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Bienvenidos a Libertad 14: Por fin Choral descubre quienes son los que están desobedeciendo a Karel.

Creada10-03-2013
Modificada15-06-2015
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Marzo1

 

Bienvenidos a Libertad, Juan Polaino

Choral 14

— Vamos, dormilón, despierta.

Choral abrió los ojos y vio a Tador inclinado sobre él.

— ¡Venga!, ha pasado la hora de levantarse. Menos mal que los jefes han decidido darnos un día más de descanso, si no, te hubieras ganado una buena reprimenda.

— ¡Callaos, que quiero dormir!.

Tador contuvo una risa y bajó la voz.

— Será mejor que salgamos, si no, los que han hecho la guardia de noche se van a cabrear.

Se llevó las manos a la cara para frotarse los ojos y sólo entonces descubrió que tenía una de ellas llena de briznas de hierba.

— ¿Qué hiciste anoche cuando saliste?.

— Me apetecía estar solo. Fui a dar una vuelta.

— ¿Una vuelta?. Debiste dar cuatro vueltas a la estación por lo menos. Cuando volviste estaba ya la segunda guardia.

Salieron al exterior y contemplaron el paisaje. Por toda la estación se veían tenues manchas de verde en medio de las amarillas praderas.

— ¿Qué te parece?. Cualquiera diría que la hierba llevaba sólo dos o tres semanas sin regar. En cuanto cae rocío unas cuantas mañanas empieza a brotar de nuevo. Kestar dice que las altas temperaturas que alcanzamos el primer día que pusimos los espejos han hecho que las semillas...

Choral no quería saberlo.

— Te echo una carrera.

Corrieron entre risas hasta llegar al río en el que se bañaron y salpicaron al tiempo que Choral se frotaba todo el cuerpo. Echó de menos una ducha, pero no le apetecía volver al hedor del refugio.

Se preguntó por qué le molestaba tanto el olor. Así era como había olido siempre desde que abandonó la guardería.

Intentó recordar a las madres. Mujeres.

Apenas recordaba algunas escenas. Algunas mujeres le cuidaban y alimentaban. Le enseñaron a hablar y le dieron un ordenador para que aprendiera a leer. Ellas no sabían leer. Apenas podía recordar con claridad el rostro de ninguna. Él se dedicaba a jugar con el ordenador y con otros niños mientras las madres... mientras las mujeres se mantenían apartadas pero siempre vigilantes.

¿Cuál de ellas sería su madre?.

— ¿Ya estás otra vez?.

— ¿Qué?. — preguntó Choral.

— Recordando a Karel. Deberías dejar de pensar en él, no te ayuda en nada. Por cierto, ¿tienes idea de lo que pasa aquí últimamente?.

— ¿A qué te refieres?.

— Esta mañana ha venido Karel a impartirnos las órdenes. Bueno, las órdenes no. En realidad sólo vino a decirnos que descansáramos también hoy. Por lo visto Pactor se hallaba enfermo y no pudo venir aunque me extraña porque no ha llamado a Dicas. Lodren aún no ha terminado de diseñar la lanzadera que vamos a construir para regresar a casa y eso también es extraño; nunca le había visto tardar tanto tiempo en terminar un diseño.

— ¿No?.

— Desde luego. Aún recuerdo cuando estábamos en la Tierra y Lodren diseñó los aerodeslizadores. Tardó tres o cuatro días en tener los primeros bocetos y Pactor empezó a construir el prototipo mientras aún faltaban muchas piezas por diseñar. Tardamos varios meses en conseguir que funcionase pero Lodren y Pactor estaban siempre encima nuestra probando componentes, resolviendo problemas y cambiando los diseños cada vez que se les ocurría alguna de sus geniales ideas.

— ¿Conoces bien a Pactor?.

— ¡Pues claro!. Ya llevaba siete años en su equipo cuando tú te incorporaste. Ha sido el mejor jefe de equipo que ha habido nunca y cuando trabajaba en colaboración con Lodren eran increíbles. Lodren y él eran capaces de resolver cualquier problema de la forma más insólita e inteligente, por eso me extraña que se tomen tanto tiempo en diseñar la lanzadera. Debería ser algo muy sencillo para cualquiera de ellos.

— Yo no he visto nunca que colaborasen tanto como dices.

— Bueno, sólo llevas algo más de un año en nuestro equipo y... — Tador se cayó de repente y miró a Choral antes de continuar — Demonios, supongo que ya no importa. Cuando empezó la construcción de la nave todos pensábamos que él sería Andis, nos sorprendió que nombrasen a Boidabeko para ese puesto. Cierto que Boitade era más joven pero todos dábamos por sentado que era el más capacitado para dirigirnos. Además, si te das cuenta, antes eran bastante buenos amigos. Desde entonces dejaron de serlo, quiero decir que mantienen sólo las relaciones necesarias impuestas por sus cargos.

Choral estaba sorprendido. Lo que Tador le estaba comentando no encajaba con la manera de ser de Pactor.

— No es que Pactor tenga muchos amigos...

— No, ahora no, pero debieras haberlo conocido hace un par de años. Era muy alegre y se llevaba muy bien con todo el mundo. — tras una pausa añadió — Desde entonces no volvió a ser el mismo.

— ¿Crees que le molestó que ascendieran a Boidabeko en lugar de a él?.

— Sí, desde luego, estuvo varios meses bastante triste. Además tuvo un accidente y estuvo varias semanas sin trabajar.

— ¿El accidente en el que se rompió la nariz?.

— Sí. ¿Lo recuerdas?.

— Y ¿cuándo dices que fue?.

— Unas pocas semanas después de que ascendieran a Boidabeko.

— No, Tador, estás equivocado. Recuerdo que Karel me comentó hace tiempo que había ido a visitar a Boitade cuando tenía la cara vendada y que Pactor no quiso hablar con él. Pero eso fue un año antes de que lo ascendieran.

— ¿Estás seguro?. Bueno, es posible. De todas formas me extraña que no haya venido hoy a darnos las órdenes como hace siempre.

Choral se quedó mirando a Tador extrañado.

“¿Habrá descendido nuestro nivel de inteligencia desde que estamos sin Kander?”

Lo que fue un pensamiento fugaz le pareció de repente una increíble posibilidad.

¿Y si los kander eran realmente capaces de aumentar su inteligencia?. ¿No haría eso que al estar de nuevo lejos de su influencia...?

“¡Tonterías!. Mi cerebro y mi inteligencia son los mismos con Kander o sin Él.”

Por primera vez se fijó en el número que había tatuado bajo la clavícula derecha de Tador.

“Boitelo. Es mayor que Boidabeko, ¿por qué no tiene un grado más alto?.”

— ¿Te apetece volver a la Tierra?.

— ¡Hombre, claro!. No es que no se esté a gusto aquí, pero no hay casi nada que ver. En la Tierra tenemos montones de libros que podemos leer y muchas cosas que estudiar. Además, no acabo de acostumbrarme al paisaje. Me gustaría estar de nuevo en la Tierra para estar en una superficie plana y volver a ver el horizonte.

— Tampoco se está tan mal aquí.

— No, si no me quejo, pero ¿no te cansa todo esto?. Llevamos dos semanas aquí y ya lo hemos visto todo. Hemos recorrido todos los edificios y las fábricas. ¿Qué vamos a hacer a partir de ahora, sino aburrirnos como ostras, hasta que podamos volver a la Tierra?.

— Siempre puedes leer...

— No sé, últimamente no me apetece leer tanto como antes. En la Tierra estaba siempre leyendo, me gustaba aunque algunas veces no entendía muy bien lo que leía. Pero cuando se destruyó el ordenador de la nave ni siquiera nos quedó nada que podamos leer. En el de la lanzadera sólo había datos técnicos y a Andis no se le ocurrió extraer las memorias del ordenador de la nave.

Tador tenía razón. No tenían nada para leer o estudiar a no ser los libros de los Antepasados. Pero éstos estaban prohibidos. Y si a Tador, de todas formas, no le apetecía leer aunque en la Tierra...

Repentinamente sombrío, Choral salió del agua y se dirigió hacia la orilla. Se tumbó en la hierba esperando que el sol y la brisa le secaran. No debía olvidar su misión: descubrir quién era el que había entrado en la biblioteca y pasado la puerta que Karel había prohibido.

Tador le siguió y se tumbó a su lado. Arrancando unas briznas de hierba comenzó a acariciarle lentamente la piel.

— Déjame, Tador. No me apetece ahora.

Tador dejó de acariciarle pero aún se quedó contemplándole.

"Sea quien sea irá de nuevo a ver los libros. Podría estar allí esperándole.

"Y ¿qué le digo?. ¿Que pasaba por allí?."

— Choral.

— ¿Sí?.

— He pensado que te has quedado solo hace poco y... bueno, yo... hace tiempo que no tengo pareja. No es fácil encontrar el hombre adecuado...

"¿Cómo podría ganar su confianza para que me dijera lo que está haciendo o lo que piensa hacer?."

— Se que quieres a Karel, pero él te ha abandonado y... se ha emparejado con Diren. Eso pasa a veces y no tiene por qué doler demasiado. Pero la manera en que te ha dejado...

"Si es capaz de desobedecer una orden directa de Karel, ¿Qué clase de hombre será?. ¿Qué sería capaz de hacer?."

— ...la verdad es que tienes motivos para odiarlo...

— ¿Qué?.

— Digo que deberías odiar a Karel por la forma en que...

Choral soltó una alegre carcajada mientras Tador se preguntaba qué era lo que había dicho de gracioso.

— ¡Pues claro que lo odio, Tador!. Gracias por hablar conmigo. No sabes cuánto me has ayudado.

Le dio un beso y se levantó, alejándose en dirección a la biblioteca mientras Tador intentaba comprender qué era lo que había provocado la risa de Choral. Al no conseguirlo se encogió de hombros y se levantó murmurando.

— Será mejor que me busque a otro. Choral es demasiado raro algunas veces.

* * * * *

Choral llevaba dos largas horas esperando en la planta superior de la biblioteca. Había llegado directamente encontrando a varios hombres que observaban las fotografías de las mujeres en la planta inferior. Estuvo un rato con ellos y luego, cuando se fueron, volvió a tomar otro camino que lo llevase de vuelta sin que le vieran. Atravesó la puerta cerrándola a sus espaldas y procurando pisar donde ya el polvo había sido limpiado por pisadas anteriores. Temía que pudiera haber alguien, por eso ascendió las escaleras con cautela. Al no ver a nadie se preguntó qué debía hacer. ¿Esperar en algún rincón a que llegaran... quienes quiera que fuesen?. No. Sería sumamente sospechoso si llegaban y le veían escondido en un rincón. Sería más verosímil si le encontraban mirando abiertamente fotografías de los libros. Observó uno que había sobre una mesa. Estaba abierto y mostraba la foto de un hombre y una mujer casi desnudos paseando por un parque cogidos de la mano. Al fondo se veían varios niños jugando y otra pareja abrazada sobre la hierba.

“¿Por qué se pondrán esas ridículas piezas de ropa?” se preguntó.

Marcó la hoja y comenzó a examinar todas las fotos que pudo ir encontrando. En algunas se veían sólo hombres, en otras mujeres, pero en la mayoría de las fotos ambos se mezclaban en grupos o parejas de ambos sexos.

No pudo encontrar ninguna foto en la que estuvieran

(¿gozando?)

apareándose, lo cual le pareció normal. Le extrañó sin embargo que en todas las fotos que había, todos los hombres y mujeres estaban más o menos vestidos. Podía entender que vistieran en la calle si hacía frío. En el interior de las casas, sin embargo, aparecían también con trajes que aparentaban ser bastante incómodos. Otra cosa que le llamó la atención fue ver que muchas mujeres, en las fotos, llevaban unos extraños zapatos que debían resultar tan incómodos como las ropas que llevaban en ocasiones.

Dejó el libro en la misma posición en que lo encontró, e intentó imaginar qué atraería a nadie a aquella sala. El polvo cubría todo el suelo y en él se veían huellas de pies descalzos.

Las siguió, observando que las huellas se metían en todos los pasillos, se detenían ante todos los armarios.

Había un pasillo que estaba más limpio de polvo que los demás. Se veían en él huellas de nalgas de hombres que se habían sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Se los imaginó apoyados en el armario y hojeando detenidamente un grueso libro que sostenían sobre sus rodillas.

"Si se han apoyado en este armario, los libros que consultaron debían estar en este otro."

Abrió el armario, donde contó siete estantes metálicos con unos cien libros cada uno. Cogió el primero de una fila y vio que en su interior solo había palabras sin ninguna foto.

Volvió a dejarlo en su sitio.

Dentro del armario los libros estaban resguardados del polvo, así que no podía buscar el que estuviese más limpio. Tendría que irlos revisando uno a uno hasta encontrar el que les había llamado la atención.

Empezó por el estante superior, y fue revisándolos deteniéndose únicamente cuando encontraba gráficos, dibujos o fotografías. Pronto sospechó que todos los libros del estante superior hablaban de geografía. Había todo tipo de mapas continentales con otros más detallados de regiones particulares del planeta. Encontró numerosos mapas geológicos, orográficos y otros, que no llegó a entender en los que un continente se veía dividido en diferentes zonas de distinto color. Pensó que parecía un intento de demostración del teorema de los cuatro colores aunque no pudo imaginar por qué alguien intentaría aplicar un principio de topología a mapas continentales.

Por pura curiosidad buscó en los mapas la zona donde estaba la ciudadela. Cuando la encontró se vio sorprendido al comprobar que las ocho ciudades que habían explorado en los últimos años estaban marcadas en el mapa con pequeños círculos blancos. Si el tamaño de los círculos guardaba relación con el tamaño real de las ciudades, cosa que le pareció lógica, las ocho ciudades eran minúsculas en comparación con otras muchas que había a menos de quinientos kilómetros de distancia. ¿Cómo era posible que las hubiesen ignorado hasta ahora en todas sus exploraciones?

En los tres siguientes estantes, los libros eran casi todos similares, sin gráficos y con escasas fotos, aunque le dio la impresión de que cada uno de los libros narraba la vida de una persona. ¿Qué podían haber hecho cada uno de ellos que mereciera un libro narrando su vida?. Sorprendentemente, varios libros hablaban, no de un hombre, sino de una mujer.

En el siguiente estante encontró numerosos dibujos de gran calidad en los que se veían representaciones aparentemente descriptivas de la vida de unos animales bastante similares al hombre. En una página descubrió dos cráneos, uno humano, el otro, evidentemente, de un simio del que no pudo reconocer la especie. Había líneas indicando similitudes y diferencias entre ambos cráneos.

Cuando iba a pasar al siguiente libro oyó la puerta que, al fondo de la escalera, se abría para dejar pasar unos pies sigilosos.

Aunque lo esperaba desde hacía más de dos horas, se sobresaltó dejando caer el grueso libro que fue a estrellarse con gran estrépito contra el suelo. Abajo se hizo el silencio.

Permaneció paralizado durante varios segundos. Oyó unos murmullos y, momentos después, unos pies descalzos comenzaron a subir cautamente por la escalera.

Sintió miedo de pronto. ¿Y si, quien quiera que fuese, recurría a la violencia?. Nunca hasta anoche había visto una pelea entre hombres. Sólo los animales se peleaban para cazar o hacer respetar su rango en la manada, de ahí que no hubiese sido capaz de reaccionar cuando Pactor atacó a Karel. Y ahora que no había Mandamientos, cualquiera sería capaz de atacarle, incluso de matarle. ¿Qué debería hacer si le atacaban?. ¿Qué podría hacer si decidían matarle?.

— ¡Choral!. ¿Qué demonios haces aquí?.

Se volvió para ver a Baltis, que había rodeado los armarios por el segundo pasillo.

— ¡Tilo!, ¡Draken!. Venid. Es Choral.

¿Éstos eran los tres que habían desobedecido la prohibición de Karel?.

Tilo y Draken llegaron enseguida y se agacharon a su altura para acosarle a preguntas.

— Parad, ¡parad!. ¿Qué hacéis vosotros aquí?.

— ¡Eh!, nosotros preguntamos primero. — dijo Tilo — ¿Cómo se te ha ocurrido...?. ¡Oh, Kander!.

— ¿Qué pasa?. — preguntó Draken.

— Ayer le trajimos aquí para enseñarle las fotos de las madres. Sólo quería animarle un poco. No me di cuenta de que está tan enfadado con Karel que lo primero que se le ocurriría, cuando viera la prohibición de la puerta, sería desobedecerla.

— Y ¿qué hacéis vosotros aquí?. Yo por lo menos tengo un motivo. ¿Y vosotros?.

— ¿Motivo?. ¿Te parece motivo suficiente que Karel te haya abandonado para que le desobedezcas?.

— Puede que no sea suficiente pero es un motivo. ¿Cuál es el vuestro?.

Se quedaron callados mirándose entre sí. Por fin, Tilo comenzó a hablar.

— Quizás te parezca raro, pero desde que hemos llegado a la estación sospechamos que está ocurriendo algo muy extraño.

— ¿Extraño?.

— ¿No te has parado a pensar en todas las cosas que están ocurriendo?. Primero muere Kander, sentimos el Terror y luego la Soledad. Durante dos o tres días no tenemos tiempo más que para comer y dormir. No hacemos otra cosa que trabajar y estar destrozados. Después, de repente, los jefes dejan de venir a los dormitorios, se quedan permanentemente en el recinto de las madres y solo aparecen para dar órdenes. Que cada vez son menos, por cierto. En los últimos días hemos descansado durante horas casi todas las tardes y ahora llevamos dos días casi de vacaciones.

— Bueno, ¿y qué?. Lodren sigue viniendo a dormir a los dormitorios y está diseñando unas lanzaderas que vamos a construir para regresar a la Tierra. Según he oído comentar, le queda poco para terminar los diseños y pronto vamos a empezar a construirlas. Karel y Diren no han venido, supongo, porque no se atrevían a darme la cara...

Sé interrumpió de pronto al ver que los tres estallaban en una estruendosa carcajada.

— ¿Qué os hace tanta gracia?.

— ¿No creerás — dijo Tilo — que Karel y Diren tenían miedo de ti?. No, Choral. Lo que ocurre es que han descubierto algo en ese edificio y no quieren que nosotros lo sepamos.

— Y ¿qué crees que han descubierto?.

— No... no estamos seguros pero Kander nos ha enseñado que entre todos los hombres debe haber confianza, y ellos no la tienen en nosotros.

— ¿Por eso habéis desobedecido la prohibición de Karel de subir a esta sala?.

— Sí. Y hemos actuado correctamente. Si ellos tienen secretos nosotros también podemos tenerlos.

— ¿Os parece que habéis obrado correctamente?. — preguntó asombrado.

— ¡Desde luego!. Si no fuera correcto ni siquiera hubiéramos podido pensar en ello, ya sabes cómo funcionan los Mandamientos. No se puede pensar ni hacer nada que vaya en contra de ellos. Es imposible.

— Pero uno de los Mandamientos dice que debemos obedecer a los superiores. ¿Cómo puede ser correcto desobedecer?.

— Hemos descubierto que hay circunstancias en las cuales los Mandamientos se pueden quebrantar si es con un fin correcto y según la voluntad de Kander. Prueba de ello es que estamos aquí. Lo que no entiendo es cómo has podido desobedecer tú si el fin que perseguías no era correcto. Tu mente no debería ser capaz de permitir ni un pensamiento contra los Mandamientos. A no ser — añadió repentinamente alarmado — ¡...que te hayas vuelto loco!.

— ¿Por qué piensas que el fin que persigo es incorrecto?.

— Es evidente. Lo único que deseas es vengarte de Karel. No es ningún motivo válido que te permita quebrantar los Mandamientos.

Choral se sintió encerrado. Precisamente había planeado usar la venganza como motivo para desobedecer a Karel, pero ahora comprendía que no serviría. Tenía que inventar un motivo a toda velocidad, un motivo que fuera lo suficientemente poderoso y plausible como para convencerles de que era correcto.

No se le ocurrió nada.

Tilo, Draken y Baltis esperaban intranquilos su respuesta.

Creían estar haciendo lo correcto. Ignoraban que era el control directo de Kander el que impedía que se pudiera pensar algo contra los Mandamientos. Al no existir ya ese control, su mente había funcionado con libertad y ni siquiera se planteaban que pudiera ser incorrecto su proceder, tal como Diren había adivinado. ¿Qué habían planeado?.

— Tu razonamiento es perfecto. Como muy bien has deducido yo no podría estar aquí a no ser que mis motivos fueran correctos, y efectivamente no tienen nada que ver con la venganza contra Karel. Y tampoco estoy loco. No obstante no puedo deciros mis motivos hasta que confirme unas observaciones que he realizado. Tendréis que creer en mi palabra.

— De acuerdo. — dijo Tilo tras consultar con la mirada a sus compañeros — Supongo que nos dirás tus motivos cuando sea correcto. Tengo curiosidad por conocerlos.

Choral permaneció asombrado durante unos segundos.

"¿Ya está?. ¡Me han creído al momento, sin dudar!. ¿Tan fuerte es el poder de Kander, tan dominados hemos estado siempre que no pueden concebir que les estoy mintiendo?. Hace dos días yo hubiera actuado de la misma forma, pero ahora sé que no estamos controlados, que podemos desobedecer, mentir, pelear y matar sin que nada nos lo impida. Ellos aún no lo saben."

— Quizás podáis ayudarme a cumplir mi misión. Decidme ¿qué habéis podido averiguar desde que estáis viniendo aquí?.

— Bueno, no mucho. Empezamos a venir hace tres días. Mejor dicho, empezamos a subir a esta sala, pues ya llevábamos varios días viniendo a ver las fotos de abajo. Hemos examinado muchos libros. En cada armario hay libros de uno o dos temas similares, todos los de matemáticas están en el mismo armario y hay otros armarios con libros de física, química, astronomía... En otros armarios no hemos encontrado nada que nos permita saber de lo que tratan sus libros. El más interesante, desde luego es éste. — se detuvo un momento y le miró extrañado — ¿Cómo es que estabas precisamente aquí?.

— Es fácil. Vi vuestras huellas en el polvo del suelo y observé que la mayor cantidad estaba en este pasillo. Aunque no sabía que eran vuestras huellas. Pensé que eran las de Karel y Pactor.

— No, no han venido nunca por aquí que nosotros sepamos.

— Y, ¿de qué hablan estos libros?.

— Son libros de historia de los Antepasados. Es curioso, pero los Antepasados hace mucho tiempo, no sé cuánto pues no entiendo nada de lo que está escrito, eran casi como animales. Sin embargo a lo largo de los siglos fueron aprendiendo a vivir mejor, construyeron casas mejores, ciudades y civilizaciones. Pero lo más curioso de todo es que eran muy violentos. Conseguían lo que querían por medio de guerras. Estos libros están llenos de guerras. Y otra cosa. Los hombres y las madres convivieron juntos a lo largo de toda la historia.

— ¿Eran inteligentes?.

— ¿Las madres?. No, que tontería. Pero casi todos los hombres que aparecen en estos libros tenían una o varias madres para ellos solos. Y servían para más cosas que las nuestras.

— ¿Para qué servían?.

Tilo le miró unos segundos y Choral pensó que se sentía avergonzado.

— Bueno... servían para muchas cosas. Las nuestras solo sirven para parir y criar niños, pero las de los Antepasados servían además para trabajar en el campo, tener la casa limpia, hacer comidas, como adorno... y para el sexo.

— ¿Para el sexo?.

La noche antes, Diren había dicho algo parecido. ¿Podría ser cierto?.

— No es que colaborasen en las actividades sexuales de los hombres. Hay cosas que aún no entendemos. Por lo visto lo más frecuente era que mantuviesen una relación entre un solo hombre y una madre.

— Y ¿disfrutaban?.

— Aparentemente sí. He hablado con Baltis y Draken de cuando nos llegó la hora de... aparearnos. La verdad es que para los tres fue bastante desagradable. Pero últimamente...

Se detuvo. Choral se dio cuenta de que su piel se había puesto ligeramente encarnada. ¡Y se estaba excitando!.

— ...me gustaría probar otra vez.

Choral estaba atónito. Tanto Tilo como Baltis y Draken parecían avergonzados de lo que el primero acababa de decir pero en absoluto tan escandalizados como él se sentía en estos momentos. ¿Podían plantearse en serio el hecho de aparearse por gusto con una madre?.

Intentó analizar sus propios sentimientos. Nunca antes había imaginado que pudiera sentirse excitado al ver imágenes de mujeres pero llegar a acostarse con ellas...

— ¿Y el amor?.

— Se puede seguir amando a otros hombres. Míranos a Baltis y a mí, estamos enamorados pero eso no impide que gocemos con otros. — sonriendo añadió — Como muy bien te demostramos anoche.

— No. Lo que quiero decir es que yo no me acostaría con un hombre al que no amase, por lo menos un poquito, aunque desde luego prefiero... gozar con quien más ame. Pero ¿se podría sentir ese poquito de amor por una mujer?.

— Por una ¿qué?.

— Por una madre. — rectificó.

— ¡No!. — contestó Tilo, sorprendido — Bueno, no lo creo... No lo sé. La verdad es que no se me había ocurrido.

— Tilo, lo más bonito del sexo es dar, ser generoso y querer para el otro el mayor placer posible. ¿Cómo podrías practicar el sexo con una madre si no la amases por lo menos un poco?.

— Pues no lo sé. No lo sabemos pero nos gustaría probarlo. Por eso estamos molestos con los jefes.

— ¿Por qué?.

— Bueno, es evidente. Nada más llegar se encierran en el recinto de las madres y casi no vuelven a salir. No nos dicen nada de lo que hay allí y desde entonces parece que han dejado de dar órdenes y mantener la disciplina. Incluso Karel te ha abandonado de una manera muy extraña. Todos piensan que por Diren pero nosotros, ¿sabes lo que pensamos?.

— ¿Qué?.

— Que han encontrado madres en hibernación, las han despertado y las están usando. Por eso no nos dicen nada. Se las quieren guardar para ellos.

Choral se los quedó mirando con incredulidad. Durante unos segundos pensó que le estaban gastando una broma, pero al ver la seriedad de su expresión, supo que ¡creían! lo que habían dicho.

Sin poderlo evitar, estalló en una estruendosa carcajada que les dejó estupefactos.

— ¡Choral, por Kander, cállate!. Nos van a oír desde abajo.

Pero no podía pararse. Se tapó la boca con la mano intentando ahogar la risa con lo que se le ensució la cara del polvo que cubría los suelos. Cada vez que los miraba, los veía tan serios, alarmados y preocupados que le entraba otro ataque. Las lágrimas brotaron copiosamente de sus ojos marcando profundos surcos en sus mejillas.

— ¡Las madres!. ¡Ay, las madres!.

Tuvo otro ataque de risa que le hizo perder el equilibrio revolcándose por los suelos. Los tres preocupados conspiradores se miraban entre ellos intentando comprender el chiste que habían contado.

Cuando Choral consiguió calmarse lo suficiente pudo por fin hablar.

— Gracias por vuestra confianza, amigos. Me habéis ayudado mucho. Podéis creerlo. Gracias a vosotros ya sé lo que tenemos que hacer.

— ¿Qué tenemos que hacer?. — preguntó.

— No. Vosotros nada. O mejor, sí. Seguid investigando en los libros, aprended todo lo que podáis. Pero, por favor, usad las reglas de la investigación científica a partir de ahora para confirmar cualquier nueva hipótesis que se os ocurra.

Se dirigió hacia la escalera para abandonar el edificio.

— ¡Espera, Choral!, tienes que comprobar que no haya nadie en la planta... — un portazo le interrumpió. Choral ya había salido por la puerta — Bueno, es igual. No creo que nadie lo reconozca.

   

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