Bienvenidos a MasLibertad

Bienvenidos a MasLibertad

¿Quién soy yo?

Experiencias Informáticas

Mis Favoritos

Cosas que me han Pasado

Paseos y Excursiones

Novelas y Relatos

La Estrella y el Águila

Bienvenidos a Libertad

Nota para el Lector

La Fuerza de Coriolis

Andis 1

Andis 2

Andis 3

Andis 4

Andis 5

Andis 6

Andis 7

Karel 8

Karel 9

Choral 10

Choral 11

Choral 12

Choral 13

Choral 14

Choral 15

Choral 16

Libertad 17

Libertad 18

Libertad 19

Libertad 20

Libertad 21

Libertad 22

Reino de Sombras

Autobiografía de Dios

La Sala Oval

Un Paseo por Libertad

El Gran Aburrimiento

El Cambio

Novedades y Proyectos

Miscelánea

Cartas al Autor

Torrejón de Ardoz

Areas de Ciencias

Documentales y Libros

Áreas de Religión

Economía y Política

La Última Página

Datos de Usuario

AnónimoEntrar
IP54.91.121.255

Datos de Pagina

Bienvenidos a Libertad 12: Choral investiga quién está desobedeciendo las órdenes de Kander

Creada10-03-2013
Modificada15-06-2015
Total Visitas148
Abril3

 

Bienvenidos a Libertad, Juan Polaino

Choral 12

Choral estaba asustado. Nunca antes había presenciado una escena semejante. Había oído voces alzarse contra un superior. Contra Karel. Había visto el temor en sus ojos. La desconfianza. Comprendía ahora lo que Karel había debido pasar en estos días. ¡Y él sólo se había preocupado por sus propios miedos!. El miedo de perder a Karel. El miedo de que hubiese dejado de quererle. Pero era un miedo conocido. Lo había sentido antes muchas veces y suponía que casi todos lo habían sentido alguna vez en su vida. Cuando se ama se tiene miedo de perder.

Pero Karel, Pactor, Lodren, Torio y Diren tenían otro miedo, ahora lo veía claro. Tenían un miedo más profundo que el que nunca hubieran sentido. Cada uno de ellos tenía miedo de los demás. Tenían miedo de sus propios hombres.

— ¿Qué podemos hacer?. — preguntó Karel.

— Debemos vigilarlos. — contestó Diren.

— Pero ¿cómo?. Nunca hemos tenido que vigilar a nuestros hombres. Nunca ha hecho falta.

— Ahora sí hace falta.

— ¿Pero cómo?. — insistió Karel — No podemos acercarnos a ellos mientras hablan. Dejarían de hablar de inmediato. Y encima desconfiarían más de nosotros.

— Karel, hay un medio de hacerlo. Pero antes de decirlo tenemos que resolver otro asunto. Debemos decidir si podemos confiar entre nosotros. Debemos dejar de tener secretos. Si desconfiamos estamos perdidos. Unidos, venceremos.

Choral se sorprendió al oír la frase. Nunca había oído el verbo que acababa de usar Diren y tardó unos segundos en calcular su significado. Incluso la estructura gramatical de la frase le pareció extraña, no era así como hablaban ellos aunque entendió perfectamente lo que Diren quería decir. También Pactor, Torio y Lodren parecían sorprendidos por esa forma tan curiosa de expresarlo. Karel, en cambio, pareció impacientarse.

— ¿Karel?. — insistió Diren.

Choral pensó que Karel iba a protestar. Lo conocía mejor que nadie y estaba seguro de que le iba a prohibir algo a Diren. Después vio cómo su rostro cambiaba para mostrar las sucesivas expresiones de miedo, duda, resignación y determinación.

— Adelante. Dilo.

Choral se sintió sorprendido. No esperaba que Karel accediera por eso intentó ver el significado de las distintas expresiones que en apenas unos segundos habían pasado por el rostro de Karel. Primero había pensado negar, prohibir a Diren que dijera algo de lo que no quería informar a los otros. Después había comprendido que Diren no tenía porqué obedecerle. ¡Tuvo miedo de que Diren le desobedeciera!. Por eso, en lugar de correr ese riesgo, le había permitido hablar. No sólo eso, prácticamente ¡le había ordenado hablar!.

Nunca lo hubiera imaginado pero Karel había actuado según unas nuevas normas que nadie le había enseñado. Si bien no entendía por qué Karel había temido ser desobedecido, comprendió que, actuando de esa forma seguiría conservando la autoridad a pesar de que los demás se saltaran en ocasiones las normas.

— Pactor, Lodren y Torio. — comenzó Diren — Desde que hemos llegado a esta estación espacial ha ocurrido algo que ignoráis. Informé a Karel en su momento pero el consideró que no debía decirlo a nadie hasta que estuviese seguro. ¡He descubierto que puedo leer los escritos de los Antepasados!.

»Permitidme que aclare esto. Al principio no estaba seguro. Primero vi que había escritos que no podía entender. Poco a poco descubrí que había varias clases de escritos. Utilizan los mismos caracteres para escribir pero componen distintas palabras.

— Diren, — interrumpió Karel — no te están entendiendo. Haz el favor de explicarte mejor.

— Sí, perdona, Karel. Humm... Es como si hubiera varios lenguajes. Nosotros utilizamos un lenguaje con dieciséis consonantes y ocho vocales. Así formamos todas las palabras de nuestro lenguaje. Las mismas consonantes, nos sirven para expresar las cantidades, los números. Los Antepasados usaban muchas más letras, he llegado a contar más de cuarenta, y utilizaban signos distintos para la numeración. Lo curioso es que con todas esas consonantes componían, no uno, sino cinco lenguajes distintos.

— ¿Por qué iban a tener cinco lenguajes?. — preguntó Lodren.

— No lo entiendo muy bien. Creo que era una cuestión de territorio. Los Antepasados vivían repartidos en los cinco continentes habitables de la Tierra, y en cada continente tenían un lenguaje distinto.

— Pero entonces usarían también distintos caracteres. ¿No?.

— Hay diferencias. Algunos caracteres se encuentran en los escritos de un idioma pero no en otros. Uno de los idiomas en particular incorpora muchos caracteres que no se usan en los otros cuatro idiomas, y aunque estos últimos usan el mismo juego de caracteres, hay unos pocos caracteres específicos de cada idioma.

— Y ¿dices que entiendes esos lenguajes?. — preguntó Torio.

— Uno de ellos. Leo las palabras y entiendo el significado.

— ¿Y cómo las entiendes?. — preguntó Lodren — Yo ni siquiera sé como se pronuncian los caracteres. ¿Cómo lo sabes tú?.

— Porque yo sabía leer cuando vinieron los kander. Y ahora, al volver a encontrarme ese tipo de escritura, la he recordado.

— No. Imposible. Lo que dices no tiene sentido. ¿Cómo es que no has leído nada hasta que hemos llegado aquí?. ¿Por qué no leíste los letreros de las ciudades de los Antepasados que había en la Tierra?.

— ¡Porque aquellos letreros estaban escritos en otro lenguaje!. Lodren, yo entiendo UN lenguaje. Los otros cuatro no. Y la ciudadela está en el continente donde se habla uno de los lenguajes que yo no entiendo, por eso nunca me di cuenta hasta ahora. Pero a esta estación venía gente de los cinco continentes de la Tierra. ¡Por eso aquí hay libros en los cinco idiomas!.

— ¿Estás leyendo esos libros?. — preguntó Pactor — Karel, creí que habíamos quedado en que debíamos destruirlos. ¿Por qué no nos has informado?.

— Soy Karel. Tomé una decisión y fue obedecida. No tengo por qué informaros de mis decisiones.

— Pero creí que...

— ¡Creíste mal!. No quiero que olvidéis una cosa. Soy Karel. ¡Karel!. Puede ser que Kander no os controle porque no está aquí. ¡Pero yo sí!. Podéis actuar según vuestro criterio. Podéis quebrantar los Mandamientos Kander si os place. Pero si lo hacéis le demostraréis a vuestros hombres que pueden hacer lo mismo. La única manera que tenemos de sobrevivir es controlarnos a nosotros mismos para no quebrantar los Mandamientos. Si lo hacemos así podremos controlar a nuestros hombres. Si no, pronto estaremos todos muertos.

Un silencio opresivo se volvió a cernir sobre ellos. Choral se sintió sorprendido por lo que acababa de oír. ¿Acaso Karel pensaba que los hombres podían llegar a matarlos?. No, más bien debería tener miedo de que si no podían controlar a sus hombres, Kander averiguaría demasiado pronto lo que allí estaba ocurriendo. Pactor sostenía una feroz lucha interna, pero lo que Karel había dicho era cierto aunque Choral no estaba muy seguro del verdadero motivo que había tenido para decirlo.

— Perdona, Karel. Tienes razón. — asintió por fin Pactor.

— Perdonad todos. — dijo Lodren — Lo que está contando Diren parece muy bonito e interesante, aunque no sé de qué nos puede servir en las circunstancias actuales. Diren, dijiste conocer un medio de saber lo que piensan nuestros hombres.

— Si, Lodren. He estado leyendo unos libros que encontré en una de las depuradoras de agua. Narran la vida de un hombre que vivió antes de que llegaran los kander. El hombre se llamaba Isai Draikas y era... Bueno, no entiendo muy bien todo lo que dice el libro. Por lo visto llegó a una estación que hay entre las lunas de uno de los planetas gigantes...

— ¿Hay más estaciones orbitales en el sistema?.

— Hay varias estaciones.

— ¿Varias?. — preguntó Torio asombrado.

— ¡Hay ciudades en varios planetas y lunas del sistema solar!. ¡Incluso en los asteroides!. Isai Draikas no conoció a los kander, al menos no los ha mencionado hasta ahora. He leído los tres primeros libros que narran su vida. Quisiera acabar de leerlos todos cuanto antes pues estoy aprendiendo mucho acerca de las costumbres de los Antepasados.

— Y ¿has aprendido algo que nos pueda servir en nuestras circunstancias?.

— Sí, Karel. En cierta ocasión Isai Draikas tenía que averiguar lo que pensaban los hombres de una... empresa rival.

— ¿Empresa rival?. ¿Qué es eso?.

— No estoy seguro. Pero tengo la sensación de que el término se podría aplicar a nuestros hombres.

— Diren, creo que me he perdido. Intenta explicarlo mejor.

— Sí, Karel. — hizo una pausa antes de continuar — El caso es que Isai Draikas tenía que averiguar lo que pensaban unos hombres y lo que hizo fue decir que era uno de los suyos. Que estaba en contra de su propia empresa. ¡Mintió para que los hombres confiaran en él!. Y consiguió que le dijeran sus planes.

— ¿Pretendes que uno de nosotros...?.

— No, Karel. Uno de nosotros no. Choral.

Choral se sobresaltó de pronto. Llevaba tanto tiempo sin intervenir en la conversación que pensaba que le habían olvidado. Incluso había pensado que si se levantaba y salía de la sala nadie se daría cuenta. Y ahora todos le miraban con curiosidad.

— Choral podría hacer lo que hizo Isai Draikas. Hablar con los demás hombres. Decirles que nos odia tanto como para querer perjudicarnos. Procurar que todos se enteren de que nos odia. Y sólo tendría que quedarse sentado esperando que los que están planeando algo contra nosotros se acerquen a él para que se una a ellos.

— ¿Crees que lo harían?. — preguntó Pactor.

— ¡Por supuesto!. A Isai Draikas le funcionó.

— Olvídalo. — dijo Karel — Todos saben que es mi amante. Nadie creería que está en contra mía.

— Sí lo creerían. — Choral no supo que iba a hablar hasta que oyó las palabras surgir de sus propios labios.

— Choral, olvídalo.

— No. — intervino Diren — Espera, Karel. Choral, ¿por qué dices que lo creerían?.

— Porque... — lamentó haberse precipitado. Ahora todos le miraban y se sentía avergonzado, no por sus miradas, sino por lo que iba a decir — Karel, he oído comentarios. La gente se extraña de que no hayas ido a verme desde hace varios días. Algunos comentan que... que ya no me quieres. Que me has abandonado por Diren.

— ¿¡Quéee!?.

— ¿¡Quéee!?.

Lodren estalló en una sonora carcajada al ver la cara que pusieron Karel y Diren. Torio y Pactor fueron algo más discretos, aunque no pudieron impedir una sonrisa.

— Bueno, — dijo Lodren cuando pudo aguantar un poco la risa — ahí lo tienes. Ése sería un magnífico motivo para odiarte, Karel.

— Lodren, no tiene gracia. Choral, ni Diren ni yo hemos pensado nunca en hacernos amantes, y me duele mucho que tú hayas pensado...

— Pero, Karel, si no lo he pensado. Es lo que piensan los demás. Yo sabía que no podía ser, pero no sabía nada de ti...

— Choral, te juro que...

— Basta, Karel. No es el momento de hablar de ésto ahora. Debemos ver si es posible hacer lo que hizo ese antepasado. Podemos hacerlo puesto que todos piensan que me has abandonado. Sé lo que tengo que hacer. Ir llorando por ahí, y criticándote como te mereces.

Lodren, se atragantó y, dando puñetazos en la mesa intentaba respirar entre sus risas.

— Nunca me había reído tanto. — pudo por fin exclamar secándose las lágrimas — Es lo más divertido que he visto en mi vida.

— Está bien. — dijo Karel medio en serio, medio en broma — Acepto que vayas por ahí criticándome. Me lo merezco por no haber confiado en ti antes.

— ¿Podrás engañar a los demás?. — preguntó Pactor.

— Desde luego. Si Kander estuviera aquí quizás no podría hacerlo. Pero ahora podemos hacer todo lo que queramos, incluso quebrantar los Mandamientos si es necesario para hacer lo que es correcto. No hay ningún kander que nos lo impida.

* * * * *

— Perdóname.

— Boidabeko, has hecho mal. Tenías que haber confiado en mí. No me importan los demás. No me importa Kander. Me importas tú. Quiero ayudarte a hacer lo mejor para ti. Y eso es lo mejor para todos. Di a Lodren que construya las naves cuanto antes. Eso mantendrá a los hombres ocupados y no tendrán tiempo para pensar.

— ¡Pero cuando volvamos a la Tierra estaremos de nuevo bajo el control de Kander!.

— Boidabeko, no seas tonto. Construyamos las naves y dejemos que regresen a la Tierra los que quieran. Nosotros podemos quedarnos aquí mientras podamos. Incluso es posible que algunos también prefieran quedarse antes de volver a ser simples números de Kander. Tenemos uno o dos meses por delante. ¿Quién sabe?. Es posible que nadie quiera regresar cuando pasen los dos meses.

* * * * *

Choral se lo estaba pasando de miedo. Cuando volvió al refugio se echó sobre la colchoneta a pesar de que faltaban dos horas para apagar las luces. Estuvo tumbado boca abajo con la cabeza entre los brazos.

Recordando el desasosiego de los días anteriores consiguió anegar sus ojos de lágrimas que procuró que fueran vistas por algunos. Aquella noche vinieron dos hombres a consolarle y le hicieron gozar aunque procuró permanecer triste y repetir un par de veces, como sin querer, el nombre de Boidabeko.

Después consiguió llorar un poco más mientras le acariciaban y le intentaban consolar sintiendo las simpatías de todos los del dormitorio.

El único que desentonaba era Lodren.

¡El muy maldito apenas podía contenerse!.

El día siguiente lo pasó siempre acompañado de unos y otros que parecían haberse puesto de acuerdo en turnarse para no dejarle solo en ningún momento. Jugó en el río con varios compañeros de su equipo que prefirieron hacerle compañía antes que irse a explorar algunos edificios de la estación. De vez en cuando se apartaba de ellos para quedarse cabizbajo mientras jugaba haciendo pasar el barro entre los dedos de sus pies. Nunca tardaban sus compañeros más de cinco minutos en estar con él de nuevo, salpicándole, empujándole e intentando hacerle caer.

Durante la comida empezó a criticar a Diren.

— Es un cerdo. ¿Cómo ha podido engatusar de esa forma a mi pobre Boidabeko?.

— Vamos, Choral. — dijo Tador — Sabes que en el amor no se manda. Mírame a mí, me he enamorado más veces de las que puedo contar y casi la mitad de las veces me han abandonado. Es normal y no te tienes que preocupar por eso. Olvida a Karel y dedícate a buscar a otro. Hay muchos a los que les gustaría tenerte por amante.

— Pero ninguno es como Karel.

— ¡Bah!. Mañana no pensarás igual. Karel es tonto. ¿Cómo puede haberse ido con Diren, con lo arisco que es, después de haber estado contigo?.

— No te apures. — dijo Tilo — Sé que te duele, y te seguirá doliendo durante bastante tiempo. No podrás olvidarlo pero al menos intenta aceptarlo. Estoy seguro de que si dejas de pensar en él, pronto encontrarás a otro a quien amar.

— ¡Me gustaría hacerle daño!.

— ¿A Diren?.

— No, a Karel. Así se enteraría de que no puede abandonarme de esa manera. Si se ha enamorado de Diren que me lo diga, puedo comprenderlo. Pero que haya estado siete días sin acercarse a mí, sin decirme nada, dejándome esperándole todas las noches como un tonto, eso si que no se lo aguanto a nadie. Aunque sea Karel, me gustaría hacer algo contra él.

— Vamos, vamos. — intentó calmarle Fasel — No puedes decir eso. Karel es el jefe supremo de la misión. No podemos hacer nada que pueda perjudicarle.

— ¿Por qué no?. ¿No me ha hecho daño él a mí?. Pues me gustaría devolvérselo.

— Choral, no seas loco. Olvídalo. Es Karel. Ni siquiera deberías pensarlo.

Intentó seguir la misma táctica con otros, pero todos le respondían igual.

No estaba seguro de que su actuación fuera suficiente. Le hubiera gustado leer lo que había hecho Isai Draikas, pero Diren no había traducido los libros. Se había ocupado sólo de leerlos. Era un error, pensó Choral, quizás no sería mala idea traducirlos y dejar que todos en la estación pudieran leerlos. Estaba seguro de que a muchos les encantaría saber cómo vivían los Antepasados. Claro que si lo que había pensado Karel era cierto, que los kander habían destruido a los Antepasados dejando sólo algunos niños vivos para que, tras su crianza, les sirviesen de esclavos, a ellos no les gustaría que los hombres aprendieran ciertas cosas. ¿Podrían hacerles olvidar, cuando volvieran a la Tierra, todo lo que habían aprendido?. Seguramente sí.

A Choral no le gustaba la idea.

Tal vez hubiese un medio de convencer a Kander...

Se asombró de lo que estaba pensando. ¿Podrían convencer a Kander para que les dejara recordar?.

"No. ¡Qué tontería!. A Kander no se le debía pedir nada. Era Kander el que ordenaba y nosotros debemos obedecer. Cuando volvamos a estar bajo su control mental nos hará olvidar y volver a ser tan sumisos y obedientes como habíamos sido antes.

"A no ser...

( ¿por qué los niños? )

( ¿por qué mataron a los adultos dejando solo a los niños? )

( ¿por qué se tomaron la molestia de criar durante varios años a unos cuantos niños hasta que pudieran serles útiles en lugar de tomar tres mil adultos como esclavos? )

"¡A no ser que no pudieran dominar la mente de los adultos!.

"No. No tenía sentido. Los Kander tenían poder suficiente para matar de Terror a toda la población del planeta. ¿No iban a tener poder para cambiar sus ideas, sus recuerdos...?

"Kander nos ha dominado siempre aunque seamos adultos. Pueden hacerlo.

( desde niños )

"Nunca hemos intentado rebelarnos.

"¡Nunca hemos intentado rebelarnos!.

"No tuvimos ocasión. Ni se nos pasó por la imaginación que pudiéramos hacerlo.

"Por eso no podían controlar a los Antepasados adultos. Porque hubieran querido ser libres.

"¿Quiero yo ser libre?. No. ¿Para qué?. La libertad es demasiado complicada. Mira lo que están pasando Karel y los demás jefes. Lo único que hacen en estos días es tener miedo y preocuparse por todo.

"Es mucho mejor que Kander controle todos nuestros pensamientos. Con ello nos quita las dudas, las incertidumbres y el miedo a equivocarnos.

"Kander mató a todos los Antepasados.

"¿Cuántos serían?. ¿Cien millones?. ¿Doscientos?.

"Si quisieran, ¿podrían matarnos a nosotros?.

"¿Les costaría menos trabajo que hacernos olvidar?."

* * * * *

— El problema es que tienes que olvidar.

Choral miró a Baltis extrañado.

— ¿Qué?.

— Tienes que olvidar a Karel. Mira, desde que te abandonó has estado triste y melancólico. ¿Te crees que no nos hemos dado cuenta?. Pero fuiste tú el que primero le rechazaste y ahora te da rabia porque piensas que se ha emparejado con Diren. ¿Sabes lo que te digo?. Olvídalo. Con esta actitud no vas a conseguir recuperarlo nunca. Lo que tienes que hacer es distraerte, divertirte. Tal vez si Karel ve que vuelves a ser el de siempre se vuelva a sentir atraído por ti. Llorando toda la noche no vas a conseguirlo, te lo digo yo. Esta mañana has intentado divertirte un poco, pero no lo has conseguido. Y ahora llevas casi una hora pensando. ¡No debes pensar tanto!. Lo que deberías hacer es divertirte, aprovechar el día. Es el primer día de descanso completo que tenemos desde que salimos de la Tierra. ¡Aprovéchalo!.

— Vamos, — añadió Tilo — no puedes estar todo el tiempo pensando en Karel. Baltis tiene razón, divirtámonos. ¡Eh!. ¿Quieres ver una cosa divertida?. Ven con nosotros.

Habían estado paseando por la orilla del río, pasando enfrente de la escuela pero al otro lado del río.

— ¿Qué es?.

— Ahora lo verás. Pero antes tienes que hacer una promesa.

— ¿Una promesa?.

— Sí. Tienes que prometer que no hablarás de lo que veas a ninguno de los jefes. A Karel sé que no se lo dirás. No te lo enseñaríamos si estuvieses aún con él. Debes prometer que no se lo dirás tampoco a Pactor. Ni a ninguno de los otros jefes.

— Pero ¿qué...?

— Es inútil que preguntes. — dijo Baltis, sonriendo — Primero tienes que prometerlo, si no, no te diremos nada. Y te aseguro que vale la pena verlo.

— ¿Tú también lo has visto?.

— Lo hemos visto casi todos los del equipo y también algunos de los equipos de Torio y de Lodren. Es algo... No puedo decirte más. Primero tienes que prometerlo. ¿De acuerdo?.

Choral se sobresaltó por un momento. ¿Sería una conversación similar la que oyó la víspera a mediodía?.

— De acuerdo.

Caminaron unos seiscientos metros más hasta llegar a un edificio que Choral recordó como el primero que los hombres de Diren habían examinado después del accidente. La biblioteca. Penetraron en su interior pasando entre las maquetas de estaciones orbitales hasta una puerta que había tras un mostrador.

Atravesaron ésta para pasar a una sala en la que había una puerta cerrada y varios armarios. Sobre la puerta había unas palabras escritas.

PROHIBIDO EL PASO

POR ORDEN DE

ANDIS BOIDABEKO

— Ven. — dijo Tilo.

Pasaron junto a la puerta cerrada y se dirigieron hacia una de las mesas del fondo. Tras ella había varios armarios.

Tilo abrió un cajón de la mesa y sacó unas llaves que utilizó para abrir uno de ellos.

En él vieron gran cantidad de tomos que parecían libros sin tapas, de un tamaño mayor de lo normal pero bastante más delgados. Tilo cogió uno de ellos al azar abriéndolo por el centro.

— Mira.

Choral sintió un tremendo calor en las mejillas cuando reconoció la imagen que estaba viendo. Había una persona tumbada sobre una cama en una postura bastante excitante y con una mirada de intenso deseo.

— ¡Una madre!. — exclamó.

— ¿A que te has sorprendido?.

— Es... Es extraño, la postura y la expresión que tiene es como si sintiera deseo. ¿Pueden sentir deseo las madres?.

— Las nuestras no, desde luego. Bastante desagradable fue cuando me tuve que aparear hace un par de años. Pero míralo bien. ¿No te parece excitante?.

— Bueno, no sé. Tal vez sí. Es bonita desde luego, pero...

— Espera que hay más. — diciendo esto, Tilo comenzó a sacar y poner sobre la mesa más revistas abriéndolas por las páginas centrales. Pronto, la mesa estuvo cubierta por completo.

A pesar suyo, sintió una conocida y agradable sensación de calor en el vientre mientras notaba cómo se iba excitando.

— ¿Cuándo habéis descubierto esto?.

— A mí me lo enseñaron hace cuatro días y yo se lo he enseñado a Baltis, Toper y a algunos más, y ellos seguro que se lo han enseñado a otros. Realmente no sé cuántos lo habrán visto ya, creo que la mayoría. Menos los jefes, claro. No creo que nadie se lo vaya a enseñar a ellos, aunque bien me gustaría enseñárselo a Lodren. Seguro que le encantaba al viejo.

— ¿Seguro que no deberíamos decírselo a los jefes?. Es algo muy extraño. Totalmente distinto a nada que haya visto antes.

— No, ni hablar. Ellos tienen sus secretos, mira esa puerta de ahí. ¿Por qué no vamos nosotros a poder tener secretos igual que ellos?. A mí me gusta ver estas fotos. Me excitan y luego gozo con mucha más... No sé explicarlo, pero haz la prueba. Te aseguro que después de ver estas madres se disfruta mucho más del sexo. Si se lo decimos a los jefes seguro que se los llevan. ¿No te has dado cuenta de que durante todos estos días han estado guardando para ellos todos los libros que hemos encontrado?.

— ¿Por qué iban a guardar los libros para ellos?. ¿No pensarás que los están leyendo?. Sabes perfectamente que está prohibido.

— Desde luego que está prohibido, pero ¿por qué se los llevan todos al recinto de las madres?. ¿No te parece extraño?.

Choral no supo qué contestar. Por un lado se sentía sorprendido al ver que podía mentir con más facilidad de la que había supuesto. Aún más se había sorprendido al comprobar que todos creían sus mentiras, nadie les había mentido nunca y por eso no dudaban de nada de lo que les decía. Sin embargo notaba que cada vez le costaba más trabajo urdir una mentira que no se contradijera con algo que hubiese podido decir antes. Así, llegó un momento en que no se atrevía a decir nada sin analizar antes sus palabras.

— ¿Habéis cruzado esa puerta?. — preguntó cambiando de tema.

— Está prohibido por Karel. Hemos examinado los armarios, pero los demás no son interesantes. Contienen libros prohibidos.

— ¿Prohibidos?. — preguntó con asombro — ¿Acaso estas imágenes no están prohibidas?.

— No, claro. Si estuviesen prohibidas no podríamos mirarlas, pero no son libros, no se parecen en nada a los libros. ¿No te das cuenta?.

Choral se sentía cada vez más sorprendido. Efectivamente, los libros estaban prohibidos, pero ¿qué es un libro?. Si se definía como una colección de páginas con caracteres de los Antepasados pudiendo o no tener imágenes, aquellas revistas debían ser consideradas libros. Pero si la definición fuese más precisa, por ejemplo si se dijese que los libros debían tener lomo y tapas, las revistas no entrarían ya en la categoría de libro, y entonces no estaría prohibido ojearlas.

Desde que Karel le contara todo lo sucedido en los últimos días había notado que los Mandamientos no tenían el poder que tenían antaño. Podía quebrantarlos pero siempre había sido consciente de hacerlo. Los Mandamientos seguían siendo una norma, aunque ya no fuesen una barrera. Pero si se podía cambiar el significado de las palabras, los Mandamientos dejarían de tener sentido.

El resultado sería que cada uno podría tener diferentes normas según los conceptos que se utilizasen. Los Mandamientos no serían absolutos, pues su aplicación dependería de la definición de las palabras. Incluso 'mentir'. Si se redefiniese la palabra 'mentir' podría ser posible decir mentiras sin llegar a quebrantar ningún Mandamiento.

Una repentina desesperanza se adueñó de él.

Hasta ahora había sido consciente cada vez que decía una mentira, pero ahí tenía el ejemplo perfecto. Cuando no quieres cumplir un Mandamiento, simplemente cambia el significado de las palabras que lo forman.

Si todos los hombres hicieran eso, y Choral pensaba que algunos ya habían empezado a hacerlo sin darse cuenta, toda la estructura y las reglamentaciones de sus normas de comportamiento acabarían por convertirse en un caos de interpretaciones contradictorias. Cada Mandamiento, cada norma, cada orden, podrían ser interpretados de muy diversas maneras por distintas personas. ¿A dónde podría llevarles eso?.

Al salir, después de volver a guardar las revistas dejándolo todo como estaba, Choral se fijó en el suelo. El polvo estaba surcado por gran cantidad de huellas de pies descalzos que iban y venían desde la mesa hasta la salida. No le extrañaba que hubiese tantas. Comprendió entonces cómo era que había tanta actividad sexual en los dormitorios desde hacía algunos días. Él mismo se había sentido excitado antes de sorprenderse, y hasta alarmarse, por los comentarios de Baltis y Tilo.

Al pasar junto a la puerta prohibida por Karel vio sus huellas. Tenían que ser las suyas, pues eran las únicas que llevaban botas. Junto a ellas, sin embargo, unas pocas huellas de pies descalzos se dirigían hacia allí. Bajo el quicio de la puerta, marcados nítidamente en el polvo, los dedos de un pie indicaban que alguien, quizás más de uno, habían salido por ella. Karel no le había dicho que hubiera vuelto a la biblioteca. Le tendría que preguntar. Y si no era él quien había entrado...

   

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

Aviso Legal

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.

Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.

Si lo desea, puede Ampliar Información

Aceptar Cookies

Bienvenidos a MasLibertad | ¿Quién soy yo? | Cartas al Autor | Aviso Legal sobre Cookies