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Bienvenidos a Libertad 13: Pactor no puede aguantar más y se rebela contra Karel. Todo parece perdido, pero tal vez aún quede una esperanza.

Creada10-03-2013
Modificada15-06-2015
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Agosto4

 

Bienvenidos a Libertad, Juan Polaino

Choral 13

Lo que habían dicho Tilo y Baltis era cierto como tuvo ocasión de comprobar aquella misma noche en los dormitorios. Después se retiró a una colchoneta libre, no la de Karel, para evitar despertarlos más tarde. Tilo y Baltis le pidieron que se quedara a dormir con ellos. Les dijo que prefería dormir solo durante algún tiempo.

Cuando se hizo el silencio y supuso que todos se habían dormido, se levantó sigilosamente y salió del refugio. Pasó junto al guardia que vigilaba aquella noche y caminó por la orilla del río pero en dirección contraria a donde estaba la escuela. La esfera tenía un aspecto apacible bajo la ligera penumbra que penetraba por los ventanales tras haber sido girado el espejo exterior.

Tardó casi una hora en llegar y se aseguró de que en la relativa oscuridad era imposible verle desde el refugio.

Penetró en el edificio pegado a la pared y pasando por detrás de la alarma para evitar ruidos innecesarios. Había luz en la habitación de Diren. La ignoró dirigiéndose hacia la de Karel. Allí no había colchonetas ni camas, sólo gran cantidad de libros abiertos que ocupaban casi todas las mesas. Karel no estaba por ningún lado. Se dirigió a la habitación de Diren y lo encontró dormido sobre una mesa. Su cabeza reposaba sobre un libro.

Se preguntó si estaría leyendo los libros de los que había hablado. Intentó despertarle con suavidad.

— Diren, despierta.

Le oyó pronunciar unas palabras que no reconoció. Debían ser de ese extraño idioma que decía entender.

— ¡Diren!.

Abrió los ojos lentamente, cobrando conciencia de dónde se encontraba.

— Hola, Choral.

— ¿Donde está Karel?.

— ¿Qué hora es?. ¡Hum!. Han debido irse a dormir hace rato. Y yo también debería irme ya.

— ¿Donde duermen?.

— Vamos, te guiaré. — comenzó a levantarse, cerrando los libros. Entonces recordó — ¿Te ha visto alguien venir?.

— No, nadie. Sólo el guardia de noche me ha visto salir del dormitorio pero no se le ocurrirá que venía hacia aquí.

— ¿Cómo has pasado sin que sonara la alarma?.

— Tal como está puesta es bastante fácil evitarla. Únicamente funcionaría con quien no supiese que está ahí.

— Sí, es cierto. Anda, vamos. ¿Has descubierto algo?.

— Sí. Es mejor que os lo cuente cuando estéis todos despiertos, así me ahorraré contarlo varias veces.

— ¡Has descubierto algo!.

Choral observó sorprendido a Diren. Luego se echó a reír.

— Sí, claro. ¿Acaso pensabas que no funcionaría el plan de Isai Draikas?.

— Bueno, la verdad es que tenía mis dudas. Hay muchas cosas que no entiendo en estos libros. Algunas veces los Antepasados demuestran tener unos conocimientos increíbles y una forma de ser muy complicada. Otras en cambio...

— He pensado que deberías escribirlos conforme los traduces. Sería muy interesante que pudiéramos leerlos todos.

— También lo pensé yo al principio, pero no podemos usar el ordenador.

— Puedes imprimirlo en papel y borrarlo de la memoria antes de enviar los datos a la Tierra. ¿No?. O usar el ordenador de la lanzadera o escribirlos a mano.

— Sí, es posible que tengas razón. Aquí es.

Choral observó la casa ante la que se habían detenido. Estaba a unos sesenta metros del edificio y aunque todas las casas eran distintas, ésta no tenía nada que la destacase de las demás.

Penetró en ella y siguió a Diren mientras éste subía por la escalera. Se extrañó cuando llegó a una puerta cerrada y comenzó a golpearla con los nudillos.

— ¡Karel, despierta!. Ha venido Choral.

Unos segundos después oyó un chasquido y la puerta se abrió.

— Koideso, ¿Cómo estás?. — dijo Karel. Comenzó a abrazarle pero Choral puso la mano delante.

— Karel, espera. Diren, despierta a los demás. Debo contaros lo que he averiguado.

Mientras Diren iba a despertar a Pactor y Torio, que dormían cada uno en una habitación, observó Choral extrañado, éste pasó al interior de la habitación de Karel. A la suave luz que penetraba por la ventana vio la cama en la que había dormido aquél.

— ¿Es cómoda?.

— Demasiado blanda. Las primeras mañanas me desperté con dolor de espalda. Ya me estoy acostumbrando.

— Y ¿para gozar?.

Karel se acercó a él abrazándolo y pudo notar cómo su cuerpo reaccionaba.

— Boidabeko, Boidabeko, ahora no. Nos están esperando para que les informe. Yo he tenido demasiado sexo por hoy y no... no podría... aguantar otro...

Con un suspiro se dejó llevar por sus hormonas que realizaron el milagro que creía imposible.

Mientras gozaban mutuamente de sus cuerpos, Choral se sorprendió al imaginar, al recordar unos cuerpos insinuantes que le miraban desde las páginas centrales de una revista, y sintió tal excitación que gozó de una forma que creyó no poder volver a repetir en su vida.

Sus fuertes jadeos sorprendieron a Karel que, igualmente, se juró que jamás podría gozar con otro hombre como con Choral.

Cuando terminaron, Karel lo acompañó a un cuarto que había en el dormitorio donde vio unos aparatos que podrían servir de aseo. Se sorprendió al ver caer el agua de la ducha.

— Torio encontró los planos de la casa con indicaciones de todas las conducciones de agua y electricidad. Y encontró la llave general del agua. Uno de sus hombres está fabricando un generador similar al que instalamos en la depuradora de aguas pero con potencia para abastecer todas las casas. De momento te tendrás que conformar con agua fría.

No estaba tan fría como había pensado y se pudieron duchar con comodidad.

Cuando bajaron al salón, Pactor y Torio esperaban impacientes, sentados en sendos sillones que rodeaban una pequeña mesa de cristal.

Diren descabezaba un pequeño sueño en un sillón.

* * * * *

— Y ¿no has oído a nadie ningún comentario que te indique de alguna manera quién ha quebrantado la prohibición de Karel?.

— No, Pactor. Sólo sé que casi todos los hombres han ido a ver las fotografías pero no sospecho de nadie que haya podido abrir la puerta.

— Bueno, mañana iremos a buscarlas y de paso nos traeremos los libros que podamos.

— Perdona, Pactor. No creo que debamos hacer eso. Las fotos llevan allí cinco o seis días. Si las quitáis ahora todos sospecharán que yo os lo he dicho y no volverían a confiar en mí.

— No importa. Sea quien sea el que haya entrado en la biblioteca, si nos llevamos los libros no podrán ver nada más.

— Pero tampoco sabremos quién ha sido ni lo que han averiguado. Es mejor que no hagamos nada hasta que sepamos quién ha desobedecido la prohibición de Karel. Es más, una vez que lo averigüe preferiría no acusarlos y, como hizo Isai Draikas, hacerme amigo de ellos y averiguar lo que planean.

— Describe de nuevo las fotos. — intervino Diren.

— Eran extrañas. La verdad es que muestran escenas que no había imaginado nunca. Al menos, no hechas por una madre. Y excitantes. Solo de recordarlas... Os gustaría verlas, estoy seguro.

— ¿Parecían... inteligentes?.

Choral se sorprendió.

— Bueno, eran muy hermosas, desde luego. ¿Inteligentes?. No sé. Supongo que serían como nuestras madres. Diren, perdona, creo que no he entendido la pregunta.

Diren guardó silencio durante unos segundos. Después dijo:

— Karel, Choral me ha sugerido hace un rato que tendría que escribir en nuestro idioma los libros de la vida de Isai Draikas. ¿Podría usar el ordenador de la lanzadera para hacerlo?.

— No, Diren. Enviamos a la Tierra los registros de los dos ordenadores.

— En tal caso, ¿podría usar uno cualquiera durante el día e imprimir en papel lo que vaya traduciendo?.

— Sí. — dijo Karel tras unos momentos — Haz primero un programa que pueda borrar todos tus registros y a sí mismo antes de ningún volcado de memoria.

— Yo tengo hecho un programa parecido. — dijo Pactor — Con pocas modificaciones te podría servir y solo se tardan unos diez minutos en introducirlo. ¿Crees necesario traducir esos libros?.

— Sí. Escuchad, hay muchas cosas que no entiendo, y una de las primeras que me han llamado la atención es todo lo que se refiere a las mujeres.

— ¿Mujeres?. — preguntó Torio.

— No sé si voy a ser capaz de explicarlo. Los Antepasados tenían muchas palabras para designar cosas que nosotros no conocemos. En cambio había cosas para las que tenían varias palabras. He descubierto que las cosas normales tienen una palabra que las define. En cambio las cosas importantes pueden ser indicadas con distintas palabras en distintas ocasiones. Y todas ellas señalan al mismo objeto en distintas categorías o situaciones.

— Diren, por favor. — dijo Karel.

— ¡Hum!. Por ejemplo, los árboles. Si no fueran importantes todos los árboles serían árboles y punto. Pero como son importantes tenemos palabras para diferenciar pinos, olmos, abetos, chopos, sicomoros, etcétera. ¿Entendéis?.

»Una cosa que he descubierto es que a las madres se les da distintos nombres en determinadas circunstancias, y eso me hace deducir que eran importantes entre los Antepasados.

— ¿No crees que exageras?. — preguntó Pactor.

— ¡No!. Dejadme que os explique. A las madres se las llamaba normalmente mujer que es la palabra que normalmente las define y que no parece tener connotaciones reproductoras. Cuando una mujer se reproduce se le aplica la palabra madre que tiene el único significado que nosotros le damos a la palabra ‘madre’, pero sólo en referencia a los niños que ha parido. Para nosotros son simplemente madres pero para los Antepasados eran mujeres y algunas eran madres de alguien. En la infancia se las llamaba niñas, cuando son capaces de reproducirse, señoritas pero no se reproducían entonces sino que esperaban varios años hasta que se emparejaban con un hombre. Entonces pasaban a llamarse señoras y la palabra madre solo se les aplicaba en relación a los hijos que paría. También, en distintas ocasiones se emplean otras palabras para referirse a ellas. Puta, novia, esposa...

— Diren, — dijo Pactor — supongo que tarde o temprano dirás qué importancia tiene todo eso.

— ¡Que los hombres tienen muchas menos palabras que los definan!.

— Bueno, eso demuestra que tu teoría es incorrecta. Si el número de palabras que pueden definir un objeto dependiese de la importancia del mismo, los hombres deberían tener muchas más palabras que las madres.

— ¡A no ser que las mujeres tengan más importancia que los hombres entre los Antepasados!.

— ¡Ridículo!. Las madres solo tienen importancia como reproductoras. No tienen inteligencia para otra cosa.

— ¡Tengo otra prueba!. Pactor, Karel, oídme todos e intentad creerme. Nosotros tenemos palabras para designar las cosas según su descripción binario — conceptual. Y les ponemos prefijos y sufijos para cambiar ligeramente el significado de las mismas. Determinados sufijos sirven para indicar el número, para indicar si nos referimos a uno o varios objetos. Determinados prefijos nos sirven para indicar la acción que dicha palabra realiza con respecto al verbo de la oración. Los Antepasados apenas usaban prefijos, los sustituían por partículas, minipalabras, podríamos decir. En cambio usaban dos sufijos distintos para indicar el número y... no sé cómo explicarlo, para indicar si la palabra hace referencia a un hombre o a una mujer.

— No, creo que no sabes explicarlo. — dijo Karel — ¿Qué palabras y en relación a qué?.

— ¡Prácticamente todas!. Sobre todo las que se refieren a profesiones y grados. Existe una palabra para referirse a un... no sé, a un médico, y con un sufijo determinado la palabra significa mujer médico. En ocasiones ni siquiera es un sufijo sino que es una palabra distinta por completo. Existen las palabras profesor que significa hombre que enseña, y maestra que significa ¡mujer que enseña!.

— ¿No habrás supuesto que entre los Antepasados...?

— ¡Sí!. Lo he visto en todos los libros que he leído. ¡Las mujeres podían hacer los mismos trabajos que los hombres!.

— Pero ¿quién les enseñaba?. — preguntó Choral.

— ¡Aprendían juntos!. Iban al colegio juntos y allí tenían maestras y profesores que les enseñaban.

— Pero no podrían aprender al mismo ritmo que los hombres. ¿No dificultarían después el estudio de éstos?.

— No lo sé. No me ha dado esa impresión, por lo que he leído, pero no puedo estar seguro hasta que lea más cosas. Lo que sí es cierto es que hombres y mujeres estaban siempre juntos. En casi todas las escenas que he leído aparecen tantas como hombres.

— Perdona, Diren. — dijo Karel — He visto que utilizas nuestra palabra para referirte a los hombres y, en cambio, la palabra mujeres para referirte a las madres. ¿Por qué no las llamas madres como siempre?. Creo que te entenderíamos mejor.

— ¡Porque la palabra madre no las define!. Solo tiene una connotación de las muchas que tiene la palabra mujer.

— Y ¿qué otras connotaciones tiene esa palabra, mujer?.

— Bueno, es curioso pero en los libros que he leído hasta ahora no aparece ninguna escena de sexo entre hombres. De hecho, las escenas de sexo no se describen muy bien, se suele pasar directamente del principio al final del acto sexual.

— ¿En qué quedamos? — dijo Karel, impaciente — ¿Aparecen escenas de sexo o no aparecen?.

— Karel, no aparecen escenas de sexo... entre hombres.

— ¿Quieres decir... que se describen... apareamientos?.

— No, Karel. No son apareamientos. Son escenas de sexo... entre un hombre y una mujer.

— ¡Ya estoy harto! — gritó de repente Pactor — ¡Después de decir tantas tonterías no se te ha podido ocurrir una mayor!. No pienso seguir escuchando asquerosidades como ésa. Karel, detén esta farsa de inmediato. No comprendo como puedes escuchar semejantes disparates. ¿Nos has despertado a todos para hacernos oír...?

— ¡Basta, Pactor!. Os he despertado porque estamos juntos en esto. Cada vez tenemos más pruebas de que Kander nos ha engañado durante toda nuestra vida. Al principio intenté aclarar las cosas para que pudiéramos volver a la Tierra. Pero cada contradicción que hemos intentado resolver nos ha llevado a muchas más contradicciones.

— ¡Y seguiremos así indefinidamente!. No podemos resolver esto, cada vez lo veo más claro. Lo único que podemos hacer es informar a la Tierra de una vez por todas. Kander nos dirá lo que tenemos que hacer.

— Si hacemos eso, Kander nos matará.

Una cortina de silencio pareció caer de pronto sobre ellos. Choral quedó sorprendido de que Karel hubiese llegado a la misma conclusión a la que llegó él hacía sólo unas horas. Pero aunque lo había pensado, se sobrecogió al escucharlo en voz alta.

De todos, Diren era el que parecía menos asustado.

— ¿Te has vuelto loco?. — las palabras de Pactor sonaron en un feroz silbido — ¿Piensas que Kander sería capaz de matarnos?.

— Lo ha hecho antes. ¿Qué crees que les hace a los que se vuelven locos?.

— Sí. Tú estás loco. Kander te encerrará aparte para que no nos contagies al resto de nosotros. Te relevo del mando, ya has hecho demasiado daño.

— ¿¿Que tú...??.

— Diren, Torio. Acompañadlo a un cuarto donde se le pueda encerrar hasta que regresemos a la Tierra. Será bastante tiempo, pero espero que Kander aún te pueda curar.

Torio comenzó a hacer un movimiento por levantarse, deteniéndose de pronto. Miró a Karel y a Pactor. Después a Diren, que le hizo un gesto negativo con la cabeza.

Volviéndose hacia ellos, Pactor gritó.

— ¿No me habéis oído?. Relevo a Karel del mando por haber perdido el juicio.

Ni Torio ni Diren se movieron.

— ¿Os habéis vuelto locos vosotros también?. ¿Es que no os dais cuenta de que si sigue al mando nos va a enloquecer a todos?.

Contemplándolos con incredulidad, Pactor abría y cerraba las manos de manera convulsiva. Miró a su alrededor con un gesto de terror e impotencia y se quedó contemplando a Karel durante unos segundos.

— ¡Mira lo que has conseguido!. — gritó.

De repente se abalanzó sobre Karel cayendo ambos sobre el sillón en el que éste había estado sentado y volcándolo.

Nadie esperaba esa reacción de Pactor, por eso no fueron capaces de pensar ni hacer nada durante dos largos segundos. Después, cuando vieron que Pactor estaba sobre Karel apretándole el cuello mientras éste hacía inútiles esfuerzos por liberarse, se pusieron de pie.

— ¡¡Pactor, detente!! — gritaron al unísono — ¡Le vas a matar!.

Sólo Choral se acercó a ellos con rapidez y, cogiendo a Pactor por las manos intentó separarlas del cuello de su amante.

— ¡Ayudadme, por Kander!. ¡Lo va a matar!.

Diren y Torio se acercaron a ellos e intentaron separarlos, pero las manos de Pactor eran dos tenazas contra el cuello de Karel que poco a poco empezaba a desvanecerse.

Desesperado, Choral miró a su alrededor, pero al no ver nada que le pudiera servir de ayuda, agarró a Pactor por el cuello apretando con todas sus fuerzas.

Torio puso las manos delante de la cara de Pactor y tiró con fuerza. Al clavarle involuntariamente los dedos en la nariz, Pactor inclinó la cabeza hacia atrás comenzando a ceder. En ese momento Diren consiguió por fin separar una de las manos del cuello de Karel empujando a Pactor hasta que éste cayó de espaldas sobre Torio. Choral siguió apretando su cuello con el rostro distorsionado mientras Karel, a sus espaldas jadeaba espasmódicamente intentando llenar de aire sus pulmones. Un ataque de tos le provocó varias arcadas que intentó dominar. Hizo un esfuerzo por gritar, pero el dolor le impidió emitir mas que un leve estertor.

— ¡¡Choral!!.

Éste seguía apretando el cuello de Pactor mientras Diren y Torio miraban incapaces de comprender lo que estaba ocurriendo.

Karel se levantó como pudo y poniéndose delante de Choral, le cogió la cara entre sus manos intentando en vano gritar.

— ¡Koideso, detente!. ¡Koideso!.

Lentamente, los ojos de Choral mostraron reconocerle. Soltó el cuello de Pactor y abrazó a Karel.

— ¡Boidabeko!. ¡Boidabeko! ¿estás bien?.

Éste asintió con la cabeza mientras un ataque de tos le desgarraba la tráquea. Soltándose de los brazos de Choral, se inclinó sobre Pactor, dejándose caer sin fuerzas a su lado, mientras éste inhalaba ruidosamente.

— Me has querido matar. — pronunció en un resuello — Tú también estás loco.

Llenándose de aire los pulmones, Pactor soltó un alarido sobrecogedor mientras las lágrimas se derramaban por sus mejillas.

— ¡¡¡NOOOOOOOOOO!!!.

* * * * *

Choral temblaba aún intentando comprender lo que había pasado.

Apenas fue capaz de comprender nada mientras ocurría, por eso ahora revivía la escena una y otra vez intentando recordar el más mínimo detalle.

Cada vez, sin embargo, sólo podía ver el rostro de Karel asfixiándose con las manos de Pactor en torno a su cuello.

¡Pactor había intentado matar a Karel!.

¡Se había arrojado sobre él y le había apretado el cuello para estrangularle!.

¡Como un animal salvaje!

"Eso es la violencia." pensó "La violencia de los animales. La violencia de los Antepasados.

"Y yo... ¡he querido hacer lo mismo!.

"¡Kander!"

Contempló la habitación intentando hallar un punto de conexión con la realidad. Torio y Diren hablaban en susurros al fondo de la sala. La forma en que agitaban las manos le hizo ver que estaban discutiendo. Diren intentaba convencer a Torio de algo y, era evidente que éste estaba a punto de ceder aunque no parecía muy convencido de lo que Diren le estaba diciendo.

Karel, de pie, apoyado en una pared junto a la puerta de la cocina y con un vaso de agua en las manos, tomaba lentos sorbos mirando a Pactor que, sentado en el suelo en un rincón, ocultaba la cabeza entre las manos.

Unos minutos más tarde, Diren se dirigió a Karel.

— Karel, Torio y yo hemos estado hablando. Nos repugna por completo la acción de Pactor. Se ha vuelto loco y debería ser encerrado por su propia seguridad.

Karel ni siquiera le miró. Terminó de apurar el vaso sin dejar de contemplar a Pactor.

— ¿Karel?.

Sólo entonces éste se volvió para mirarle a la cara.

— ¿Qué es lo siguiente?. — preguntó.

— ¿Qué...? — dijo Diren desconcertado.

— Tú sabes lo que va a pasar, ¿verdad?. Lo has sabido siempre desde que pusimos el pie por primera vez en esta maldita estación. Te callas esperando tranquilamente que las cosas ocurran a tu alrededor pero entiendes mejor que nadie todo lo que sucede. Sabes lo que va a pasar.

Diren se quedó contemplando a Karel sin decir una palabra.

— Entiendo. — dijo Karel al cabo de un minuto — Tú no haces nada confiando en que cuando volvamos a la Tierra nadie te pueda acusar de nada. No te das cuenta de que cuando volvamos Kander verá dentro de tus más íntimos pensamientos y te juzgará, no por lo que has hecho, sino por lo que has pensado.

Diren siguió sin decir nada.

— Estás muerto. Todos nosotros estamos muertos.

Un escalofrío recorrió la espalda de Choral mientras contemplaba a Karel que, con gesto derrotista, se dio la vuelta llevándose el vaso vacío a los labios. Lo contempló extrañado por unos segundos y, agitando la cabeza, se dirigió a la cocina.

— Diren. — llamó.

Éste se volvió hacia Choral.

— Diren, ¿sabes más cosas que nosotros ignoramos?.

Diren no contestó, pero algo en su mirada hizo comprender a Choral que así era.

— ¿No tienes miedo de que Kander lo descubra?.

Su rostro quedó inmóvil como una roca. Sin embargo a Choral le pareció percibir un leve brillo en el fondo de sus pupilas.

Choral se sorprendió tanto que no pudo evitar una inhalación de sorpresa.

Diren pareció desasosegado de pronto y se dio la vuelta dirigiéndose al extremo opuesto del salón seguido por la asombrada mirada de Choral.

Repentinamente, sintió miedo de Diren.

Se levantó y fue en dirección a la cocina, donde encontró a Karel apoyado en la pared.

— Boidabeko.

Éste alzó la mirada de su vaso que había vuelto a llenar de agua.

— Koideso.

— Debo irme. Si no, la gente se dará cuenta de que he faltado toda la noche y puede que empiecen a sospechar.

Karel volvió a bajar la vista sin decir nada.

— ¡Boidabeko, mírame!. — esperó inútilmente que éste alzara la vista — Escucha, ¡no estamos muertos!. Aún hay esperanzas, ¿me entiendes?. Aún podemos vivir.

Esta vez Karel ni siquiera levantó la vista. Se quedó apoyado en la pared contemplando el vaso en sus manos.

— Intenta resistir un día más. Por favor, no te rindas.

Cuando se dio la vuelta, se obligó a caminar derecho hasta la puerta sabiendo que no debía dejar que Karel le viera vacilar. Consiguió salir de la casa y alejarse quinientos metros antes de sentir que las fuerzas por fin le abandonaban.

Se dejó caer sobre la hierba intentando recuperar las fuerzas en cada inspiración de aire.

"No hay esperanza.

"Tarde o temprano tendremos que volver a la Tierra.

"Podemos aplazarlo hasta seis meses pero entonces vendrá la nueva nave a buscarnos y entre ellos vendrá un kander y cuando lea nuestras mentes verá todo lo que hemos averiguado.

"Quizás decida dejarnos vivir si puede borrar estos conocimientos de nuestras mentes.

(¿por qué Diren no tiene miedo?)

"No. Lo más seguro es que decida matarnos. Será menos arriesgado para él.

"Entonces Boidabeko tiene razón, estamos todos muertos.

Levantó la mano y, a la mortecina luz que penetraba por los ventanales, contempló los amarillentos tallos de hierba que había arrancado, mojados por la condensación de la humedad del aire al descender la temperatura durante la noche.

"Cuarenta años." pensó con asombro.

"¡Kander!. ¡Cuarenta años!."

Haciendo un esfuerzo, se puso de pie y comenzó a caminar con lentitud hacia el refugio.

"La hierba ha estado cuarenta años, ¡más de cuarenta años! muerta, congelada, expuesta al vacío y al frío del espacio.

Contempló perplejo su mano húmeda por el rocío. Entre los amarillentos tallos arrancados brillaban pequeños y finos tallos verdes.

No podía creer lo que veían sus ojos. No podía creer lo que sentía en la piel.

Se detuvo, incrédulo, y aspiró profundamente llenando sus pulmones del fresco aire de la noche.

El olor le confirmó, le aseguró que el milagro se había producido.

La hierba estaba volviendo a brotar, verde, fresca y pujante, a todo lo largo y ancho de la ciudad.

La vida había vuelto a Libertad.

   

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