se lo cuentas todo, quizás no te crean al principio, pero dales tiempo, deja que hablen entre ellos y deja pasar un par de días. No son tontos y, uno a uno, se irán dando cuenta de que les has dicho la verdad. Mientras tanto, estarán tan sorprendidos que no se les ocurrirá nada que hacer. Levanta la prohibición de la biblioteca, deja que vayan a ver los libros. Muéstrales las fotos que me enseñaste. Deja que lean todo lo que Diren ha traducido de los libros de los Antepasados. ¡Déjales que piensen!.

Karel se debatía ferozmente intentando creer lo que Choral le estaba diciendo. Tenía miedo. Intentó buscar ayuda en Diren, que había permanecido en silencio durante toda la conversación.

— Diren, ¿qué piensas?.

— Karel, no lo sé. Kander no nos han enseñado a resolver problemas de este tipo. No sé lo que decidirán nuestros hombres, pero Choral tiene razón en una cosa. No podemos actuar como Kander. Tenemos que confiar.

— ¿Lodren?.

Lodren no respondió. Estaba montando motores y campos fotoreceptores en una estructura toroidal y calculando el empuje necesario para...

— ¡Lodren!.

— ¿Eh?. ¡Ah, sí!. Sí, es mejor confiar.

Dicho esto volvió a sumergirse en sus ecuaciones.

* * * * *

— Torio.

— Si, Karel.

— ¿Dónde estás?.

— Estoy... en los almacenes.

— Bien. Localiza un altavoz. Convoca una reunión de todos los hombres dentro de media hora en el anfiteatro.

— Sí, Karel.

— ¿Encontraste las correas?.

— Sí, Karel.

— Tráelas.

* * * * *

Mientras Torio contaba a los hombres, éstos se preguntaban, extrañados, el motivo de la reunión.

Habían llegado de todos los rincones de la estación y miraban sorprendidos el aspecto de Torio. Nunca habían visto tal cantidad de arañazos y moretones en el cuerpo de un hombre. Cuando vieron a Karel su asombro se convirtió en estupor.

Torio terminó de contarlos y se dirigió al centro del anfiteatro.

— Karel, están todos los hombres menos Pactor.

Una sombra de tristeza cruzó el semblante de Karel, que se volvió para enfrentarse a los hombres que esperaban intrigados.

Empezó sin ceremonias.

— Os he reunido para informaros de una serie de hechos que hemos descubierto. No sé como empezar, ni sé exactamente cómo contaros...

Miró a su alrededor y contempló a los hombres que estaban mirándole. Todos los rostros estaban pendientes de cada uno de sus gestos. Incluso Lodren había dejado a un lado los cálculos mentales para prestar atención a sus palabras.

— Desde que llegamos a la estación hemos averiguado muchas cosas que ignorábamos de la vida de los Antepasados. Cosas que no parecen encajar con los conocimientos que hemos recibido de Kander. Una de las primeras cosas que me llamaron la atención fue encontrar, en la planta superior de la biblioteca, una enorme cantidad de libros con imágenes de madres conviviendo con hombres, relacionándose con ellos, tocándose en público. — esperó unos segundos mientras los hombres empezaban a murmurar — Al principio pensé que los libros estaban equivocados, pues no encajaban con los conocimientos que recibimos de Kander. Kander siempre nos ha dicho que nos educó de la misma forma en que se educaban nuestros Antepasados. Y ahí tenía fotografías que demostraban que los Antepasados se relacionaban con madres.

»No las creí. Creerlas hubiera sido dudar de Kander. Creerlas hubiera sido afirmar que Kander nos había mentido. Tenía que haber otra explicación. Pensé que podían ser fotografías de locos, de personas enfermas que disfrutaban con esas perversiones.

»Lo siguiente que me llamó la atención fue la disposición de los dormitorios en las casas de los Antepasados. Nosotros siempre hemos dormido en dormitorios comunes con un mínimo de veinte personas por dormitorio. Es más humano oír la respiración de los demás que estar sumido en el aterrador silencio de un solitario dormitorio. Lo sé.

»Los dormitorios de los Antepasados eran individuales o, como máximo para dos... hombres. Ya lo habéis visto todos. Y esto tampoco encaja con lo que Kander nos ha contado siempre.

»Pensé en la posibilidad... de que Kander nos hubiese engañado. Pudo habernos mentido para darnos una forma de vida mejor para nosotros.

»Entonces descubrí que las madres, no solo convivían con los hombres en la ciudad. ¡Vivían en sus casas!. En cada casa de esta ciudad solían vivir un hombre y una madre que... compartían una casa.

»¡Vivían en la misma casa!. ¡Dormían en la misma cama!. ¡Se apareaban y tenían niños a los que criaban juntos, viviendo en otras habitaciones de la misma casa!.

»No comprendo como podían vivir de esa forma, pero cada vez tenía más claro que los kander nos habían mentido. Empecé a preguntarme si nos habían mentido en otras cosas.

»Todos recordáis el ataque del Enemigo que sufrimos y que provocó la muerte de Kander. Hace varios días Pactor me explicó una teoría que no me atreví a creer. Pensaba que el Terror que padecimos no fue un ataque del Enemigo ¡sino el Terror de Kander al saber que iba a morir!.

»Dejadme que os recuerde cómo se produjo el accidente. Cuando aterrizamos con la lanzadera en el exterior de la esfera, Diren programó el ordenador para que soltara los enganches en caso de emergencia. Era una medida normal dadas las condiciones en las que nos encontrábamos. Iniciamos los preparativos para cumplir nuestra misión, una misión que estaba planeada desde hacía varios meses.

»Pero los planes fueron cambiados. Kander recibió un mensaje informando de una explosión solar cuyos efectos alcanzarían la nave en un par de días. Eso hizo que Kander cambiara los planes, se aceleraran para cumplirlos en la mitad de tiempo. Se cometieron imprudencias, se cometieron errores. Apremiado por Kander, Karel acercó la nave a la estación para acelerar el desembarco de los hombres. Mientras, en el interior de la esfera, Lodren hizo funcionar el desintegrador para generar la atmósfera de la estación. El ordenador de la lanzadera detectó las vibraciones en la superficie, e incapaz de comprender el significado de las mismas hizo saltar la alarma. Según las instrucciones de Diren se soltaron los enganches quedando la lanzadera a la deriva. Por pura casualidad, y no podemos culpar a nadie de ello, la lanzadera estaba en trayectoria de colisión con la nave. Tal vez Miro hubiera tenido tiempo de desviarla e impedir el choque. Pero entonces vi lo que estaba pasando y me asusté. ¡Pensé que Kander iba a morir!. Kander debió notar mi pánico. Temió por su vida. ¡Se Aterrorizó!.

»Lo que sentimos no fue un ataque del Enemigo, sino el Terror de Kander por su propia vida.

»Esa fue la teoría que me expuso Pactor. Teoría que encajaba perfectamente con los hechos conocidos, pero que yo no creí. No la creí porque los mayores, Lodren, Diren y Kestar, habían identificado el Terror como el mismo que sintieron cuando el Enemigo mató a todos los Antepasados hace cuarenta y dos años.

»O ellos se equivocaban, o era Pactor el que estaba equivocado. Porque si los dos tenían razón, si lo que sentimos era el Terror de Kander y era el mismo Terror que mató a los Antepasados, eso significaría que Kander fue quien los mató, que Kander era el Enemigo.

»Hubo más descubrimientos. El siguiente que hicimos fue con respecto a los Mandamientos Kander.

»Todos sabéis como funcionan los Mandamientos. Los aprendemos desde pequeños, en el recinto de las madres y los sabemos de memoria. Los repetimos todas las mañanas al levantarnos esperando que nos ayuden a resolver los problemas que nos plantee el día. Los tenemos grabados en la mente de tal forma que nunca dejamos de tenerlos presentes. Ellos impiden que hagamos o pensemos cosas incorrectas. Si algo fuese contra los Mandamientos no podríamos hacerlo, ni siquiera pensarlo.

»Descubrí que podía quebrantarlos. Tuve que desobedecer un Mandamiento Kander para proteger las vidas de Pactor y Lodren... y Diren. No me di cuenta de lo que esto significaba hasta mucho más tarde. Los Mandamientos no son lo que nos impiden hacer cosas incorrectas. Es Kander. Cuando pensamos algo que puede ir contra un Mandamiento, antes incluso de ser conscientes de dicho pensamiento, nuestro subconsciente detecta la contradicción y Kander lo nota. Y él es el que nos impide llegar a materializar ese pensamiento. Al principio lo acepté como algo bueno y necesario, al fin y al cabo, Kander se preocupa de que no tengamos pensamientos incorrectos. Nosotros nunca nos tenemos que preocupar de si un pensamiento o un acto son correctos o no. Si podemos pensarlo ¡es correcto!. Si podemos hacerlo ¡es correcto!.

»Sin embargo, ahora, Kander no está con nosotros. No sólo no sentimos su presencia, él tampoco puede detectar nuestras mentes. Kander no nos controla.

»No se sí comprendéis lo que eso significa. Significa que, si quisiéramos, podríamos quebrantar cualquiera de los Mandamientos Kander. Cualquiera.

»Sé lo que estáis pensando. Si Kander no nos controla ahora, ¿quién lo va a hacer?. La respuesta no es fácil. Nadie puede controlarnos. Tenéis que comprender que a partir de ahora, cada vez que penséis en hacer algo, tendréis que pensar primero en si es correcto o no. Conocemos los Mandamientos de memoria, pero ellos no nos impiden hacer cosas incorrectas. Tenemos que controlarnos nosotros mismos. Sé que es difícil. Nunca lo hemos hecho y no sé si seremos capaces de hacerlo. Pero no tenemos más remedio.

»Aún tenía una esperanza. Algún día podríamos volver a la Tierra, Kander volvería a controlarnos y no tendríamos más de lo que preocuparnos.

»Entonces pensé una cosa más, y ésta es la más importante.

»Si Kander nos controla, si Kander es el Enemigo, si mató a los Antepasados, ¿qué hará con aquellos a los que no pueda dominar?.

»Todos sabéis lo que ocurre con los locos. De vez en cuando alguien desaparece durante la noche. Kander nos dice que no nos preocupemos, que se ha vuelto loco y ha tenido que encerrarlo para que no haga daño a nadie, ni a sí mismo. Sospecho que de vez en cuando alguien descubre algunas de estas cosas de las que os he hablado. Empieza a pensar y descubre otras cosas. En un momento dado decide desobedecer a Kander o quizás sencillamente siente miedo de lo que ha descubierto. Kander nota ese miedo, investiga su origen y ve que ese hombre... se ha vuelto loco. Entonces se lo lleva y lo encierra. Por su propia seguridad. Sólo que es posible que Kander ni siquiera intente curarlo. Nadie ha visto nunca a un loco que haya vuelto tras haber sido curado por Kander. Es posible que Kander los mate como mató a todos los Antepasados. Por que los locos pueden negarse a obedecer, pueden resistir sus órdenes, así que a Kander no le queda más remedio que matarlos. Por eso mató a todos los adultos y dejó sólo unos cuatro mil niños en la Tierra. Porque a los niños los podía dominar. A los adultos, no.

»Ahora sabemos demasiado, sabemos cosas que pueden perjudicar a Kander. Si regresamos a la Tierra, Kander verá en nuestras mentes con total claridad. Verá que somos un peligro para él y que no puede dominar nuestras mentes como nos ha estado dominando desde niños. Creo que entonces decidirá matarnos. Es lo más fácil que podría hacer.

»Por eso los jefes y yo hemos decidido que no vamos a volver a la Tierra. Vamos a construir una nave y huir a donde los kander no nos puedan alcanzar. Pero aunque somos vuestros jefes, no queremos decidir por vosotros. Tenéis dos días para pensar en todo lo que os he dicho. No se hará ningún trabajo en esos dos días. Usadlos bien y decidid si creéis que es cierto o falso lo que os he contado. Podéis preguntarnos cualquier cosa que queráis saber. Tenéis a vuestra disposición todos los libros que hay en la estación y que se encuentran en la biblioteca y en el edificio escuela. Dentro de tres días Lodren empezará la construcción de dos naves. Una será para los que a pesar de todo prefieran volver a la Tierra. En la otra nos iremos los jefes, junto con todos los que quieran venir con nosotros. Buscaremos un sitio donde Kander no nos pueda encontrar.

Miró a sus hombres. Éstos estaban anonadados, incapaces de reaccionar a tantas cosas nuevas que estaban oyendo. ¿Tendría Choral razón?. Se preguntó si le quedaba algo por decir.

— Diren ha aprendido a leer el lenguaje de los Antepasados. Está leyendo libros para aprender más cosas sobre su forma de vida. Una de las primeras palabras que aprendió fue Libertad. Es el nombre que los Antepasados le dieron a esta estación espacial. Significa "poder elegir".

»Nosotros nunca hemos tenido que elegir, nunca hemos tenido libertad. Siempre hemos hecho las cosas dirigidos y controlados por Kander. Ahora no estamos controlados. Por primera vez en nuestras vidas tenemos libertad. Podemos hacer cosas correctas o incorrectas. Podemos acertar o equivocarnos en nuestras decisiones.

»Es algo terrible, porque nos obliga a controlarnos a nosotros mismos. Preferiría seguir controlado por Kander el resto de mi vida, sería mucho más sencillo que lo que nos aguarda. Pero no nos podemos engañar. Cuando volvamos a estar bajo el poder de Kander, nos matará. No tiene otra salida pues nos hemos vuelto imposibles de controlar.

»Prefiero la libertad antes que la muerte.

»Vivir en libertad es muy difícil. Algunos quizás no lo consigan. Pactor no ha podido soportarlo y se ha...

»Se ha vuelto loco.

»Espero que vosotros podáis conseguirlo, no nos queda otro remedio.

»Tenemos que vivir en libertad.

   

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